¿Es pecado hablar malo?

Sencillamente sucede.

De pronto, el dedo meñique del pie se encuentra con la equina de la puerta… y pasó. Soltamos una palabrota. Es una reacción que sucede, a veces, sin que tengamos tiempo de pensar. Pero, las palabras son sólo palabras, ¿no? La palabra “perro” no muerde y la palabra “[estiércol]” no apesta.

¿Verdad?

Bueno, no es tan sencillo.

¿Cómo se define una “palabra mala”?

Creo que es justo definir “hablar malo” como todas las palabras que son denigrantes y crudas. También pienso que es justo proponer que “palabras malas” incluyen cualquier palabra que se utilize para denigrar a cualquier individuo o para expresar una insatisfacción extrema ante una situación. Así, se puede aplicar generalmente; no sólo lo que se acepte cultural o socialmente como una “mala palabra.”

Entonces, ¿por qué es pecado?

Por dos razones:

  • cuando hablas insultando a otra persona, no estás amando a esa persona (1 Juan 4:7).
  • cuando hablas mal tú, estás dañando tu corazón (Lucas 6:45).

¿Qué dice la Biblia?

“Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes.” (Efesios 4:29)

Y otra vez en Santiago 3:9-10

“Con [la lengua] bendecimos al Dios y Padre y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios. De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así.”

En Proverbios 10:32 dice:

“Los labios del justo destilan bondad; de la boca del malvado brota perversidad.”

¿Y Jesús? ¿Qué dice?

“El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo, porque de la abundancia del corazón habla la boca.” (Lucas 6:45)

Me encanta cómo Jesús siempre identifica la raíz del asunto. El hecho de que se hable malo es un síntoma del estado del corazón.

Eso significa que, cuando la puerta de mi auto se cierra en mi mano y grito: “¡UNICORNIOS CANTANDO!” puede tener el mismo efecto sobre mi corazón que cuando digo algo mucho más severo, si mi corazón está dañado.

Si en el corazón hay ira, contiendas, rebeliones, et cétera, nuestra boca lo reflejará – tanto con nosotros mismos como con los que nos rodean.

Una persona que expone su corazón a pornografía y sexo, ¿qué piensa? ¿Qué habla? Así, si no atendemos la situación de nuestro corazón, nuestra boca será testigo de lo que hay en él. Como dijo una amiga mía: “Si entra basura, basura es lo que saldrá.”

¿Cómo puedo dejar de hablar malo?

El hecho de que hablemos malo significa que hay cosas dentro de nuestro corazón que nos provocan a reaccionar de una manera errónea.

  • Por lo general, lo más común es hablar malo cuando nos enojamos. Nuestro corazón se llena de ira y violencia. Piensa en esto: ¿Por qué nos enojamos? Nos enojamos cuando nos sucede algo que no nos gusta y/o que no podemos cambiar. Si no lo podemos cambiar, ¿por qué enojarnos? Gastemos nuestras energías concentrándonos en resolver las consecuencias de ello. Si lo podemos cambiar, ¿por qué enojarnos? Sencillamente, lo cambiamos. En este sentido, enojarse es ilógico.
  • Intenta memorizarte algunos versículos bíblicos para recitar. Cuando suceda algo, respira profundo, cierra los ojos y recita el versículo. Puedes recitar Lucas 6:45 (citado arriba) o Proverbios 15:1, que dice: “La blanda respuesta quita la ira; Mas la palabra áspera hace subir el furor.” Recuerda: si llenas tu cabeza y tu corazón de la Palabra, eso es lo que reflejarás.
  • Si hablas malo cuando estás con amigos – en serio – consigue mejores amigos. Si te gustan tus amigos, no bajes a su nivel – ¡que suban al tuyo! Si son verdaderamente tus amigos, te apoyarán. Si no, pues, sales mejor sin ellos.
  • Si hablas malo mientras guías tu auto… te entiendo. Uno no aprende a hablar malo hasta que se aprende a manejar un auto. Pon música cristiana. Alza el volumen, respira profundo y entrégale a Dios tus emociones. Poco a poco, he aprendido a orar y bendecir a aquellos que guían… no tan bien.

Creo que lo más importante es nuestro testimonio como Cristianos y que somos Embajadores de Cristo en este mundo (2 Corintios 5:20) y debemos vivir como Jesús vivió (1 Juan 2:6). Si la forma en la cual hablamos no les deja saber a los que nos escuchan que amamos a Cristo y vivimos para Él, entonces algo en nosotros debe cambiar.

Nuestra oración no debe ser “Dios, ayúdame a no hablar malo,” sino “Señor, cambia mi corazón para que te glorifique en todo lo que digo.”

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