Esta es una de esas preguntas. Cuando buscamos contestar el por qué Dios hace o deja de hacer algunas cosas, no es momento de ponernos creativos, como si supiéramos lo que Dios piensa. Para contestar estas preguntas, desde una postura cristiana, es necesario ir a las Escrituras. Si la respuesta no estuviese en la Biblia, entonces habría que examinar el carácter de Dios para llegar a una posible respuesta.
Los prejuicios
Muchas veces, detrás de esta pregunta está la idea de que hay personas buenas que no son cristianas, y que sería injusto que no entren al cielo. Pero, ¿Qué queremos decir realmente cuando llamamos a alguien bueno? Si somos honestos, sabemos que todos hemos fallado moralmente en algún momento. La Biblia le llama a eso, pecado. Romanos 3:10-12 nos dice que no existe gente buena. Ni siquiera una. Más adelante nos explica por qué. Romanos 3:23 establece que todos hemos pecado; nadie puede alcanzar la meta gloriosa establecida por Dios.
Imagina que te compras un traje nuevo para un banquete. Te lo pones y estás adecuadamente vestido conforme a los códigos de vestimenta del banquete. Sin embargo, justo antes de salir de tu casa vas a guardar un producto que usas para la limpieza y te salpica en el traje. Como contenía cloro, el traje ahora está arruinado. No hay vuelta atrás. Ya no puedes ir al banquete. Necesitas un nuevo traje, porque el tuyo ya no sirve. Quedó descartado.
Como todos hemos pecado, todos quedamos descartados. No hay tal cosa como una persona buena, cuando el estandarte de moralidad necesario es no tener pecado alguno.
También puede haber la percepción de que Dios decide quién se salva de manera arbitraria, como si fuera al azar. Pero, ¿será que Dios es injusto o simplemente nosotros no entendemos su justicia? Dios ha dejado por escrito cómo podemos hacer para ser salvos. Juan 3:16 establece que Dios amó tanto al mundo que envió a su Hijo. Si ponemos nuestra fe en él, entonces somos salvos. Esta es la única manera de lograr la salvación. Entonces no es algo arbitrario. Es igual para todos. La puerta de entrada al cielo es Jesucristo.
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