(A continuación el manuscrito en el que se basó la predicación «El plan de rescate» del 6 de septiembre de 2026. Lo que sigue no es una transcripción exacta y literal del mensaje.)
Venimos estudiando el evangelio de Marcos y ya vamos por el capítulo 10. Justo antes de la porción a la que iremos hoy, vemos a Jesús hablando con el hombre rico, lo cual deja espantados a los que escucharon la interacción. Cristo estableció que la salvación es algo imposible para el ser humano pero no para Dios.
Pedro le preguntó a Jesús sobre su destino ya que lo habían dejado todo por él, contrario al hombre rico. Jesús afirmó que todo quien le ponga a él en el centro de su vida, recibirá bendiciones ahora y en la vida eterna. Pero advirtió que incluso en medio de persecuciones. Por lo que las bendiciones no son necesariamente prosperidad económica o estatus social. Son bendiciones de Dios para el corazón. Bendiciones que nosotros conocemos bien, si hemos perseverado en el Señor: comunidad, sabiduría, seguridad…
Fueron palabras de gran aliento, pero también de advertencia. La persecución viene. Pero eso no impide la bendición de Dios. Esto es importante que lo tengamos como contexto de la porción a la que iremos hoy.
La bendición de Dios no se acorta por el sufrimiento o situación que podamos enfrentar. Son palabras que nos gustaría que no coexistieran, pero el Señor así lo expresó. Si fuese por nosotros, no habría sufrimiento, si tenemos la bendición de Dios. Pero la consecuencia del pecado humano creó una nueva realidad. Como escribió Joel Rodríguez Morales:
Las acciones crean consecuencias. Esas consecuencias son nuevas realidades que forman parte de la historia. Por eso es que, consistentemente a través de las Escrituras, no vemos un Dios que borra las realidades, porque Él no borra la historia.1
Hoy estaremos reflexionando en el texto de Marcos 10:32-34. De esta porción estaremos viendo tres aspectos importantes, aplicables a nosotros hoy:
- Caminar con Jesús trae asombro y temor
- Dios tiene un plan que cumplir
- El final victorioso está decidido
32 Subían rumbo a Jerusalén, y Jesús caminaba delante de ellos. Los discípulos estaban llenos de asombro y la gente que los seguía, abrumada de temor. Jesús tomó a los doce discípulos aparte y, una vez más, comenzó a describir todo lo que estaba por sucederle. 33 «Escuchen —les dijo—, subimos a Jerusalén, donde el Hijo del Hombre será traicionado y entregado a los principales sacerdotes y a los maestros de la ley religiosa. Lo condenarán a muerte y lo entregarán a los romanos. 34 Se burlarán de él, lo escupirán, lo azotarán con un látigo y lo matarán; pero después de tres días, resucitará». (Marcos 10:32-34, NTV)
Caminar con Jesús trae asombro y temor
Jesús es nuestro Salvador en medio de este mundo caído. Eso significa que el mundo en el que vivimos es uno precario y oscuro donde Dios irrumpe con su luz, obrando maravillas, pero también dándonos su presencia para continuar en medio de las tinieblas.
A veces la revelación de Jesús trae confusión y hasta miedo. Jesús trajo Palabras que confronta grandemente nuestras ideas y conceptos. En un momento, Cristo dijo: “¿Piensan que vine a traer paz a la tierra? No, ¡vine a causar división entre las personas!”2 Esas no son palabras sencillas de recibir. Tampoco lo es, la conversación que sus seguidores escucharon con el hombre rico y luego entre Jesús y sus discípulos. Hay que colocar a Jesús en el centro de nuestra vida y habrá persecución. Tendemos hacia el pesimismo y no vemos la parte buena.
Pero, ¿qué hay del asombro? Parece que algunos tenían una idea sobre la identidad de Jesús. Pedro lo identificó como el Mesías de Dios en Marcos 8: 29. Imagino que algunos otros se lo sospechaban. De seguro los doce lo habían escuchado. Por eso, el asombro. Saber quién era que estaba con ellos les llenaba de asombro que honraba a Dios. Pero sus ojos seguían sucios, porque no veían claramente lo que eso significaba. Los seguidores de Cristo que sintieron miedo no habían entendido a profundidad la identidad de quien les dirigía. De hecho, los mismos 12 no lo comprendían a cabalidad. Por eso al momento en que Jesús fue arrestado, todos lo abandonaron. Pero Jesús no es un hombre más.
A veces consideramos la vida cristiana, y todo lo que conlleva y preferimos ni intentarlo. No nos acercamos a entregarnos al Señor porque sabemos que hay que rendir y sacrificar cosas. Encima de eso, si pensamos en que habrá gente que se burlará de nosotros y hasta existe la posibilidad de ser perseguidos… mejor no.
Pero si tan solo consideramos quién es el que va al frente… ¡Es Dios mismo!
