
Hay un argumento que se ha escuchado varias veces a favor del matrimonio del mismo sexo que es interesante:
«Imagina que las parejas del mismo sexo se pudiesen casar. ¿Cómo eso afectaría tu vida personal o tu matrimonio heterosexual?»
La pregunta es retórica. La contestación que se asume es «de ninguna manera.» Por lo tanto la conclusión sigue naturalmente: «Si no le afecta a nadie, ¿por qué no permitirlo?»












