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Hace mucho tiempo atrás,
en una casa la cual queda hoy muy, muy lejos…
Un niño, acostado en su cama mientras miraba al piso extendía su mano vigorosamente con el propósito de hacer llegar su espada de plástico retráctil la cual estaba un poco separada de él. El juguete nunca obedeció a su intención, pero esto no canceló el deseo profundo de poder mover cosas sin tocarlas y de salvar a la Galaxia de las fuerzas del mal.
Curioso como las cosmovisiones suelen entrar a nuestro subconsciente libremente y si no estamos pendientes, las abrazamos como posibles. Por muchos años, la espiritualidad presentada en Star Wars, me parecía una posible. La trilogía original había dejado marcado mi corazón. Yo sería un Jedi. Aunque no manifestase la Fuerza, esta seguramente sería cierta.