El Dios que dijo la palabra y la creación saltó a la existencia, es quien nos llama a seguirle a donde él diga. Si nos dice a donde ir, es porque tiene una relación con nosotros. Si nos llama a seguirle para estar donde él esté, es porque nos anhela.
Ahí entra el asombro. Dios quiere relacionarse con nosotros. Dios nos quiere para sí mismo. Dios nos ama. Eso debería sobreponerse a nuestro miedo. Dios tiene un plan y nos hace partícipes de él.
Dios tiene un plan que cumplir
Jesús venía informando a sus discípulos acerca de lo que le sucedería. Esta era la tercera vez que lo hacía. Las primeras dos veces fueron:
| …el Hijo del Hombre tendría que sufrir muchas cosas terribles y ser rechazado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los maestros de la ley religiosa. Lo matarían, pero tres días después resucitaría. (Marcos 8:31, NTV) | 31b Les dijo: «El Hijo del Hombre será traicionado y entregado en manos de sus enemigos. Lo matarán, pero tres días después se levantará de los muertos». 32 Ellos no entendieron lo que quería decir, sin embargo, tenían miedo de pregun- tarle. (Marcos 9:31b-32, NTV) |
En esta ocasión, cuando Jesús les dice a sus discípulos lo que le pasará, les da detalles gráficos de su sufrimiento por venir, pero les dice algo muy importante con mucho significado:
Lo condenarán a muerte y lo entregarán a los romanos.
(Marcos 10:33b, NTV)
Los discípulos ahora tenían el detalle de la muerte que le esperaba a Jesús. Si en las dos veces anteriores, se mostraban incrédulos porque sabían que Roma impedía a las autoridades judías ejecutar legalmente a una persona, ahora Jesús les aclaraba que moriría por medio de Roma.
Pero esa revelación, apuntaba a algo adicional que estaba implícito en la mente judía. Cuando ellos recordaban el exilio a Babilonia, si tenían conocimiento de las Escrituras, sabían que haber sido entregados a los gentiles babilónicos, fue señal de la ira de Dios sobre ellos, por su rebelión y pecado.
Además, era lo que los propios autores bíblicos habían dejado por escrito:
6 «Oh Dios mío, estoy totalmente avergonzado; me da vergüenza elevar mi rostro a ti. Pues nuestros pecados se han amontonado tanto que son más altos que nosotros, y nuestra culpa llega a los cielos. 7 Desde el tiempo de nuestros antepasados hasta el día de hoy, hemos vivido sumergidos en el pecado. Por esa razón, nosotros, nuestros reyes y nuestros sacerdotes hemos estado a merced de los reyes paganos de la tierra. Nos han matado, capturado, robado y deshonrado, tal como estamos hoy.
(Esdras 9:6-7, NTV)
Miren este otro texto:
40 Por eso, el enojo del Señor se encendió contra su pueblo, y él aborreció a su posesión más preciada. 41 Los entregó a las naciones paganas y quedaron bajo el gobierno de quienes los odiaban. 42 Sus enemigos los aplastaron y los sometieron a su cruel poder. 43 Él los rescató una y otra vez, pero ellos decidieron rebelarse en su contra, y finalmente su pecado los destruyó. (Salmos 106:40-43, NTV)
Jesús les estaba revelando que al ser entregado a los romanos para morir, estaría recibiendo la ira de Dios por causa del pecado… Lo curioso es que ellos conocían a Jesús y no le conocían pecado alguno. Entonces ¿cuál sería la ira del pecado que sufriría?
Nosotros, que quizás hemos escuchado tantas veces el mensaje del evangelio, puede que leamos todo esto y nos salga algún bostezo. Pero hermanos, ¡esto es un mensaje radical! Aquel que no tiene pecado estaría recibiendo el peso completo de la ira de Dios a causa del pecado de la humanidad. Por eso los discípulos como que no entendían la revelación de Cristo. Les era absurdo. No tenían marco de referencia para entenderlo.
Dios hizo lo impensable para nosotros, para llegar a nuestra vida y rescatarnos.
- Se hizo hombre
- Vivió entre nosotros una vida perfecta
- Nos enseñó a vivir correctamente con palabras y ejemplo
- Dio su vida en sustitución por nosotros cuando fue torturado en la cruz
Todo esto, para salvarnos. A ti y a mi, que no merecemos nada de parte de Dios, excepto la misma ira que su Hijo recibió. Imagina la reacción de los seguidores de Jesús. Por eso se mostraban asombrados y con temor. ¿Qué cosas decía este hombre? Imagina la reacción de la audiencia inicial de Marcos. Leyendo sus escritos y concluir: ¡Jesús recibiría las consecuencias de mis pecados sobre su cuerpo!
