Si Dios es amor, ¿por qué crear el infierno?

Episodio 337 de Verdad y Fe Podcast

El infierno, ¿no contradice el amor de Dios? ¿Para qué Dios creó algo tan horrible y eterno si ama a la gente? ¿Por qué Dios perdona a algunos y a otros los manda al infierno? ¿Por qué no perdonar a todos y ya?

La semana pasada en el episodio 336 de Verdad y Fe Podcast, titulado ¿Por qué perdonar lo imperdonable?, hablamos sobre el perdón que Dios espera del cristiano que ha sido perdonado por él. Pero para algunos, esto suena como hipocresía. Dios espera que el cristiano perdone a todos, pero él mismo no lo hace. Dios no nos pide que declaremos inocente al culpable ni que eliminemos las consecuencias de sus actos. Nos pide renunciar a la venganza personal y confiar en su justicia. Perdonar a quien nos ofende no significa que Dios, como Juez, tenga que absolverlo.

Dios es justo

Si un criminal no es enjuiciado por sus fechorías, diríamos que es injusto. Similarmente tenemos que pensar sobre el pecado. Cada pecado, por más pequeño que lo consideremos, es una ofensa contra Dios. Es una violación de su ley. Por eso, los culpables (que somos todos), merecemos ser enjuiciados correctamente. Ahí entra el infierno.

La Biblia dice que Dios no diseñó el infierno para los seres humanos (Mateo 25:41). La Biblia inicia con la creación. Cuando Dios crea al ser humano, lo hace conforme a su imagen y con la intención de relacionarse con ellos para siempre. Pero todo eso cambió con la entrada del pecado. Los crímenes merecen castigo, por lo que aquel lugar que Dios había creado para castigar a Satanás y los demonios, ahora también sería usado para los humanos rebeldes que con su pecado, se opusieron a la justicia y la ley de Dios.

Dios no perdona haciendo como si el pecado nunca hubiera ocurrido. Eso dejaría el mal sin juicio. Cuando Dios perdona al que cree en Cristo, no abandona su justicia: Cristo asumió su condena en la cruz.

Dios es amor

Ante el castigo del malvado, alguien objetará citando 1 Juan 4:8, que dice que Dios es amor. Pero la justicia no es una contradicción del amor. Recuerdo cuando era adolescente, en la capilla del colegio donde estudié. Muy emocionado y mientras esperábamos por la maestra de religión que regresara al grupo, me acosté en el banco trasero de la capilla y comencé a hacer abdominales. La maestra llegó y comenzó un proceso que aún recuerdo. Mis padres emitieron un juicio sobre mis acciones y me castigaron por un tiempo. El juicio fue apropiado. Esto para nada significa que mis padres o la maestra no me amaron. Totalmente lo opuesto, amar y castigar son definitivamente compatibles.

Dios ama al mundo entero, pero no significa que la maldad será algo que Dios deje pasar. Si lo hace no sería justo. Si fuese injusto, no amaría apropiadamente.

¿El perdón es para todos?

Para otras personas, la incomodidad no es que Dios sea justo y amoroso, sino que perciben que el perdón no es para todos si al final habrá humanos en el infierno. Es cierto que la salvación es exclusiva para los cristianos. Pero que el perdón de los pecados sea por medio de la obra de Cristo en la cruz y que seamos receptores de ese perdón por medio de la fe en la Persona de Jesús no es un impedimento para que las personas sean perdonadas. Es la manera en que el agraviado otorga el perdón. Él mismo asume el costo.

Imagina que soy un actor famoso de Hollywood. Hay una persona que ha estado copiando y vendiendo mis películas sin pasarme las regalías a mi cuenta de banco. Si esa persona se arrepiente de la piratería, su deuda sigue vigente a menos que yo se la perdone. Esa persona tendría que comunicarse y expresar su arrepentimiento, estando listo para las consecuencias. Entonces me correspondería a mí cobrarle o perdonarle. Si le perdono, soy yo quien asume la deuda, pero él quedaría sin deuda. De nada vale si el pirata va donde mi vecino a pedirle perdón, pues la falta fue contra mí. Mi vecino no puede perdonar en mi nombre una deuda que la persona tiene conmigo.

