
Imaginemos por un momento que un reino muy lejano fue consumido por una oscuridad absoluta. Esta ciudad era gobernada por un rey cuyo corazón era muy compasivo y apasionado con su pueblo, pero además de eso también era fiel a sus leyes y estatutos. Por otro lado, su hijo, el príncipe, tenía superpoderes. El príncipe, cuya luz interior era increíblemente radiante, tenía la capacidad de disipar las sombras donde quiera que se encontrara.
La oscuridad provocó que los ciudadanos enfermaran, que algunos murieran, y que en consecuencia a su desesperación comenzaran a violentar las leyes del reino revelándose contra el rey al intentar reemplazarlo. En fin, el reino estaba en caos. No quedó ni una sola persona que no hubiera cometido alta traición contra la corona por lo que la paga del pueblo lo era la muerte.
El rey los amaba tanto que decidió que una persona podría ocupar el lugar para la pena de muerte de toda una nación. Sin embargo, el problema de la oscuridad no se resolvía solo así. Así que, con un dolor inimaginable, decidió que el sacrificio de su hijo era la única manera en que ambas situaciones podían ser satisfechas, ya que con la muerte del príncipe toda su luz podría ser esparcida para contrarrestar la oscuridad que consumía la ciudad . Entonces el príncipe, por amor al reino de su padre, aceptó su papel con valentía y se entregó en lugar del pueblo para traer la luz de vuelta a casa.
… pero, ¿cómo adaptamos esta historia a nuestra pregunta?
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