Si la Biblia es clara, ¿por qué hay tantas interpretaciones?

Episodio 330 de Verdad y Fe Podcast

Probablemente has escuchado a alguien decir: “Bueno, esa es tu interpretación de la Biblia. Cada cual la interpreta a su manera”.

Y, a primera vista, parece un argumento bastante razonable. Después de todo, si todos tenemos la misma Biblia, ¿por qué existen tantas denominaciones? ¿Por qué cristianos sinceros pueden leer el mismo pasaje y llegar a conclusiones diferentes? Y si dos personas pueden interpretar un texto de manera distinta, ¿cómo sabemos cuál interpretación es correcta?

Pero aquí hay una pregunta todavía más importante: ¿el hecho de que un texto pueda ser interpretado de diferentes maneras significa que todas esas interpretaciones son igualmente válidas?

Porque una cosa es decir que existen muchas interpretaciones. Y otra muy distinta es decir que el texto puede significar cualquier cosa que nosotros queramos. 

El problema de la interpretación bíblica no es uno nuevo. Desde el Nuevo Testamento lo vemos expresado. Por ejemplo, el propio apóstol Pedro, hablando sobre los escritos de Pablo, dijo:

Algunos de sus comentarios son difíciles de entender, y los que son ignorantes e inestables han tergiversado sus cartas para que signifiquen algo muy diferente, así como lo hacen con otras partes de la Escritura. (2 Pedro 3:16, NTV)

La claridad bíblica no significa que cada pasaje sea igualmente fácil de entender, ni que todo cristiano interpretará correctamente cada texto, ni que no necesitemos maestros, estudios o contexto. Lo que significa es que el mensaje central de las Escrituras, especialmente aquello que necesitamos conocer para entender quién es Dios, quiénes somos nosotros y cómo podemos ser reconciliados con él, ha sido comunicado de manera suficientemente clara para ser comprendido.

Un texto puede tener un significado determinado dentro de su contexto y, al mismo tiempo, numerosas aplicaciones legítimas.

Qué necesitamos para interpretar la Biblia correctamente

La Biblia es peculiar. Al haber sido compilada hace miles de años, estamos muy distanciados de su contexto histórico, cultural, geográfico y cualquier otro.

La comunicación efectiva funciona cuando tenemos un emisor y un receptor. Entre estos dos, debe haber un código común que usen para poder entenderse y por medio de un canal que les permita enviar y recibir ese código.

Cuando vamos a la Biblia, no es la excepción. Los autores bíblicos escribieron desde su idioma, cultura e historia y lo pusieron por escrito. Nosotros hoy recibimos su escritura traducida a nuestro idioma y todo organizado bajo una sola cubierta. Significa que es la labor del receptor (nosotros) entender bien el código utilizado y el canal para poder llegar a conclusiones sobre lo recibido. En ese sentido, hay que tener en cuenta 6 cosas, para interpretar la Biblia:

  1. Autor:
    Quién fue el autor, ¿qué sabemos de su vida? ¿A quién se dirige? ¿Qué ilustraciones hace? ¿Cuál es su estilo?
  2. La audiencia inicial:
    No fuimos nosotros , por lo tanto, no debemos ir directamente a buscar significado para nosotros. Hay que indagar sobre quiénes eran y qué habrían entendido
  3. Contexto:
    Aquí se trata del mundo histórico/cultural/literario en el que ocurre la comunicación.
  4. Géneros literarios:
    La Biblia se entiende conforme a su género literario. En la Biblia tenemos una pluralidad de géneros. De hecho, a veces tenemos más de un género por libro: 
  • Narrativa e historia
  • Poesía y Canto
  • Literatura de sabiduría
  • Profecía
  • Evangelios
  • Epístolas
  • Apocalíptica
  1. Intención del autor:
    Luego debemos estar conscientes de cuál fue la intención del autor al escribir el texto. ¿Qué quería comunicar? ¿A quién? ¿Por qué? ¿De qué manera lo hizo? ¿Qué quería señalar o enseñar?
  2. Aplicación personal:
    Finalmente, después de entender qué comunicaba el texto en su contexto original, podemos preguntarnos cómo ese texto se aplica a nosotros hoy. A veces encontraremos principios que trascienden aquel contexto; otras veces, el texto nos revelará verdades acerca de Dios, de su obra o de nuestra relación con él que debemos creer y vivir.

