Esta es una de las objeciones más difíciles contra el cristianismo. Una dama escribió en redes sociales:
“¿De verdad crees que un violador arrepentido merece ir al cielo, pero no un niño bueno que simplemente no sentía una fe innata en Dios?”
Antes de responder, vale la pena hacer algunas aclaraciones. Esta es una pregunta cargada de emociones. Y muchas veces, detrás de preguntas así, hay historias, heridas o inquietudes profundas. Por eso, más que reaccionar rápidamente, conviene entender qué hay en el corazón de quien la hace.
Merecer el cielo
Aquí hay una confusión importante sobre el arrepentimiento. Cuando alguien se arrepiente, no se vuelve merecedor de algo. El arrepentimiento es reconocer el pecado como malo, apartarse de él y volverse hacia Dios.
Quien se arrepiente reconoce su pecado delante de Dios y pide su perdón. Pero ese perdón no se otorga porque la persona lo merezca, sino por la gracia de Dios. Es un regalo, no una recompensa por méritos humanos.
Qué pasa con el que no “siente” fe
Aquí hay otra confusión, esta vez sobre la fe. En la Biblia, la fe está más relacionada con la confianza que con un sentimiento. No se trata simplemente de “sentir algo”, sino de confiar en base a los hechos.
La persona que decide no confiar en Dios es responsable de esa decisión. Ahora bien, si alguien no tiene la capacidad de ejercer fe —por su edad o alguna condición—, ese es un caso distinto. De hecho, ya hemos tratado ese tema en otro episodio titulado: ¿Puede Dios salvar a quienes no pueden creer? Dejaré el enlace en la descripción (https://youtu.be/H48fN2CCflA?si=4YhNCOPNckRaNrOG).
La pregunta también refleja una dificultad para confiar en la justicia y la bondad de Dios, y una comprensión limitada del pecado.
Cada persona es responsable de lo que hace, piensa y dice. Quien comete un acto terrible, como el que se menciona en la pregunta, enfrenta consecuencias reales, tanto legales como espirituales.
Pero también es cierto que quien rechaza a Cristo como Señor y Salvador está tomando una decisión moral. La Biblia enseña que todo pecado —grande o pequeño a nuestros ojos— es una ofensa contra la santidad de Dios.
Eso significa que, en última instancia, ambos ejemplos en la pregunta necesitan el perdón de Dios.
La bomba teológica de hoy es que, el cielo pertenece a Dios, y ninguno de nosotros lo merece. Por eso, la salvación es por gracia. Dios justifica al pecador no por sus obras, sino cuando este se arrepiente y confía en Él.
No somos justos por nosotros mismos. Somos declarados justos por Dios.
Conclusión
Cuando evaluamos una postura, es importante entender bien la visión del mundo de la persona antes de sacar conclusiones. Muchas objeciones al cristianismo surgen de malentendidos reales, pero también de experiencias personales profundas.
Por eso, cuando alguien plantea una pregunta así, nuestra respuesta no debe ser solo lógica, sino también llena de gracia y humildad. Escuchar primero, entender, y luego responder.
Y si se abre la puerta, entonces sí: es momento de ofrecer las razones de la esperanza que tenemos (1 Pedro 3:15).