Similarmente con Dios. La deuda que tenemos es contra Dios y sólo él puede cobrarla o perdonarla. Ya ha decidido que la perdonará por medio del sacrificio de su Hijo en la cruz. Entonces es la única manera disponible para el perdón. Un perdón abierto a todos, pero sólo por medio de Cristo.

El pecado

Regularmente minimizamos el pecado. Aunque a veces pequen contra nosotros, no lo recibimos como Dios que es perfectamente santo y justo. Todos los humanos somos pecadores. Eso nos imposibilita ver con claridad al pecado tal y como es. Si viéramos la fealdad absoluta del pecado, nos veríamos a nosotros mismos como realmente somos.

Imagina esto: la rebelión de Satanás y los demonios fue un crimen tan atroz, que Dios creó el infierno para castigarlos a ellos. Su pecado contra Dios merecía una eternidad de castigo. Jesús advierte que ese castigo también alcanza a los humanos condenados: en Mateo 25:46 dice que irán al castigo eterno, mientras los justos irán a la vida eterna. Entonces llegamos nosotros los humanos y hacemos lo mismo: nos rebelamos contra Dios. El infierno no era para la humanidad, pero fue lo que Dios creó para castigar al rebelde.

La bomba teológica de hoy es que cuando finalmente la naturaleza pecaminosa sea extirpada de los corazones de aquellos a quienes se nos ha dado el honor de ser llamados hijos de Dios, miraremos el pecado tal y como es y estaremos de acuerdo absolutamente con el castigo que merece el pecador. Eso nos llevará a adorar más profundamente al Salvador que estuvo dispuesto a dar la vida para nuestro rescate. Vemos un atisbo de esto con los reclamos de los mártires, en Apocalipsis 6:9-10.

Conclusión

El amor de Dios es la otra cara de su justicia. No hay contradicciones ahí. Como dijo el autor Terry L Johnson:

El amor y la justicia, la bondad y la santidad, la gracia y la ira no son opuestos. Son complementarios. En última instancia, son interdependientes. El amor sin justicia es mero sentimentalismo. La justicia sin amor es pura venganza. Sin embargo, en Dios, «La misericordia y la verdad se han encontrado, la justicia y la paz se han besado» (Salmo 85:10).1

El infierno es el lugar preparado para el culpable que no se arrepiente ni busca restaurar su relación con Dios por medio de Cristo. El que no quiere restaurar su relación y desea permanecer sin Jesús, llega donde merece llegar. Sin embargo ese no es el deseo de Dios.

En realidad, no es que el Señor sea lento para cumplir su promesa, como algunos piensan. Al contrario, es paciente por amor a ustedes. No quiere que nadie sea destruido; quiere que todos se arrepientan. (2 Pedro 3:9, NTV)

Ante esa gracia inmerecida, nuestra reacción no debe ser cuestionar el método merecido de castigo, sino lanzarnos a los pies del Señor y recibir su perdón con fe y alegría. Dios desea que estemos con Él para siempre y por eso Cristo se entregó en nuestro lugar. ¡La deuda fue saldada! Habla hoy con Dios y dile cuánto deseas ser libre de tu deuda. Él escucha.


Fuentes:
1 – Johnson Terry L., Amor, justicia e ira (Ligonier Ministries, 5 de enero de 2023) https://es.ligonier.org/articulos/amor-justicia-e-ira/

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About Rick Lipsett

(@ricklipsett) director y portavoz de verdadyfe.com. Ha escrito numerosos artículos relacionados a la apologética Cristiana. Sirve como pastor en la Iglesia Cristiana Catacumba 9 de Cayey, Puerto Rico. Posee una maestría en Teología de Southern Baptist Theological Seminary (SBTS).
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