¿Los demonios sabían de la Trinidad?

Episodio #164 de nuestro podcast.

El pasado 18 de enero publicamos nuestra respuesta a la pregunta: «¿Satanás sabía de la Trinidad y concluimos que no. Hoy queremos reexaminar el caso pues estamos conscientes que hay otros momentos donde se deja entender que los demonios parece que sí sabían que Jesús es el Hijo de Dios. Si eso se refiere a que conocían que era la Segunda Persona de la Trinidad, entonces había un conocimiento adicional sobre la realidad de Dios que a la iglesia le tomó cientos de años de reflexión teológica para concluir.

El texto que quiero poner delante de ustedes hoy, se encuentra en Marcos 1: 34 (NTV):

“Entonces Jesús sanó a mucha gente que padecía de diversas enfermedades y expulsó a muchos demonios, pero como los demonios sabían quién era él, no los dejó hablar.”

Nosotros en Verdad y Fe no estamos de acuerdo en interpretaciones alegóricas, a menos que el texto mismo señale de alguna manera que debe ser interpretado así, como en el caso de las parábolas de Jesús. De lo contrario, estudiamos cada texto según su sentido inmediato.

A simple vista se ve aquí en Marcos 1: 34 que los demonios sabían quién era Jesús.

Pero hay algo que debemos considerar, que no se ve a simple vista.

El Nuevo Testamento fue escrito en griego. Es muy útil examinar qué palabra se usó en el griego para “sabían” en el versículo en cuestión. En efecto, encontramos que saber, tiene dos posibles palabras en el griego y de acuerdo a la que se usa es lo que significa ahí en el versículo. Las dos palabras griegas son “eidó” y “ginóskó” y el significado de cada una es así:

  • Eidó: darse cuenta, contemplar, considerar, percibir
  • Ginóskó: saber, especialmente a través de la experiencia personal

Eidó conlleva una observación y descubrimiento por lo percibido, mientras que ginóskó es conocimiento por medio de una relación íntima.
 
¿Cómo nos ayuda esta información para interpretar el texto?

Marcos usó Eidó. Leería algo así:

“Entonces Jesús sanó a mucha gente que padecía de diversas enfermedades y expulsó a muchos demonios, pero como los demonios (eidó) se dieron cuenta luego de contemplarlo quién era él, no los dejó hablar.”

Entonces, podemos ver que se refiere a que le observaron y por cómo se comportaba, hablaba y hacía, era obvio para ellos que tenía una relación peculiar con Dios. En ese sentido, cae sobre el renglón del título “Hijo de Dios” que encontramos en el Antiguo Testamento cuando se refiere a personas con una relación cercana con Dios (como Salomón, la nación de Israel y los Ángeles).

El concepto judeo-cristiano de Satanás y los demonios es que nos son omnisapientes. Fueron creados por Dios, quien es el único que lo sabe todo. Significa que hace sentido que ignoraran detalles sobre Dios. Recordemos que fue luego de una contemplación profunda y centenaria de la persona de Cristo que la Iglesia eventualmente llegó a la conclusión teológica que la Biblia en efecto nos estaba revelando que Dios es uno en sustancia, y tres en personas.

Por lo tanto, aunque no tenemos una afirmación o negación absoluta en la Biblia que nos diga literalmente si los demonios o Satanás sabían o no si la Trinidad era real, podemos inferirlo por el tipo de interacción que tienen con Jesús, como hablamos la vez anterior, donde Satanás tentó a Dios, siendo eso absurdo pues Dios no puede pecar.

Además si seguimos leyendo en Marcos 1: 44 Jesús le dice a un hombre que sanó de lepra que no le diga nada a nadie tampoco. Entonces inferimos que el énfasis está en que Jesús no quería la popularidad temprana en su ministerio.

En Mateo 13: 10-14, Jesús les explica a sus discípulos que enseñaba en parábolas para que la gente, aunque escuchaba, no entendiera. Esto no nos hace sentido, si pensamos que Jesús lo que deseaba era popularidad. Pero Jesús deseaba recibir a las personas que el Padre les había escogido. No buscaba ganarlos como lo haría un artista famoso hoy día.

