Artículo escrito por: Lic. Juan M. Frontera Suau, para verdadyfe.com
Hoy en día, atacar la veracidad o legitimidad del texto bíblico es tan fácil como “quitarle un dulce a un niño”. Como paréntesis, me parece que la persona que se inventó esa frase nunca intentó quitarle un dulce a un niño, pues el intento puede acabar siendo bastante complicado. Créanme lo he intentado y no ha sido nada fácil. Solo la fuerza bruta logra la hazaña.
Hay infinidad de opciones en el mercado de las ideas para intentar lograr que el barco de la escritura haga agua y zozobre ante el embate de argumentos intelectuales que vienen sobre ella de todos lados. Existen argumentos históricos —por ejemplo, los cuales resaltan: “La mayoría de los libros que componen las escrituras son un fraude, escritos mucho tiempo después de lo que intentan exponer y por personas distintas a la que alude el texto”. Así también, están los argumentos morales —por ejemplo: “El Dios de la Biblia es un inmoral cínico que en su amor envía a su pueblo a cometer genocidio”. Nunca faltan los argumentos basados en la lógica — por ejemplo: “Solo una lectura de los evangelios es suficiente para concluir que todos se contradicen unos con otros”).

Escrito por Javier Concepción, para verdadyfe.com

«Los libros no cambian a la gente», observa John Piper. «Los párrafos sí. A veces, una sola oración».




