Hay leyes en la Biblia que los Cristianos siguen y otras que no. Si la ley moral de Éxodo 20, sigue siendo vigente aún para el Cristiano, ¿por qué no acostumbramos guardar el sábado? Como claramente estipula Éxodo 20:8 (NTV) “»Acuérdate de guardar el día de descanso al mantenerlo santo.”
Hace unas semanas publicamos el episodio 200 de Verdad y Fe Podcast bajo el título: “¿Pablo se contradijo?” En esa ocasión dije: “Tanto el decálogo como la circuncisión forman parte de lo que Dios dijo, los 10 mandamientos son la ley moral que refleja el carácter inmutable de Dios, mientras que la ley de Moisés o cívica era para Israel como estado, cosa que nosotros los gentiles no somos. En 1 Corintios 7:17-19, Pablo diferencia entre las dos y nos apunta a obedecer la ley que Dios mismo escribió en tablas de piedra en el monte Sinaí. Esos son los mandamientos de Dios que los Cristianos obedecemos.”
Pero el problema ahí es que cuando leemos el decálogo vemos el mandamiento de guardar el sábado. De ahí proviene la duda que contestamos hoy.
Mensaje predicado el 3 de diciembre de 2023 en la Iglesia Catacumba 9 de Cayey.
Hay porciones de la Escritura que cuando las leemos nos asombramos porque no esperamos que estén en la Biblia. Para mí, el Salmo 73 es uno de esos textos. Precisamente porque choca, es que Dios capturó mi atención para estudiarlo. ¿Cómo es que el salmista se atreve a envidiar a los malvados? El enigma me llevó a la gran joya que encontramos en este Salmo. Un escrito de alguien que se encontraba en medio de un quebranto y lo único que deseaba era hacer algún tipo de sentido sobre esa temporada y la búsqueda activa del abrazo de Dios. El Señor no escondió su rostro a su hijo y hoy también lo revela a nosotros.
Estaré hablando de cuatro puntos que salen de este salmo:
Cuando pensamos en este tema, algunos versículos bíblicos suelen llegar a nuestra mente. Por ejemplo: 2 Pedro 3:9 (NVI) que dice: “9 El Señor no tarda en cumplir su promesa, según entienden algunos la tardanza. Más bien, él tiene paciencia con ustedes, porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se arrepientan.” (Hay un texto similar también en 1 Timoteo 2:2-5)
Esta pregunta nos incomoda a muchos dentro de la iglesia. Sobre todo porque sabemos que hay mucho trabajo por hacer en el campo misionero y conocemos de etnias y naciones que aún no conocen a Cristo. Rápido nos acordamos del pasaje de Romanos 1: 19-20 que dice
Romanos 1:19-20 (NTV) 19 Ellos conocen la verdad acerca de Dios, porque él se la ha hecho evidente. 20 Pues, desde la creación del mundo, todos han visto los cielos y la tierra. Por medio de todo lo que Dios hizo, ellos pueden ver a simple vista las cualidades invisibles de Dios: su poder eterno y su naturaleza divina. Así que no tienen ninguna excusa para no conocer a Dios.
Pero si leemos el versículo 21 de Romanos 1, nos desalentamos ante la posibilidad de que alguien sea salvo por medio de la revelación general de Dios en la creación. El versículo dice:
“21 Es cierto, ellos conocieron a Dios pero no quisieron adorarlo como Dios ni darle gracias. En cambio, comenzaron a inventar ideas necias sobre Dios. Como resultado, la mente les quedó en oscuridad y confusión.”
Nos enviaron una objeción contra la visión cristiana de la soberanía de Dios. La persona, reflexionando sobre unos derrumbes de una estructura en República Dominicana que provocó la muerte de algunas personas nos dice: “El Dios que nos han enseñado que existe no es así, no está en control de todo absolutamente, nosotros somos los que provocamos las cosas con nuestra voluntad y energía. No me cabe pensar que un Dios que supuestamente es bueno pueda dejar que cosas como estas pasen.”
