Las personas que nunca han escuchado del Evangelio, ¿van para el infierno?

Esta pregunta viene de muchísimas formas y se ha hecho de muchísimas maneras. Sin embargo, todas en cierto sentido preguntan lo mismo:

¿Qué pasa cuando alguien muere sin haber escuchado de Dios/Jesús/El Evangelio?

Es una pregunta justa. Después de todo, nuestra salvación viene a través de Jesús y el Evangelio no es más que las buenas noticias anunciando eso mismo: que nuestra salvación viene a través de Jesús.

¿Listos? Comencemos.

Dios es infinitamente Justo y su Justicia es perfecta. Por lo tanto, Dios nunca juzgaría a una persona a base de aquello que no conoce.

Es ilógico pensar que hay personas que van para el infierno por un “error” geográfico o de historia.

Hay un estándar diferente y la Biblia lo hace claro:

Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad; porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. (Romanos 1:18-20, énfasis añadido)

La creación misma revela que hay un Ser Creador y somos creación que le debemos nuestra obediencia a ese Ser. Todo lo que impida que esa verdad sea revelada (como dice el versículo 18) responderá a la ira de Dios. Es decir: las tribus indígenas que nunca han escuchado de Jesús, sí conocen de dónde Jesús vino (del Padre), porque lo invisible de Dios es claramente visible en Su creación – por lo tanto, no tienen excusa.

En otras palabras, no serán juzgados por lo que no saben, sino por qué hicieron con lo que sí sabían.

Además, Eclesiastés nos dice que Dios puso “eternidad en el corazón [del hombre]” (Ecl. 3:11). Esto significa que podemos afirmar lo que dice C.S. Lewis: si Dios no existiese, no supiésemos que no existe – de la misma manera que, si nunca hubiesen existido ojos, nadie se preguntaría: “¿qué es luz?” o “¿qué es ver?”

Por lo cual, una persona en lo más remoto del mundo, siempre busca explicación para la naturaleza, las leyes que la gobiernan y su propia existencia. Es por esto que todas las tribus y civilizaciones (tanto las antiguas como las de hoy día) tienen deidades creadoras. Esto C.S. Lewis le llama “El Argumento del Deseo.”

La búsqueda de la verdad es algo innato; nacemos con nuestra necesidad de Dios.

Es por esto que Dios juzgará según esa verdad moral innata que hay en los corazones y el conocimiento adquirido a través de la creación. Dios juzgará a las personas que nunca han escuchado de Jesús de manera diferente – pero habrá juicio porque nadie tiene excusa.

A todo esto, no podemos olvidarnos de que Dios es amor y misericordioso. Dios no quiere que “ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9) y quiere que “todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1 Timoteo 2:4). Dios no crearía un mundo en el cual todos tuviésemos la libertad de escogerlo o rechazarlo y al mismo tiempo que TODOS fuesen salvos. Sin embargo, es razonable pensar que Dios ordenó el mundo para que todos tuviesen la oportunidad de escoger a favor de Él. Por esto la venida de Cristo tarda. Dios – en su misericordia – espera a que TODOS tengan la oportunidad de escuchar el Evangelio para ENTONCES traer el fin (Mateo 24:14).

Por lo tanto, la persona que nunca ha escuchado de Jesús, ¿va para el infierno?

No necesariamente.

Dios lo juzgará según las decisiones que tomó a base del conocimiento disponible acerca de Dios; en su corazón (moralidad) y en su entorno (creación). Como dice C.S. Lewis, él será juzgado a base de las cualidades divinas que sí conoce y practica (como amor, paz, bondad, benignidad, justicia, misericordia, etc) y su búsqueda del Creador de su entorno.

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