Juan 6:37-40 (NTV)

37 Sin embargo, los que el Padre me ha dado vendrán a mí, y jamás los rechazaré. 38 Pues he descendido del cielo para hacer la voluntad de Dios, quien me envió, no para hacer mi propia voluntad. 39 Y la voluntad de Dios es que yo no pierda ni a uno solo de todos los que él me dio, sino que los resucite, en el día final. 40 Pues la voluntad de mi Padre es que todos los que vean a su Hijo y crean en él tengan vida eterna; y yo los resucitaré en el día final.

Con esto en mente, vemos el pasaje en cuestión hoy y nos podemos preguntar: ¿Qué hubiese pasado si los demonios, ante la experiencia de exorcismo con Jesús, descubrieran que tenía una relación única con Dios y lo divulgaran? Seguramente hubiese obtenido seguidores que vinieron por el testimonio de un demonio. No suena al modo en que Jesús quería que la gente llegara. En su momento, Pedro declaró que Jesús es el Mesías, Hijo de Dios y la importancia que Cristo dio fue que se lo reveló su Padre, no fue carne ni sangre.

Según fue progresando el ministerio de Jesús en la tierra, las masas de gente comenzaron a seguirle. Es cierto, pero Cristo se encargaba de que cada cierto tiempo les confrontaba con sus intenciones de seguirle y muchos terminaban alejándose, pues lo que buscaban eran los milagros, no querían realmente internalizar a Jesús en sus corazones. Esto lo vemos, por ejemplo, en Juan 6:58-68 (NTV):

“58 Yo soy el pan verdadero que descendió del cielo. El que coma de este pan no morirá—como les pasó a sus antepasados a pesar de haber comido el maná—sino que vivirá para siempre». 59 Jesús dijo esas cosas mientras enseñaba en la sinagoga de Capernaúm. 60 Muchos de sus discípulos decían: «Esto es muy difícil de entender. ¿Cómo puede alguien aceptarlo?». 61 Jesús estaba consciente de que sus discípulos se quejaban, así que les dijo: «¿Acaso esto los ofende? 62 ¿Qué pensarán, entonces, si ven al Hijo del Hombre ascender al cielo otra vez? 63 Solo el Espíritu da vida eterna; los esfuerzos humanos no logran nada. Las palabras que yo les he hablado son espíritu y son vida, 64 pero algunos de ustedes no me creen». (Pues Jesús sabía, desde un principio, quiénes eran los que no creían y también quién lo traicionaría). 65 Entonces les dijo: «Por eso dije que nadie puede venir a mí a menos que el Padre me lo entregue». 66 A partir de ese momento, muchos de sus discípulos se apartaron de él y lo abandonaron. 67 Entonces Jesús, mirando a los Doce, les preguntó: —¿Ustedes también van a marcharse? 68 Simón Pedro le contestó: —Señor, ¿a quién iríamos? Tú tienes las palabras que dan vida eterna.”

En conclusión, inferimos que los demonios no sabían la profundidad de quién era realmente Jesús. De la misma manera, Cristo no les dejaba revelar lo que ellos observaron sobre él; entiéndase, que tenía una relación peculiar con Dios como vemos en el Antiguo Testamento. Los demonios usaban el marco de referencia que tenían sobre el uso de “Hijo de Dios” y ni tan siquiera ese título quería Jesús que lo dijeran pues el deseo de Cristo era recibir a los que el Padre le entregara. No deseaba ganar concursos de popularidad y mucho menos recibir seguidores por el testimonio de demonios.

Acerca de Rick Lipsett

(@ricklipsett) director y portavoz de verdadyfe.com. Ha escrito numerosos artículos relacionados a la apologética Cristiana. Sirve como pastor en la Iglesia Cristiana Catacumba 9 de Cayey, Puerto Rico.
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