Para muchos, la elección de Dios de los que serán salvos, automáticamente divide la humanidad en dos. Entienden que Dios está discriminando entre una élite humana y los desechados. Así que quiero comenzar definiendo lo que es discriminar. Según el diccionario, esta palabra tiene dos significados. El diccionario dice así 1:
1. Dar trato de inferioridad a una persona o colectividad por motivos raciales, religiosos, de sexo, de clase social o casta u otros motivos ideológicos.
2. Separar, diferenciar una cosa de otra.
Sin embargo, comúnmente, no pensamos en la segunda definición. Esta segunda definición no tiene una carga moral. La primera sí la vemos como incorrecta, pero la segunda no. Significa que hay maneras de discriminar que son apropiadas. Por ejemplo, cuando estoy guiando mi carro, debo poder discriminar entre el carril que me corresponde y el del auto que viene en sentido opuesto. Si no discrimino contra el otro carril, ocasionaré un accidente.
Es lamentable que no consideremos esto, pues es precisamente lo que Dios hace cuando elige. Cuando Dios elige, está separando y diferenciando una cosa de otra. Esa separación es lo que la Biblia llama “Santo o Santidad”. Dios es Santo porque es diferente y apartado de nosotros. En el Antiguo Testamento vemos que Israel debía estar separada y diferenciada del resto de las naciones para Dios y en el Nuevo Testamento vemos lo mismo ocurriendo con la iglesia.
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