Recientemente veía un programa de televisión de comida. ¡Me fascinan! En este episodio, el chef ruso a quien le dedicaron el show decía que en un momento de su vida, quiso salirse de la sombra de su Padre. Sentía que el control de su Padre sobre su vida le ahogaba y quería librarse de eso, para él ser su propio hombre. Deseaba su independencia con todo su corazón. Esto le llevó a irse de su casa y mudarse a otro país, donde tuvo que empezar de cero y aprender de numerosos errores, sin la red de seguridad debajo de él, para cuidarle. Se notaba la arrogancia y el orgullo de este hombre e inmediatamente me pude identificar con él.
Hay ocasiones en que también he pensado de esta manera consciente o inconscientemente sobre Dios. Posiblemente te ha ocurrido también. Queremos lanzarnos a lograrlo sin Él. Confiamos en que sabemos hacer las cosas bien y que vamos a agradar a Dios por nuestros propios méritos, porque después de todo, sabemos lo que tenemos que hacer y sabemos portarnos bien.
Se nos olvida que podemos “portarnos bien”, pero sin Dios, no existe el Bien. Necesitamos agarrarnos de Dios si es que vamos a vivir correctamente.
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