Mientras escuchaba la queja de nuestra amiga, se me ocurrieron algunas preguntas para hacerle. Se las doy por si alguna vez tienen una objeción como esta. Yo le hubiese preguntado: ¿Cómo sabes que lo que nos han enseñado sobre Dios es falso? ¿En qué te basas? ¿Qué autoridad tiene quien te lo dice?
El “pecado” es de esas cosas que todo el mundo sabe lo que es, pero no todos saben explicar. Muchas veces, las personas le llaman pecado a cosas que ellas sienten que es incorrecto, pero que no necesariamente lo es. Igual, hay quiénes dejan pasar algunas cosas pensando que no son pecado, pero verdaderamente lo son.
Pero, ¿qué es pecado? ¿Por qué peco? ¿Qué hago cuando peco? ¿Cómo puedo dejar de pecar?
Es importante que podamos pensar y analizar las aparentes discrepancias en las Escrituras. El problema es uno serio pues si por ejemplo, alguno de los escritos de Pablo presenta una contradicción, significa que Dios se equivocó en una porción de su Palabra. Incluso habría que concluir que si la Biblia se contradice en una porción del Nuevo Testamento, puede que se contradiga en más lugares o en su totalidad. Pongamos el texto en cuestión frente a nosotros:
1 Corintios 7:17-19 (NTV) “17 Cada uno debería seguir viviendo en la situación que el Señor lo haya puesto, y permanecer tal como estaba cuando Dios lo llamó por primera vez. Esa es mi regla para todas las iglesias. 18 Por ejemplo, un hombre que se circuncidó antes de llegar a ser creyente no debería tratar de revertir su condición. Y el hombre que no estaba circuncidado cuando llegó a ser creyente no debería circuncidarse ahora. 19 Pues no tiene importancia si un hombre ha sido o no circuncidado. Lo importante es cumplir los mandamientos de Dios.”
Aquí en Puerto Rico, y posiblemente en los países de habla hispana la deconstrucción del cristianismo no es una tendencia tan prominente aún, pero la Iglesia está viendo esto cada vez más en los Estados Unidos. Se podría explicar esta tendencia de ir sacando elementos de la cosmovisión cristiana y añadiendo otros, como una consecuencia lamentable de otra tendencia del Norte de América, entiéndase, el alejarse cada vez más de Dios para abrazar filosofías diversas que no concuerdan con la Biblia. Pero como a todos nos gustan las tendencias, lamentablemente es de esperar que próximamente veamos también esto suceder en Puerto Rico y en otras partes más de lo que posiblemente ya está sucediendo.
Recuerda que puedes enviarnos tus preguntas a nuestro correo electrónico que es: preguntas@verdadyfe.com.
Los comentarios de este hombre se traducen al español más o menos así:
«Desde que dejé de ser pastor, a menudo me preguntan qué creo ahora. Mi complicada respuesta podría ser útil para algunos de ustedes. Bueno, todavía me parece hermoso gran parte del cristianismo, particularmente la vida y las enseñanzas de Jesús. Pero una gran ventaja de dejar de ser pastor es que ya no me pagan por creer y defender un conjunto particular de doctrinas. Soy un agente libre. Puedo creer lo que quiera. Puedo cambiar de opinión tantas veces como quiera. Resulta que todos podemos hacer esto. He dejado a un lado la necesidad de tener certeza o incluso coherencia. Me he vuelto mucho más cómodo con el misterio y la ambigüedad. Si bien todavía me considero cristiano la mayoría de los días, en realidad no importa. Porque si hoy no me siento cristiano, eso no me impide decidir que mañana soy cristiano. Si lo quiero. No estás atrapado en ninguna categoría. Las malas doctrinas, como el tormento consciente eterno (el infierno), asustan a las personas y las manipulan haciéndoles creer que necesitan un tipo de certeza que en realidad ni siquiera es posible o útil. Puedes seguir evolucionando y tener curiosidad. Continúe sumando las cosas que tienen sentido y restando las que ya no tienen sentido a mi cosmovisión. Y creo que eso es más saludable emocionalmente e intelectualmente honesto.»
