¿Puedo compartir el evangelio sin saberlo todo?

Episodio 317 de Verdad y Fe Podcast

¿Necesito prepararme al nivel de Pablo para compartir el evangelio? ¿Y si nunca llego a ser como Pablo? ¿Cuándo estoy listo para compartir el evangelio?

Recientemente, mientras ofrecía un taller sobre Hechos, capítulo 17 y el modelo de evangelización que vemos allí, me hicieron la pregunta: ¿es necesario que me prepare al nivel de Pablo para entonces poder compartir el evangelio?

Resulta que Pablo, además de haber sido entrenado por Gamaliel, un Fariseo importante de su época (Hechos 22:3), también demuestra en Hechos 17, que estaba al día con la literatura griega, la cual utilizó para evangelizar en Atenas.

Pues en él vivimos, nos movemos y existimos. Como dijeron algunos de sus propios poetas: “Nosotros somos su descendencia”. (Hechos 17:28, NTV)

Resulta que la primera parte de ese versículo, Pablo lo sacó de la literatura de Epimenides de Creta, que dice:

“Te prepararon una tumba, oh santo y excelso: ¡los cretenses, siempre mentirosos, bestias malvadas, holgazanes! Pero tú no mueres, pues vives y permaneces por la eternidad, porque en ti vivimos, nos movemos y existimos.”1

La segunda parte del versículo, sale del poema de Aratús, que dice:

“Comencemos con Zeus; nosotros, los mortales, nunca lo dejamos sin nombre; llenas de Zeus están todas las calles y todos los mercados de los hombres; llenos están el mar y sus puertos; siempre todos necesitamos de Zeus. Porque también nosotros somos su descendencia;2

Por eso sabemos que Pablo estaba versado en estos textos, que pudo citarlos de memoria cuando predicaba en Atenas, y que luego Lucas lo pone por escrito en el libro de los Hechos de los Apóstoles. 

Pablo utilizó estos textos y los elevó para que en vez de que hablaran de Zeus, apuntaran a YHWH, el único Dios verdadero.

Y aquí es donde surge la incomodidad para muchos cristianos hoy: ¿cuánto debo saber de la cultura a la que voy a evangelizar?

Ahora bien, no sabemos exactamente por qué Pablo conocía estos textos. Quizás se preparó antes de visitar Atenas, o quizás formó parte de su educación con Gamaliel. Lo importante es esto: Pablo entendía algo de la cultura que tenía delante, y utilizó ese conocimiento para apuntar a las personas hacia Cristo. Dice el relato más adelante en Hechos 17: 34 que funcionó, porque Dionisio, Dámaris y algunos otros se convirtieron gracias a su predicación.

Quizás eso sea lo que nos pone la presión de saber más, antes de compartir el evangelio en nuestra experiencia actual. 

Pero considera esto: no todos somos pastores. No todos somos evangelistas. No todos somos maestros… Dentro del cuerpo de Cristo, algunos son como Pablo y otros son como los que acompañaban a Pablo en sus viajes misioneros. Sabemos de ellos por los saludos en las epístolas, pero no se escribió sobre ellos… El punto es que dentro de la comunidad de cristianos a la que pertenecemos, Dios ha repartido cualidades para que se lleve su labor a la gente. Dentro de esa comunidad, no todos pueden ser pequeños Pablos.

¿Significa que no hay que hacer la labor evangelística? Claro que no, eso no es lo que estoy diciendo. Lo que digo es que la preparación que podamos tener u obtener es la que ponemos al servicio de Dios cuando evangelizamos.

Y aquí está el punto que muchas veces olvidamos. Alguien que se convirtió a Cristo hace dos semanas y ahora está comenzando a leer la Biblia, quizás no pueda interactuar con la gente como lo hizo Pablo, pero no significa que no tiene algo para dar. El recién converso sabe de dónde Dios lo rescató. Él sabe que hay perdón de pecados y salvación en Jesús.

Y honestamente, eso ya es muchísimo. Cuando hable con sus amigos, familiares, compañeros y demás, puede compartirles su testimonio y apuntarles a lo que Cristo hizo en la cruz. Eso fue lo que hizo Pablo también en Hechos 26. Es otra táctica.

Evangelizar no es simplemente soltar información bíblica y seguir caminando, como si lo único que importa es sacar las palabras de nuestra boca. Hay que relacionarse intencional y genuinamente con las personas. Así lo hizo Jesús.

Según conocemos y observamos a las personas con las que hablamos, entonces sabremos qué cosas ellos hacen o piensan y por ahí podremos entrar en el evangelio. Pero requiere una relación.

A veces leemos la Biblia demasiado a prisa y sin encender la imaginación. Por eso no llegamos a pensar que el suceso de Hechos 17, por ejemplo, no fue tan rápido como lo leemos. Se nos dan indicios de esto cuando dice en el versículo 22 y 23, que Pablo vio y observó. Significa que no sólo mientras caminaba al concilio para predicar, sino que él siempre observó. Pablo ya estaba viendo cómo abordar el tema con ellos.

Lo mismo podemos hacer nosotros. Podemos usar las noticias, la música, los sucesos en el vecindario, las clases que tomamos juntos, las películas que vemos, la ropa que usamos, los equipos de deportes que seguimos, etc… A través de cualquier tema, podemos utilizar nuestra creatividad para intencionalmente llegar al evangelio.

No hay que estudiar filosofía y literatura como parece que Pablo conocía, pero con conocer la cultura en la que vivimos, podemos utilizar la táctica que el apóstol muestra en Hechos 17. Tampoco estoy diciendo que no estudiemos filosofía y literatura. Si eso es lo que Dios ha puesto en tu corazón para hacer, ¡hazlo! Dios puede usarte también a ti, similar a como hizo con Pablo.

La Bomba Teológica de hoy es que, Dios no nos llamó a evangelizar como robots repitiendo información. Nos creó a su imagen y semejanza. Eso significa que podemos pensar, observar, crear, comunicar y relacionarnos con otros. Y precisamente esas capacidades son herramientas que Dios puede usar para llevar el evangelio a la gente que nos rodea.

Conclusión

No hay que saberlo todo para compartir el evangelio. Si nos ponemos a la disposición del Espíritu Santo, Dios es poderoso para usar lo que conocemos para llevar el evangelio. No somos Pablo, pero no tenemos que serlo.

A cada cual, Dios ha dotado de cualidades específicas que podemos utilizar para llevar el evangelio. Es cuestión de tener la disposición y la disciplina de hacerlo. No somos Pablo, pero sí somos personas que Dios puede usar.

El evangelio nunca ha dependido de cristianos perfectos, sino de un Dios poderoso.


Fuentes:
1 –  Epimenides, Cretica, fragment 3B6, in Hermann Diels and Walther Kranz, Die Fragmente der Vorsokratiker, 6th ed. (Berlin: Weidmann, 1951). (Traducido por autor del artículo)
2 – Aratus of Soli, Phaenomena, trans. A. W. Mair and G. R. Mair, Loeb Classical Library 129 (London: William Heinemann, 1921), lines 1–4, Theoi Classical Texts Library, https://www.theoi.com/Text/AratusPhaenomena.html. (Traducido por autor del artículo)

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About Rick Lipsett

(@ricklipsett) director y portavoz de verdadyfe.com. Ha escrito numerosos artículos relacionados a la apologética Cristiana. Sirve como pastor en la Iglesia Cristiana Catacumba 9 de Cayey, Puerto Rico. Posee una maestría en Teología de Southern Baptist Theological Seminary (SBTS).
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