Somos románticos con la Palabra muchas veces. Leemos la Palabra y nos cautiva su belleza moral. También es común que pasemos por encima de las enseñanzas de Jesús y quedamos maravillados por lo que nos dice. Vemos unas partes y otras, las pasamos de largo. Por ejemplo, pensamos en que Jesús enseñó que él da la luz de su sol tanto a los malos como a los buenos y envía la lluvia sobre los justos y los injustos por igual, pero quizás se nos olvida que lo dijo para exigir a los suyos que sean perfectos como el Padre es perfecto (Mateo 5: 46-49). Es cierto que Jesús nos ama con amor inagotable. Lo mostró en la cruz. Pero también es cierto que seguir a Cristo o pertenecer a Dios es cosa seria. No sé si todos lo entendemos.
Quizás decimos ligeramente que somos Cristianos porque venimos a la iglesia los domingos o porque nos criaron en el cristianismo. Pero ser cristiano es ser seguidores de Jesús. Ser seguidores de Jesús es imitarlo a él. Imitarlo es morir a nosotros. ¿Estamos en ese camino?
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