Ante esta pregunta que nos hicieron llegar a nuestro correo electrónico, lo que está en juego es el testimonio del cristiano, su carácter y obediencia a la Palabra de Dios. Dice Romanos 13:1-2 (TLA)
“13 Sólo Dios puede darle autoridad a una persona, y es él quien les ha dado poder a los gobernantes que tenemos. Por lo tanto, debemos obedecer a las autoridades del gobierno. 2 Quien no obedece a los gobernantes, se está oponiendo a lo que Dios ordena. Y quien se oponga será castigado,”
Esto significa que no existe gobernante de nación alguna que se haya escapado de la soberanía a Dios y que ejerza dominio sobre alguna región contrario a la voluntad de Dios. Quien tiene poder es porque Dios se lo dio. Esto significa que las naciones que tienen gobernantes que han puesto como ilegal el tener Biblias, son gobernantes puestos por Dios ahí. La pregunta de hoy señala lo que dice Romanos 13: 1-2 y luego las acciones de los misioneros que llevan Biblias de manera ilegal. Hay una aparente contradicción entre las acciones de los misioneros y la Palabra Inspirada de Dios.
Mensaje predicado originalmente el 8 de octubre de 2023 en la Iglesia Cristiana Catacumba de Cayey, Puerto Rico.
El Salmo 19 lo escribió David. Es un salmo que nos muestra quién es Dios a través de la reflexión sobre la creación, pero nos lleva a la intimidad única que Dios ofrece por medio de su Palabra y finalmente nos obliga a reflexionar sobre nuestro propio corazón. Un salmo que apunta a la evidencia de la existencia de Dios, la Biblia y el hombre quebrantado que Dios redime.
Estudiarlo provoca felicidad. Reflexionar en él nos mueve a la reflexión. Es seguro que David contemplaba la obra de las manos de Dios. David tuvo que ser un hombre inteligente y sensible. Lo sabemos por los relatos de su vida que encontramos en 1ra y 2da de Samuel. Pero los salmos, como el Salmo 19, definitivamente nos dejan ver sus capacidades, además del asombro que tenía hacia la majestuosidad de Dios.
Hoy estaremos viendo el Salmo 19 con el propósito de poder obtener el descubrimiento que David obtuvo y que dejó plasmada en sus escritos inspirados por Dios.
Muchas veces nos incomoda ver que una y otra vez, Dios busca su gloria y exaltación en la Biblia. ¿Será que cuando Dios obra para su Gloria o por amor de su nombre está siendo vanaglorioso o narcisista? No lo creo para nada, pero ¿qué podemos decir al respecto?
Aquí cuatro ejemplos de esto:
Salmos 23:3 (LBLA) “Él restaura mi alma; me guía por senderos de justicia por amor de su nombre.”
Isaías 48:9 (LBLA) “Por amor a mi nombre contengo mi ira, y para mi alabanza la reprimo contigo a fin de no destruirte.”
Efesios 1:4-6 (LBLA) “4 según nos escogió en Él antes de la fundación del mundo, para que fuéramos santos y sin mancha delante de Él. En amor 5 nos predestinó para adopción como hijos para sí mediante Jesucristo, conforme al beneplácito de su voluntad, 6 para alabanza de la gloria de su gracia que gratuitamente ha impartido sobre nosotros en el Amado.”
Mateo 5:15-16 (NTV) 15 Nadie enciende una lámpara y luego la pone debajo de una canasta. En cambio, la coloca en un lugar alto donde ilumina a todos los que están en la casa. 16 De la misma manera, dejen que sus buenas acciones brillen a la vista de todos, para que todos alaben (glorifiquen) a su Padre celestial.
Cuando leemos estos textos por primera vez o quizás por décima vez, y las otras decenas de textos similares en toda la Biblia, puede que nos de un retorcijón en el estómago. Vemos que Dios quiere exaltarse a sí mismo. De la misma manera, sabemos que cuando nosotros deseamos la exaltación, la humildad desaparece y somos identificados como vanagloriosos o narcisistas. Por eso no nos cuadra que el Dios que es amor diga estas cosas.
