La Burla NO es un Argumento

La gran mayoría de los argumentos ateístas no tienen peso. Esto se hace evidente cuando uno utiliza términos neutrales en vez de “Dios,” “religión” o “ciencia”. Por lo general el poder de su “argumento” no viene de lo que dice, sino de cómo lo expresa.

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Uno de los ejemplos más comunes:

  • Dios es bueno (supuestamente)
  • Pero, experimento dolor y sufrimiento (cosa que Dios no permitiría)
  • Por lo tanto, Dios no existe.

Esta es una presentación poco favorecedora, pero es uno de los argumentos que más se escucha de los ateos.

Hagamos el mismo argumento pero cambiando la palabra “Dios” a algo neutral:

  • El mantecado es bueno (supuestamente)
  • Pero, el mantecado me causa dolor de estómago (cosa que no se supone que venga de algo bueno)
  • Por lo tanto, el mantecado no existe.

¿Qué dices? ¿No estás de acuerdo con que los mantecados no existen?

Eres un morón. Crees en cuentos de hadas. Nadie que piensa cree en algo tan ridículo como que el mantecado existe. ¿Tienes cuatro doctorados y dos maestrías, como yo? Todos los expertos (que me importan) están de acuerdo que el mantecado no existe. TODOS los científicos saben que cuando se examina tal cosa como la existencia del mantecado, primero se tiene que asumir que no existe el mantecado. ¿Eres más inteligente que todos ellos? Claro que no, porque eres un idiota.

Como pueden ver, el poder y el peso del asunto no está en el argumento.

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La Burla = “Bullying” Intelectual

La burla es una apelación a las emociones donde no se debate el punto que se trajo, sino que se trabaja para hacer ver a la otra persona como ignorante, intolerante, o falto de conocimiento (como un estúpido). Entonces, a la persona que recibe la burla (y las personas que escuchan la burla) se les activa el deseo de no ser excluído (o no parecer un idiota). ¡Es una especie de “bullying” intelectual!

Generalmente, mucho antes de que se presenten datos y argumentos válidos (si es que se traen), nos encontramos con comentarios condescendientes, como: “Bendito. Es que tú no sabes. Ya las personas inteligentes decidieron sobre el asunto. Quiere ser de los inteligentes, ¿verdad que sí?”

Es impresionante lo efectivo que es.

Aparentemente, uno puede hacerle creer cualquier cosa a cualquiera – siempre y cuando se pueda ridiculizar las alternativas contrarias de forma efectiva. No se necesitan puntos válidos ni argumentos – sólo una actitud imponente.

Por supuesto, el propósito no es abrumar con evidencias y argumentos, pero convencer al pequeño estúpido de que está mal – no con argumentos racionales, sino apelando a su meta inata de ser aceptado y contado como inteligente.

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Dónde falla la burla

Hoy día, este tipo de “argumentación” es muy evidente en el caso del matrimonio del mismo sexo, por nombrar un ejemplo (hay más). Se espera que uno perciba como auto-evidente que cualquiera que se preocupa por derechos civiles tiene que estar de acuerdo con que las parejas del mismo sexo se puedan casar. Se presenta como “obvio” que el matrimonio entre parejas del mismo sexo no es más que una extensión de los matrimonios interraciales y que los derechos de los homosexuales son una extensión de todas las otras luchas de derechos civiles.

Pero… ¿dónde están los argumentos a favor de ello?

Lo único que se sabe decir en defensa de esta postura es una sola palabra: “¡Intolerante!

Y nadie quiere ser intolerante, ¿verdad?

No hay apologética en el mundo que pueda contrarrestar el deseo de no parecer un idiota ante los demás, aunque eso signifique aceptar posturas ilógicas, sin ningún tipo de argumentación. Créelo o no, la burla es uno de los retos más comunes a la fe Cristiana y lo peor de todo es que la persona que ofrece las burlas piensa que está trayendo argumentos.

Sin embargo, decir: “La Biblia es un cuento de hadas” NO es un argumento. No se explica por qué ni se apoya el porqué con razonamientos válidos. Termina siendo una opinión.

No nos dejemos influir por actitudes sobreponentes con palabras vacías. La pregunta “¿Por qué?” te ayudará mucho en situaciones así. Pregunta sobre los fundamentos lógicos detrás de la afirmación burlona: “¿Por qué es como un cuento de hadas?” o “¿Por qué piensas que tiene que ver con derechos civiles?” para entonces poder entrar en una discusión que lleve a razonar correctamente sobre el asunto presentado.

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