¿Por qué escuchamos de milagros en la vida de algunas personas y no en la nuestra? ¿Por qué a algunos sí y otros no? ¿Por qué Dios se comporta así?
En el grupo de jóvenes de la Iglesia estábamos viendo un episodio de The Chosen. En esta serie, vemos la historia bíblica, pero decorada con escenas que pudieron haber ocurrido, aunque no están en la Biblia. Entre esas escenas, vimos a Tomás, quién estaba afectado porque Jesús levantó a Lázaro de entre los muertos y no a su prometida. Esto produjo una conversación muy interesante con los jóvenes: ¿por qué Dios haría un milagro para unos y no para otros?
Ontológicamente hablando
Imagínate estar en el lugar de Tomás en la serie y ver a Jesús levantar a Lázaro… mientras la persona que tú amas murió y no fue sanada. No es algo sencillo de experimentar. Pero creo que, para nosotros hoy en esta discusión, el primer paso que nos ayuda a poder entender esto es perspectiva.
La caída del ser humano en Edén, trajo consigo consecuencias reales que experimentamos a diario. El mundo no es como Dios lo creó. Las enfermedades y desgracias forman parte del mundo que hemos dañado con el pecado. La responsabilidad recae sobre la raza humana por su desobediencia.
Es una maravilla que en un mundo como este, Dios decida intervenir en lo absoluto. Cualquier acto milagroso de Dios en el mundo, proviene de su favor inmerecido por nosotros. El Señor lo hace por su deseo propio y no porque lo merecemos. Dios interviene en el flujo natural de este mundo caído y siempre que lo hace es por su gracia.
¿Por qué interviene?
La Biblia nos revela que todo lo que ocurre es para la gloria de Dios:
Pues todas las cosas provienen de él y existen por su poder y son para su gloria. ¡A él sea toda la gloria por siempre! Amén. (Romanos 11:36, NTV)
De manera breve, Dios interviene para su gloria. Los beneficiados cuando Dios se glorifica, siempre somos nosotros. Dios muestra su grandeza y nosotros salimos beneficiados. Dios obra para mostrar su grandeza y a causa de esa exaltación, nos cae un beneficio a nosotros. Por ejemplo:
- Dios mostró su poder a Israel y ellos fueron liberados de Egipto
- Dios mostró su misericordia e Israel y fueron perdonado múltiples veces
- Dios mostró su amor inagotable y la humanidad tuvo la oportunidad de salvación en Cristo.
Esto no significa que Dios persiga la atención de nosotros ni nada como eso. Es que es Dios y no puede evitar mostrarse majestuoso y grande. Sencillamente, ese es él.
Entonces cuando Dios interviene es para que podamos ver su grandeza. Al ver su grandeza, nuestros corazones son conmovidos. Sin embargo, para algunos, sus corazones se conmueven pero hacia la dureza en contra de Dios. Esto pasa cuando escuchan de milagros, pero no para ellos. Quieren que Dios intervenga de una manera específica, pero no lo hace.
Olvidamos que Dios no está a nuestro servicio. Esa es la confusión. Nosotros somos los que debemos estar al servicio de Dios. Él es el Ser Supremo, no nosotros. Por eso, cuando recibimos u otro recibe una intervención divina, lo apropiado sería ser agradecidos.
Cuando Dios obra en nuestro mundo, lo hace para cumplir sus propósitos. En el ejemplo en la serie de The Chosen, vemos lo que la Biblia nos presenta: cuando Jesús levantó a Lázaro de entre los muertos, se levantó la oposición final que hacía falta para la crucifixión de Jesús. Dios estaba cumpliendo su voluntad con respecto a nuestra salvación. Por eso intervino y dio vida nuevamente a Lázaro. Dios se glorificó y Lázaro (y nosotros también) nos beneficiamos.
¿Qué hay de quien no recibe la intervención divina?
Ahora, la persona que tenía su petición constante y no recibe el milagro, puede que no comprenda esto mientras lo sufre. Estamos hablando aquí desde un punto de vista fuera del sufrimiento para tratar de entender mejor. Pero para quien está sufriendo, lo que necesita de nosotros es consuelo y acompañamiento, no una tesis sobre el propósito de Dios para el sufrimiento.
El hecho de que Dios intervenga visiblemente en una situación y no en otra, no significa que ame menos a quien sigue sufriendo.
Sin embargo, si esa es la pregunta que nos hacemos, consideremos que no tenemos suficiente información como para llegar a una respuesta adecuada. Humildemente, aceptemos que no lo sabemos todo. No sabemos hacia dónde Dios lleva cada situación para que se cumplan sus propósitos. No sabemos qué produce el sufrimiento en nosotros y en las personas a nuestro alrededor. Quizás en un futuro lejano podremos mirar hacia atrás y tener una mejor perspectiva, pero no necesariamente.
Recordemos que Dios no trabaja con prisa y lo que está produciendo apunta hacia la eternidad. El no tiene fechas de caducidad como nosotros aquí en el mundo. Lo que sí podemos afirmar es que algo está haciendo Dios.
Por eso la Biblia tiene versículos como este:
Y estoy seguro de que Dios, quien comenzó la buena obra en ustedes, la continuará hasta que quede completamente terminada el día que Cristo Jesús vuelva. (Filipenses 1:6, NTV)
Para el creyente, aunque la intervención divina que esperamos no sea la que Dios hace, hay una que siempre está haciendo: nuestra transformación. En todo momento, Dios está obrando en nuestro corazón. El sufrimiento obra a favor de la transformación del creyente. Dios está formando la imagen de su Hijo Jesús en nosotros, como enseña Romanos 8:28-29.
La Bomba Teológica de hoy es que, la intervención divina de Dios en nosotros está disponible siempre en Cristo Jesús. Sea que Dios detiene un proceso, sana una enfermedad o salva a una persona… Dios siempre está activo porque como Jesús mismo enseñó, el Padre siempre trabaja (Juan 5:17). Por eso, aunque nuestros ojos no vean un milagro asombroso, la obra de Dios está dándose en lo escondido de nuestros corazones. Sea en lo visible o en lo invisible, Dios está activo en nosotros.
Conclusión
Las intervenciones de Dios no siempre son como las esperamos, pero de seguro algo hace. Recordemos que Dios se muestra grande y excelso siempre, porque lo es. Ante nuestro sufrimiento, podemos contar con que Él está presente y de alguna manera está activo para mostrarnos las dimensiones de su bondad y amor. Es lo que Pablo deseaba para la iglesia en Éfesos:
Espero que puedan comprender, como corresponde a todo el pueblo de Dios, cuán ancho, cuán largo, cuán alto y cuán profundo es su amor. (Efesios 3:18, NTV)
A nosotros nos toca confiar y depender del Señor. Su gracia es siempre suficiente para nosotros. ¡Abracémosla aunque no la veamos!