Cuando entendemos esto y lo aplicamos apropiadamente, tendremos una mejor oportunidad de llegar a una interpretación correcta de la Biblia. Mientras más objetivos seamos al estudiar, mejor será la interpretación. Muchas veces se interpreta mal la Biblia, porque se falló en alguno de los pasos previos.

Así que es cierto que algunos llegamos a unas interpretaciones y otros a otras, pero no se debe a que el texto sea engañoso. Pueden haber varias razones para la discrepancia:

  • Falta de información
  • Presuposiciones teológicas
  • Tradiciones interpretativas
  • Diferencias sobre cómo relacionar unos textos con otros
  • Problemas lingüísticos
  • Inferencias distintas
  • Nuestra propia falibilidad.

Esto se complica cuando el texto expresa algo que no se vuelve a repetir o explicar en la Biblia. A estos se les llama: textos oscuros: textos que son difíciles de explicar. Sin embargo, somos muy afortunados pues las doctrinas centrales de la fe cristiana no descansan sobre un único texto oscuro.

Qué hacemos ante la pluralidad de interpretaciones

Hay veces que dos cristianos opinamos diferente sobre un texto. Ahí es conveniente adoptar una postura humilde, reconociendo que no tenemos todo el conocimiento y podríamos estar en un error. Si ambas personas van a la conversación con esa actitud, se puede examinar de cerca la disputa y cada cual asumir su postura.

Dentro del cristianismo hay diversidad de posturas en diferentes temas. Por ejemplo, hace dos semanas publicamos el episodio 328 del podcast, titulado: ¿Existía la muerte antes del pecado de Adán?, dejaré el enlace en la descripción. (https://verdadyfe.com/2026/08/26/existia-muerte-antes-pecado-adan/). En ese episodio presentamos algunas ideas con las que nosotros los cristianos no logramos ponernos de acuerdo. Estos temas de divergencia son llamados doctrinas secundarias o terciarias. Si son del segundo nivel, lo que podría suceder es que los cristianos se identifiquen en diferentes denominaciones. Cuando son diferencias del tercer orden, suelen poder convivir en una denominación.

Cuando la interpretación difiere en alguna doctrina del primer orden (doctrina esencial), las personas se identifican como cristianos o como no cristianos. Esto es lo que sucede, por ejemplo, con los Testigos de Jehová. No son cristianos ortodoxos porque niegan doctrinas del primer nivel: la deidad de Jesús.

La bomba teológica de hoy es que las ideas importan y tienen consecuencias. Cuando interpretamos incorrectamente la Biblia, nos puede llevar a creer algo que no es cierto. Se originan ideas falsas de quién o cómo es Dios, qué nos espera luego de la muerte, etc.

Conclusión

El cristiano debe aprender a entender las Escrituras. Es parte del proceso de madurez en la fe. Significa que no es algo inmediato. Es un proceso que con paciencia vamos creciendo. No debemos conformarnos con un entendimiento superficial de las Escrituras. Por eso encontramos textos como este en la Biblia:

12 Hace tanto que son creyentes que ya deberían estar enseñando a otros. En cambio, necesitan que alguien vuelva a enseñarles las cosas básicas de la palabra de Dios. Son como niños pequeños que necesitan leche y no pueden comer alimento sólido. 13 Pues el que se alimenta de leche sigue siendo bebé y no sabe cómo hacer lo correcto. 14 El alimento sólido es para los que son maduros, los que a fuerza de práctica están capacitados para distinguir entre lo bueno y lo malo. (Hebreos 5:12-14, NTV)

Estudiar la Biblia debería convertirse en el mayor deleite del cristiano. Es un lugar especial donde podemos ver el corazón de Dios y de él recibir dirección, corrección y sabiduría. En las páginas de la Biblia hallamos vida abundante para nosotros. Sus palabras nos incitan a invitar al mundo a conocer a este, tan buen Dios que se ha revelado a nosotros y hecho todo lo que era imposible para nosotros para salvarnos y regresarnos a una amistad con él.

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About Rick Lipsett

(@ricklipsett) director y portavoz de verdadyfe.com. Ha escrito numerosos artículos relacionados a la apologética Cristiana. Sirve como pastor en la Iglesia Cristiana Catacumba 9 de Cayey, Puerto Rico. Posee una maestría en Teología de Southern Baptist Theological Seminary (SBTS).
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