
Hace un tiempo me encontraba trabajando en el jardín de la parte de al frente de mi casa cuando vi unas personas que caminaban por la comunidad y llamaban a la puerta de casa en casa. Al instante pensé: «¡Oh no! Déjame correr y esconderme. Por ahí vienen estos otra vez”. ¿Quiénes eran «estos»? En esa ocasión quienes estaban rondando eran nuestros amigos los Testigos de Jehová. Justamente cuando iba a entrar a la casa, mi hijo se antojó de agarrar su bicicleta e irse corriendo, lo cual me impidió encerrarme en la casa. Me reí en mi interior y le dije a Dios: «Tienes un sentido del humor muy particular».
La persona saludándome se acercó a mi garaje (por lo que ya no tenía manera de ignorarla), y me preguntó si tenía tiempo para hablar. Le contesté con una actitud cortante que estaba muy ocupada en ese momento y que iba a salir a hacer mandados. Ella notó que la estaba evadiendo y que no era el mejor momento. Mientras esto ocurría, mi hijo, quien es una persona muy amigable y social, le pedía que se quedara y que jugáramos juntos. Yo seguía riéndome en mi interior: «Dios, es que eres increíble». Aunque sabía que Dios me estaba empujando a conversar con ella, me dio frío olímpico y busqué todas las excusas en mi arsenal para no atenderla. Así que ella me entregó un panfleto antes de irse y me dijo: «Léelo cuando tengas tiempo, y verás que no hay mucha diferencia de lo que posiblemente ya crees». Me dejó pensativa porque nunca le mencioné que era cristiana.
En nuestro caminar nos encontraremos con un sin número de pensamientos diferentes. El problema no se encierra solamente a la «diversidad de género», el debate del aborto, el pluralismo de religiones, el tema de la creación, el ateísmo, el agnosticismo, el escepticismo, y otros, esto se extiende a que también hay religiones que se descarrilaron del cristianismo y se convirtieron en sectas que creen en un falso Jesús. Algunas son tan difíciles de discernir que, en mi opinión, pueden ser los casos más retantes. El cristianismo se ha desviado en diferentes direcciones porque vivimos en una realidad en la que “no hay verdad y todo es relativo.” Independiente de cual situación nos sea presentada, «…si alguien les pregunta acerca de la esperanza que tienen como creyentes, estén siempre preparados para dar una explicación; pero háganlo con humildad y respeto» (1 Pedro 3: 15-16 NTV).
¿Cómo puedo prepararme para defender mis creencias?
Si utilizamos como ejemplo la situación que se me presentó, tuve la oportunidad imprescindible de evangelizar a la persona, y opté por no hacerlo por inseguridad de no saber qué decirle. A pesar de que Dios me estaba inquietando a que lo hiciera, decidí evadir la situación. De más está decir que no dejé de pensar en el suceso en todo el día, al punto que decidí hacer algo al respecto.
Estudiar la Palabra.
En mi interés por aprender a contestar preguntas y a manejar situaciones difíciles, comencé a estudiar apologética cristiana, que si acostumbras leernos, sabes que es la defensa de la fe.
Uno de las situaciones más comunes en el mundo es la falta de conocimiento (Oseas 4:6). Muchas personas están confundidas ya sea porque nunca han escuchado sobre la Verdad o porque lo que conocen ha sido tergiversado de todas las maneras posibles.
Mi motivación principal para aprender a defender mis creencias, además de aumentar mi fe, lo es mi hijo. Mi pequeño aún tiene 4 años, pero es parte de una generación que está creciendo perdida en teorías falsas, problemas de identidad, y falta de fe. Estamos viviendo en tiempos en los que ya no basta con hablar de Dios a la gente, ahora tenemos que actuar como “abogados” creando un caso y defendiéndolo. Me preocupa las posibles preguntas que mi hijo pueda tener en un futuro y quisiera que al llegar ese momento pueda considerarme como una fuente a la que pueda acudir cuando tenga dudas. Además, quien sabe si tenga amigos que él pueda ayudar utilizando el conocimiento aprendido.
Aunque la apologética cristiana es un excelente método de estudio que puedes incorporar al estudio de las escrituras, recuerda que la sabiduría viene de Dios y para empaparnos de ella, en primer lugar, “debemos pedirla a Él quien es el que la da en abundancia”(Santiago 1:5).
Modelar la vida de cristiano
«Queridos hijos, que nuestro amor no quede solo en palabras; mostremos la verdad por medio de nuestras acciones. Nuestras acciones demostrarán que pertenecemos a la verdad…» (1 Juan 3:18-19 NTV).
