¿Necesito prepararme al nivel de Pablo para compartir el evangelio? ¿Y si nunca llego a ser como Pablo? ¿Cuándo estoy listo para compartir el evangelio?
Recientemente, mientras ofrecía un taller sobre Hechos, capítulo 17 y el modelo de evangelización que vemos allí, me hicieron la pregunta: ¿es necesario que me prepare al nivel de Pablo para entonces poder compartir el evangelio?
Resulta que Pablo, además de haber sido entrenado por Gamaliel, un Fariseo importante de su época (Hechos 22:3), también demuestra en Hechos 17, que estaba al día con la literatura griega, la cual utilizó para evangelizar en Atenas.
Pues en él vivimos, nos movemos y existimos. Como dijeron algunos de sus propios poetas: “Nosotros somos su descendencia”. (Hechos 17:28, NTV)
Resulta que la primera parte de ese versículo, Pablo lo sacó de la literatura de Epimenides de Creta, que dice:
“Te prepararon una tumba, oh santo y excelso: ¡los cretenses, siempre mentirosos, bestias malvadas, holgazanes! Pero tú no mueres, pues vives y permaneces por la eternidad, porque en ti vivimos, nos movemos y existimos.”1
La segunda parte del versículo, sale del poema de Aratús, que dice:
“Comencemos con Zeus; nosotros, los mortales, nunca lo dejamos sin nombre; llenas de Zeus están todas las calles y todos los mercados de los hombres; llenos están el mar y sus puertos; siempre todos necesitamos de Zeus. Porque también nosotros somos su descendencia;”2
Por eso sabemos que Pablo estaba versado en estos textos, que pudo citarlos de memoria cuando predicaba en Atenas, y que luego Lucas lo pone por escrito en el libro de los Hechos de los Apóstoles.
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