Cómo “Quitarle los Dientes” a un Argumento

Leon vs Gatito

Hay algunos argumentos en contra de Dios, la Biblia y/o el Cristianismo que, de primera instancia parecen feroces – que muerden con dientes afilados y se agarran de nuestros pensamientos. Por lo menos, así se siente cuando alguien suelta esa frase o idea que te frena el pensamiento y que parece lógica.

Entonces, ¿qué hacemos en momentos así?

El propósito de esta entrada es ayudarte a manejar un momento como este.

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Cuando le “quitamos los dientes” a un argumento, el mismo pierde su agarre y su fuerza sobre nuestro intelecto. Algo que parecía lógico y verdadero, viene a ser revelado por lo que es: un argumento débil, una falacia y/o una mentira.

Para aprender a “quitar dientes,” debes entender – por encima de todo lo demás – que Dios es la verdad absoluta. Por esta razón, todo lo que se levante en contra de la verdad de Dios deja de ser la verdad. Al no ser la verdad, lo únicos dientes que puede tener un argumento en contra de Dios son imaginarios – lo que falta es saber por dónde agarrarlos. Cuando puedes ver que los argumentos no tienen dientes, puedes ayudar al que trajo el argumento a verlo también.

También es importante recordar que el propósito de “quitar dientes” no es avergonzar a tu oponente ni humillarlo, sino que tengas las herramientas para quitar el agarre intelectual que un argumento pueda tener sobre tí. Siempre el propósito de éste tipo de encuentro debe ser establecer una relación amistosa (si es posible, como mínimo una relación de respeto mutuo) de modo que la persona pueda ver a Cristo en tí, no necesariamente en tus argumentos.

A continuación se describen tres métodos generales para navegar argumentos difíciles:

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Método #1: “¿A qué te refieres con eso?” (Defensa con preguntas)

La gran mayoría de las veces, cuando alguien dice algo que te parece agarrarte con los dientes, haz esta pregunta: “¿A qué te refieres con eso?”

¿Por qué esta pregunta?

Esta pregunta cumple dos propósitos: primero, pone a la persona a pensar y explicar lo que dijo y, segundo, la explicación tiende a ser más fácil de manejar en la mayoría de los casos. Una vez dé una explicación, haz todo lo posible por indagar más y averiguar más sobre la postura de la persona (no olvides que estás tratando de establecer una relación). Esto se hace a través de preguntas.

Intenta identificar palabras claves en la conversación y pregunta sobre ellas. Por ejemplo, supongamos que se está hablando del aborto y la persona dice: “El feto no es una persona porque no es un ente independiente.”  ¿Cuál es la palabra clave en su declaración? La palabra “independiente.” Lo correcto sería preguntarle sobre ella: “¿A qué te refieres con que el feto no es ‘independiente’?”

En este caso particular, la persona explicó que un feto no podía alimentarse por sí solo y necesitaba protección de otra persona. Nota cómo la pregunta de “¿A qué te refieres con…?” expuso las fallas en el argumento, así quitándole los dientes. ¿Cuáles fallas? A menos que crezcas/críes tu propia comida y seas invencible como Superman, una inmensa mayoría de la población del mundo (no sólo los “fetos”) necesita de otro para alimentarse y protegerse, por lo cual no son verdaderamente independientes.

Sin duda alguna, esta pregunta es sumamente clave y esencial para las conversaciones difíciles.

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Método #2: “¿Por qué crees eso?”

Esta pregunta llega hasta el origen de una creencia. Es una pregunta importante que revela lo que hay detrás de su argumento, pero también destapa un poco de su persona. Esta pregunta también cumple dos propósitos: (1) poner el peso de la prueba sobre los hombros de la persona correcta (más sobre esto luego) y (2) a que él mismo tenga que desmenuzar su argumento.

Por ejemplo, cuando una persona dice: “Dios no existe”, la pregunta correcta es “¿Por qué crees que Dios no existe?” Esto obliga a la persona a defender su posición a desmenuzar su argumento. Puede contestarte algo como: “Porque si Dios existiese, no hubiese sufrimiento en el mundo.” Eso revela que es una persona que se preocupa por los demás. Tal vez hasta conozca de algún caso específico y personal en el cual pasó por sufrimiento o estuvo con alguien que sufrió.

Por otro lado, si te dice que no hay suficiente evidencia como para saber que Dios existe, puedes utilizar el Método #1 (“¿A qué te refieres con que no hay suficiente evidencia?”), o reiterar la pregunta inicial: “¿Por qué crees que no hay suficiente evidencia?”

Recuerda, intenta obtener la mayor cantidad de información para poder entender a la persona mejor. Esto te ayudará a poder formular un mejor argumento.

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Método #3: “¿Cómo lo sabes?”

Esta pregunta se utiliza a menudo, pero no es tan universal como las preguntas de los Métodos anteriores. Esta pregunta es efectiva cuando la persona presenta algún tipo de dato que no suena común. Por ejemplo, si se está hablando del aborto y la persona dice que un feto y un bebé no son lo mismo, una buena pregunta sería: “¿Cómo sabes que el feto no es un bebé?” 

Todo reclamo que una persona haga, puede ser cuestionado. A veces, DEBE ser cuestionado.

Es importante entender que cuando alguien dice algo que NO sea una pregunta sincera, NO TE TOCA A TÍ DEFENDER EL PUNTO. No seas tentado/a a tener que contestar cosas que no sean preguntas sinceras. Si alguien dice que tiene un perro que habla, le toca a esa persona presentar pruebas a favor de su punto. Si alguien dice que Dios no existe, la carga de la prueba y la responsabilidad de presentar evidencias está sobre esa persona. Si tú dices que Dios existe, entonces te toca a tí defender esa postura. (Si te encuentras en esta  posición, lee los argumentos a favor de la existencia de Dios aquí.)

Es posible que la persona intente de escaparse de la carga de la prueba. No lo permitas. El peso de la prueba queda exactamente encima de los hombros de quién trae la declaración.

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¿Qué pasa si no logré quitarle los dientes al argumento?

El error es pensar que tienes una sola oportunidad para quitar los dientes. Por esto es importante obtener toda la información posible de la postura contraria, manteniendo una relación de respeto y, si es posible, amistad. No lo veas como una pelea de boxeo, sino como un juego de ajedrez. Es un proceso, no algo efímero – por lo menos, no debe serlo.

Si te encuentras en una situación el la cual los dientes no te dejan pensar, sencillamente responde algo como:

“Eso es un buen punto que no había considerado. ¿Te molestaría si lo investigo y luego lo discutimos nuevamente?”

Esta contestación no ofende al opositor y te provee oportunidad para buscar personas (como tu pastor o líder de iglesia) y recursos (como ésta página; nos puedes contactar) que te puedan ayudar a quitarle los dientes al argumento.

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Por último, nunca olvidando de las palabras de Pedro en este tipo de situación:

“En cambio, adoren a Cristo como el Señor de su vida. Si alguien les pregunta acerca de la esperanza cristiana que tienen, estén siempre preparados para dar una explicación; pero háganlo con humildad y respeto. Mantengan siempre limpia la conciencia. Entonces, si la gente habla en contra de ustedes será avergonzada al ver la vida recta que llevan porque pertenecen a Cristo.” (1 Pedro 3:15-16 [NTV], énfasis añadido)

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