Recuerdo que hace como 12 años, cuando comencé a estudiar apologética, estaba fascinado con las respuestas racionales que existen para el cristianismo. Así que decidí compartir lo que había aprendido en Twitter. Fui y escribí un tweet que a mi entender era inofensivo sobre cómo creer en Dios es lo más racional que hay. No sabía en el lío que me estaba metiendo.
Inmediatamente que envié el mensaje, comencé a recibir respuestas de personas muy molestas que no les interesaba tanto dialogar conmigo. Se mostraron muy hostiles, pareciendo que querían destruirme a mí por proponer la idea. Como si les hubiese insultado personalmente. Intenté contestar cada mensaje con humildad y mansedumbre, pero mis esfuerzos se quedaban cortos ante tanta respuesta que recibía. Me abarrotaron los comentarios. Como si hubiese ofendido al líder de una legión de soldados quienes ahora me atacaban sin cesar. Fue abrumador. En aquel momento, le comenté a mi amigo Joel Rodríguez Morales, quien fundó este ministerio de Verdad y Fe. Luego de reírse y decirme que me tiré al lado profundo del mar a nadar con los tiburones, me dijo algo que jamás olvidaré: “¿sabes que no tienes que responder a todos los comentarios, verdad?”
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