El Pastor John Piper comenta sobre este problema lo siguiente: «Nos están prohibidas cosas que a Dios no le están prohibidas precisamente porque nosotros no somos Dios y él sí. La razón por la que no debemos exaltar nuestra propia gloria sino la de Dios es porque él es Dios y nosotros no.»1
Dios puede hacer ciertas cosas que nosotros no podemos hacer por quién él es. Piensa un momento en lo que significa exaltar (glorificar) algo. Cuando vamos a un museo famoso como el Louvre en París, vemos las increíbles piezas de Leonardo DaVinci y exaltamos su capacidad artística. Lo mismo si nos paramos frente a una obra de Rembrandt o Vincent Van Gogh. Mientras nos secamos las lágrimas de nuestros ojos puede que digamos unas cuantas palabras de admiración porque el despliegue de talento que estamos viendo se sale de lo usual. Posiblemente está por encima de lo que nosotros mismos podemos lograr en un canvas con pintura y pinceles.
El principio detrás de la exaltación de algo, es hacer sobresalir o resaltar lo que es máximo. Un Rembrandt o un Van Gogh están a otro nivel, y merece ser resaltado. Cuando hablamos de Dios, es esperado que nosotros exaltemos a Dios por que él es lo máximo. De hecho, después de exaltar a cualquier artista, recordamos que es solo una sombra del talento artístico que despliega Dios en el cosmos y le damos gloria a él.
Este mismo principio de exaltar lo máximo le aplica a Dios. Como no hay nada ni nadie que se vaya por encima de él, al único que Dios puede exaltar es a sí mismo. Dios es el ser más maravilloso posible. No hay otro. Debemos esperar que exalte su nombre. Dios no puede exaltarnos a nosotros los humanos pues fuimos creados por él, y encima estamos sucios y dañados por nuestro pecado. Es más, si Dios nos exalta a nosotros, pecaría y eso es imposible. Dios no puede pecar.
El problema que persiste para nosotros y que nos retuerce el estómago es que podemos creer que esa exaltación es pura vanidad y que entonces Dios no nos ama realmente. Pero considera el otro lado de la moneda. Cuando Dios exalta su nombre, o nosotros le damos la gloria, esa moneda tiene otra cara. Hay una transacción cada vez que Dios se glorifica. Considera los textos que compartí al principio:
Cuando Dios se glorifica por la restauración de nuestra alma, como dice el Salmo 23:3, la gloria es suya pero el beneficio es nuestro: restaura nuestra alma, dándonos el placer absoluto de acercarnos a él.
Cuando Dios contiene su ira por amor a su nombre en Isaías 48:9, el beneficio fue de Israel (y de nosotros): no los destruyó a ellos (ni a nosotros).
Cuando Dios recibe la alabanza de la Gloria de su gracia en Efesios 1:4-6, el beneficio fue nuestro porque nos escogió para ser santos hijos adoptados suyos.
Cuando Jesús dice que deben alabar (glorificar) a su Padre celestial en Mateo 5:15-16, es porque su verdad y salvación será mostrada a la gente por medio de los seguidores de Jesús para libertad y una relación correcta y gozosa con Dios. Algo que antes del sacrificio de Cristo era imposible para la humanidad.
Esto significa que la transacción que se da es que por un lado Dios recibe la gloria y por el otro lado alguien (nosotros) salimos beneficiados por su exaltación. La gloria de Dios está íntimamente atada a su amor ágape por nosotros.
Por lo tanto, no es vanagloria lo que Dios demuestra con su Nombre glorificado, sino que presenta una evidencia especial del amor y fidelidad que tiene para con nosotros.
Esto es una verdad espiritual que a menos que tengas al Espíritu de Dios en ti, no la podrás aceptar. Pero si conoces a Dios, sabes que conocerle y tenerle cerca es el mayor privilegio, gozo y placer posible.
Si su exaltación provoca que le tengamos más cerca pues amén y amén.
1. Piper, John, Let the Nations be Glad! The Supremacy of God in Missions, Versión Kindle (Michigan, Baker Academic, 1993) 17 de 291