Violaciones, asesinatos, masacres… ¿hay que perdonarlas? ¿Por qué Jesús pide perdonar lo imperdonable? ¿Hay crímenes que no merecen perdón? ¿Por qué esta exigencia de Dios?
Vivimos en un mundo caído y roto. No sólo vemos el mal terrible en las noticias, sino que muchas veces somos víctimas de él. Cuando el pecado lo consideramos grande y atroz, chocamos con las enseñanzas de Cristo acerca del perdón.
En Mateo 18, Jesús les comparte a sus discípulos cómo manejar la restauración de un hermano que ha pecado contra ti. Da un proceso lleno de paciencia y misericordia con la intención de que las partes se arreglen y haya paz. Pero justo al finalizar, Pedro le pregunta “¿cuántas veces tengo que perdonar a mi hermano que peca contra mí? ¿Hasta siete veces?”1 Esta pregunta mueve a Jesús a dar una parábola que contesta la pregunta de hoy.
Recientemente leí una noticia sobre una denuncia de violación grupal en una casa de fraternidad de la Universidad de Cornell, en Estados Unidos. Lo que se denuncia es terrible. Una noticia así nos llena de indignación y nos hace clamar por justicia.2
Las reacciones de las personas en las redes han sido muy fuertes, como podrán imaginar. Podemos entenderlo. Pero cuando vamos a las Escrituras, nos choca fuertemente lo que Jesús enseña sobre el perdón. Simplemente no lo queremos aceptar.
Fuimos perdonados
Jesús cuenta que hubo una vez un siervo que tenía una deuda imposible de pagar al Rey. Cuando lo iban a vender como esclavos a él y su familia, ruega que se le dé una oportunidad de pagar y el Rey le perdona la deuda completamente. Cuando el siervo sale de la sala, se encuentra con un compañero que le debía una cantidad muchísimo menor. Lo coge por el cuello y hace que lo metan preso porque no le pagaba la deuda que tenía. El Rey se entera de la actitud de este siervo. Jesús nos dice la reacción que tuvo, junto con el punto que quería enseñar:
32 Entonces el rey llamó al hombre al que había perdonado y le dijo: “¡Siervo malvado! Te perdoné esa tremenda deuda porque me lo rogaste. 33 ¿No deberías haber tenido compasión de tu compañero así como yo tuve compasión de ti?”. 34 Entonces el rey, enojado, envió al hombre a la prisión para que lo torturaran hasta que pagara toda la deuda. 35 »Eso es lo que les hará mi Padre celestial a ustedes si se niegan a perdonar de corazón a sus hermanos. (Mateo 18:32-35, NTV)
Fíjate que Jesús no dice que la deuda fuera imaginaria o que no importara. Ambos tenían deudas reales. Pero como el rey tuvo compasión del siervo y lo perdonó, esperaba que este hombre mostrara compasión con los demás.
¿Cómo se supone que nos traguemos esa palabra? Cuando estamos bien y contentos, se puede recibir bien, pero cuando estamos en medio de un proceso terrible donde alguien ha hecho algo en nuestra contra, es muy diferente. Pero la Palabra no cambia según nuestras circunstancias.
La conclusión de Jesús es directa: Dios les ha perdonado a ustedes mucho más, por lo que deben perdonar como él les perdonó.
De hecho, es lo mismo que en otro momento les enseñó a sus discípulos. Cuando les daba el Padre Nuestro, dijo:
12 y perdónanos nuestros pecados, así como hemos perdonado a los que pecan contra nosotros. 13 No permitas que cedamos ante la tentación, sino rescátanos del maligno. 14 »Si perdonas a los que pecan contra ti, tu Padre celestial te perdonará a ti; (Mateo 6:12-14, NTV)
Pero, ¿cómo podemos perdonar las atrocidades que nos hacen? ¿Qué hacemos con la responsabilidad del ofensor?
Jesús nos llama a perdonar porque hemos recibido su gracia. Pero perdonar no significa justificar el delito, guardar silencio ni impedir que se haga justicia. Tampoco significa recuperar inmediatamente la confianza o reconciliarse sin arrepentimiento y cambios reales. Una víctima puede perdonar y mantener distancia de su agresor. Renunciar a la venganza personal no elimina la responsabilidad del culpable. En un caso como el de Cornell, el perdón de la víctima no elimina la responsabilidad de quienes resulten culpables ni las consecuencias que correspondan conforme a la ley.
Además de eso, es importante que reconozcamos que al final de todo, la verdadera justicia la hace el Señor mismo.