Mi experiencia con los Testigos de Jehová no es la única que he tenido. En general, he conocido personas de otras ramificaciones del cristianismo que se han convertido en mis amigos. Algunas de las ramificaciones a las que estas personas pertenecen creen en un cristianismo muy similar al nuestro, pero la interpretación que le dan a ciertos temas bíblicos podrían ser perjudiciales para ser salvos. Algunos de ellos podrían acercase a uno con la buena intención de mostrarnos que «no somos tan diferentes» basado en lo que creemos. La verdad es que sí hay una diferencia enorme, y muchas veces ya están tan sumergidos en lo que creen y/o fueron criados dentro de estas doctrinas que es a través de crear relaciones con ellos como único podemos encontrar la oportunidad adecuada de hacerles algún acercamiento y que seamos verdaderamente tomados en cuenta.
En lo personal, mantengo una amistad genuina con mis amigos, de religiones diferentes y los no creyentes, porque es a lo que Dios nos llama. Jesús es el mejor ejemplo:
«Más tarde, Leví invitó a Jesús y a sus discípulos a una cena en su casa, junto con muchos cobradores de impuestos y otros pecadores de mala fama. (Había mucha de esa clase de gente entre los seguidores de Jesús). Cuando los maestros de la ley religiosa, que eran fariseos, lo vieron comer con los cobradores de impuestos y otros pecadores, preguntaron a los discípulos: ¿Por qué come con semejante escoria?» (Marcos 2:15-16 NTV).
¿Cuántos de nosotros no hacemos lo mismo? ¿Cuántos de nosotros en ocasiones rechazamos a aquél que piense diferente a nosotros? Sabemos que tenemos la Verdad de nuestra parte, pero es precisamente por eso que no podemos tomar la actitud de los fariseos (ni la que yo tuve con la persona en mi relato.)
«Cuando Jesús les oyó, les dijo: «La gente sana no necesita médico, los enfermos sí. No he venido a llamar a los que se creen justos, si no a los que saben que son pecadores» (Marcos 2:17 NTV).
De la forma que llegamos a sus corazones es conversando con ellos y en mi caso, como amigos, sentándonos a la mesa a estudiar y debatir con respeto. Al pasar tiempo con ellos, pueden ver nuestra devoción por lo que creemos, la disposición de aprender sobre nuestros diferentes puntos de vista, y nos permite tener muchas oportunidades para hablar sobre todos los temas que solamente con unos minutos no podemos abarcar. Nuestra amistad nos permite la confianza de hablar sobre temas controversiales que una persona desconocida podría tomar de una manera ofensiva porque no conoce nuestras intenciones. La amistad es un regalo que se debe cultivar y valorar, sin importar las diferencias y nos permite influenciar sus vidas.
Saber de memoria la Biblia no es suficiente, tenemos que vivir la Palabra. Hay un dicho que dice: «un gesto vale más que mil palabras». Muchos creen tener la verdad, pero la verdadera Verdad, valga la redundancia, trae consigo frutos. El cristiano de real convicción es hogar del Espíritu Santo, y como resultado refleja «amor, alegría, paz, paciencia, gentileza, bondad, fidelidad, humildad y control propio…» (Galatas 5:22 NTV). Cuando hacemos la diferencia causamos un efecto en la vida de las personas que puede llevar a que la semilla que sembraste sí caiga en terreno fértil.
No busco ser legalista, pues soy la primera en aceptar lo difícil que esto puede ser en ocasiones, pero podemos incluir en nuestras oraciones diarias que Dios ponga en nosotros «el querer como el hacer» (Filipenses 2:13), la capacidad y la voluntad para actuar. Muchas veces necesitamos ese empuje de Dios, y quizás a que literalmente nos cargue a hacerlo, pues todos tenemos debilidades. Lo importante es que Dios busca corazones voluntarios que estén dispuestos a dejarse usar como instrumentos suyos.
Orar por ellos
Por último, y más importante que todo, debemos orar por ellos y dejarlos en las manos de Dios. Recordemos que nuestros esfuerzos no son lo que les salva, sino el poder de Dios y Su gracia. Debemos orar por que Dios les abra sus ojos y trabaje en sus corazones y les convenza que es por Su amor hacia ellos que necesitan el sacrificio de Cristo en la cruz.
Recordemos siempre mantenernos firmes en nuestras creencias y en que Jesús es la única Verdad (1 Juan 5:20), Jesús es la Palabra (Juan 1:4) y es a través de ella que somos libres, verdaderamente libres (Juan 8:36).