¿Cómo reaccionamos nosotros? ¿Indiferencia? ¿Temor? ¿Asombro? Dios lo que desea es que abramos las manos y recibamos el regalo de la salvación que nos ha dado precisamente por medio de lo que Jesús se dirigía a hacer. Dios desea que recibamos en fe lo que sólo él pudo hacer para rescatarnos. Para traernos de vuelta a sus brazos. Porque esta historia jamás fue intencionada a terminar de ninguna otra manera que no fuese en victoria.
El final victorioso está decidido
Jesús conoce nuestros corazones. Sus palabras siempre tienen la capacidad de confrontar y curar. La gran revelación de por qué sería torturado y muerto por los romanos no era el final. Él mismo lo reveló a la vez que daba la “mala” noticia.
pero después de tres días, resucitará». (Marcos 10:34b, NTV)
Los judíos que creían en la resurrección, sabían que eso era un evento escatológico, o sea del fin de los tiempos. No había doctrina que dijera que la resurrección podía ocurrir en medio de la historia humana. Era un evento para el final. Así que esto quizás, no les funcionaba como gran aliento. Parece que no podían creer lo de los tres días. Cristo les hablaba de manera literal y ellos pensaban que se trataba de alguna alegoría. Quizás los tres días eran algo simbólico…
La realidad es que la muerte no tenía manera de contener a Jesús. Lucas escribió al respecto:
pero Dios lo liberó de los terrores de la muerte y lo volvió a la vida, pues la muerte no pudo retenerlo bajo su dominio. (Hechos 2:24, NTV)
Significa que la muerte en la cruz, tendría el más impresionante desenlace. Dios rompería la muerte y saldría victorioso sobre el pecado. Jesús les estaba revelando el mensaje del Evangelio.
Todo esto es un mensaje radical. Por eso los discípulos escuchaban a Jesús pero no se atrevían preguntar. Incluso, si seguimos leyendo vemos que hasta le cambian el tema. No tenían cómo comprenderlo. Pero ciertamente fueron los primeros en recibir ese gran regalo. Cristo murió por ellos, murió por nosotros. Resucitó para ellos y también para nosotros.
Jesús estaba abriendo camino para ganarle al pecado y vencer a la muerte. Esta es la mejor de las bendiciones para aquellos que lo dejan todo por tener a Cristo en el centro de sus vidas. Ese fue el regalo que se perdió el hombre rico. Lo que era imposible para el hombre, Dios lo haría en su Hijo.
Conclusión
Jesús quiso que sus seguidores supieran hacia dónde se encaminaba. Les reveló su plan para que sus expectativas fueran correctas, a pesar de que no funcionó porque no creyeron lo que escuchaban. Lo que sí es evidente, es que les amaba tanto, que no les escondía su plan.
Ya no los llamo esclavos, porque el amo no confía sus asuntos a los esclavos. Ustedes ahora son mis amigos, porque les he contado todo lo que el Padre me dijo. (Juan 15:15, NTV)
El deseo de Dios es que le contemos como amigo y por eso nos revela su Palabra. Hoy vimos que aunque seguir a Jesús provoca una mezcla de asombro y temor, podemos contar con que Dios no improvisa, sino que sigue su plan que lleva a la última victoria. Esta Palabra nos hace un llamado profundo a reafirmarnos en nuestro compromiso con el Señor, si nos contamos ya como sus amigos. Pero también es una palabra apta para aquellos que se encuentran lejos de él.
Al comienzo decía que muchas veces nos cuesta seguir a Jesús porque entendemos que conlleva rendir y sacrificar cosas. También dije que a veces leemos o escuchamos estos pasajes de la Escritura y no nos mueven porque lo encontramos demasiado cotidiano. Pero mi oración hoy es que Dios rompa el desinterés y la indiferencia que podría estar en nuestro corazón. Amados, Cristo no tenía por qué recibir el peso completo del castigo de Dios por nuestro pecado.
Yo tenía 32 años cuando Cristo rompió mi indiferencia. En su misericordia, Dios permitió que yo sintiera el peso de la paternidad y de dirigir una familia como él diseñó. Cuando entendí que era un fracaso para echar adelante ese proyecto de familia, fue que finalmente me abrí a que Cristo fuese mi Señor y Salvador. Por supuesto, en estos 14 años he dejado cosas y hemos hecho sacrificios. Pero no han pesado porque conozco a Aquel que primero dejó su trono y sacrificó su vida por mi.
Jamás habrá algo que decidamos dejar a un lado, que sobrepase lo que Dios dejó a un lado por nosotros.
Contar con el amor inmerecido de Dios es nuestro privilegio y nuestro gozo. Cristo hizo lo inimaginable e imposible para el ser humano para llegar al corazón nuestro, al tuyo.
Fuentes:
1 – Joel Rodríguez Morales, ¿Por qué Dios no perdonó a Eva y ya? (Verdad y Fe, 24 de julio de 2027) https://verdadyfe.com/2026/07/24/consequencias/
2 – Lucas 12:51