Dios es justo siempre
A Dios no se le escapan los hechos. La Biblia describe a Dios como compasivo y misericordioso, lento para enojarse y lleno de amor inagotable.3 Nota que ese texto habla de Dios y su enojo. La ira de Dios, aunque es lenta, es segura. El malvado ciertamente recibirá su castigo si no se arrepiente. En medio del dolor que puedan infligirnos, tenemos un Dios que no se le escapa el agravante. Él se encargará. Por eso la Biblia también nos dice:
Queridos amigos, nunca tomen venganza. Dejen que se encargue la justa ira de Dios. Pues dicen las Escrituras: «Yo tomaré venganza; yo les pagaré lo que se merecen», dice el Señor. (Romanos 12:19, NTV)
El castigo puede que sintamos que tarda en llegar, pero es seguro. Para quien no se arrepiente de sus pecados, el castigo nunca acabará:
… los que hicieron lo bueno, a resurrección de vida, y los que practicaron lo malo, a resurrección de juicio. (Juan 5:29, LBLA)
En la resurrección, los muertos volverán a vivir corporalmente. Jesús enseña que habrá resurrección para vida y para juicio, y en Mateo 25:46 afirma que el castigo es eterno. Quienes pertenecen a Cristo recibirán vida eterna por su gracia.
El pecado siempre es una ofensa contra Dios; el Máximo, Majestuoso, Perfecto, Eterno y Santo. Por eso, su perdón nunca significa que el mal dejó de importar.
Pero, ¿y si se arrepienten?
La ira de Dios se siente que es lenta, porque la compasión, la misericordia y el amor inagotable del Señor dan oportunidad para que los malvados no tengan que sufrir el enojo del Perfecto y Justo. La bondad de Dios es tan grande que hay posibilidad de salvación para cualquier malhechor. Incluso los criminales que consideraríamos más atroces. ¿Qué tienen que hacer? Doblar su rodilla delante de Dios y rogar perdón, como el siervo en la parábola. Al reconocer que sólo Cristo puede rescatarlos por medio de su sacrificio en la cruz, la salvación se hace accesible al que pone su Fe en Jesús.
¿Y qué pasa con toda esa deuda terrible que le debían a Dios? ¿No sería injusto que Dios simplemente perdonara sin que se pagara la deuda?
En la parábola que Jesús le contó a Pedro sobre el siervo malvado, la deuda era contra el Rey y cuando el Rey perdonó, asumió la deuda él mismo. Nadie pagó, pero lo que se le debía no se le devolvió. El Rey asumió la deuda. En la cruz, el Rey de la corona de espinas asumió toda la carga de todos los pecados que se le debían. El arrepentido recibe gracia y Cristo pagó su deuda completa.
La bomba teológica de hoy es que la justicia y el perdón de Dios no están en nuestras manos. Si lo estuvieran, en nuestro pecado, no usaríamos bien ninguna de las dos. Posiblemente haríamos mayores daños y nos convertiríamos en los villanos. Pero Dios, en su carácter perfecto, siempre actúa con justicia. Si la persona se arrepiente y confía en Cristo, recibe el favor inmerecido de Dios, porque Cristo cargó con su culpa. Si no, recibe la justicia divina que sí merece, con todo su peso para la eternidad.
Conclusión
Ningún crimen merece perdón. Cuando somos víctimas del mal, clamamos por justicia. Pero cuando somos nosotros los que dañamos a otros, deseamos misericordia y compasión. La doble vara aparece cuando queremos recibir misericordia, pero nos negamos a mostrarla. Pero Dios se asegura que se haga justicia siempre. Ya sea en el infierno o en la cruz, el pecado nunca queda sin castigo. Dios exige de nosotros perdonar porque él mismo estuvo dispuesto a perdonarnos a nosotros que le debíamos mucho más a Él.
Por eso, necesitamos ir humildemente delante del Rey que nos perdonó y rogar por ayuda para perdonar. Necesitamos permitirle transformar nuestros corazones para alinear nuestra voluntad a la de él y perdonar a nuestros ofensores. No negando las consecuencias que pueda traer la acción, pero soltando la deuda en nuestro corazón al confiar en que Dios es quien se encarga de la justicia siempre. Hoy, practica el perdón. Quizás hoy ese paso comience con una oración: “Señor, quiero obedecerte, pero me duele. Ayúdame a perdonar”. El dolor no desaparecerá de inmediato, pero Dios estará en el asunto para cobijarte.
Fuentes:
1 – Ver Mateo 18:21
2 – Ver: https://abcnews.com/US/gang-rape-allegations-cornell-suspends-frat-parties-remainder/story?id=137231862
3 – Ver Salmos 103:8



