Imagina que tu hijo llega de la universidad de su clase de biología y te muestra una diapositiva donde dice: “El creacionismo es contrario a la causalidad natural.”
Inmediatamente muchos padres pensaríamos: “¡Le están enseñando que Dios no existe!” Pero antes de reaccionar de esa manera, vale la pena hacer una pregunta más importante: Con esa diapositiva, ¿están haciendo ciencia… o está haciendo filosofía?
La ciencia necesita reglas
Si cada vez que dejo caer una taza, unas veces cae y otras sale volando, nunca podríamos hacer ciencia. La ciencia supone que la naturaleza normalmente funciona de manera regular. Necesita que la naturaleza esté gobernada por leyes que no cambian, para poder hacer ciencia.
La ciencia estudia fenómenos naturales mediante observación, medición y formulación de hipótesis que puedan ponerse a prueba. Eso significa que la ciencia estudia procesos naturales. Pero aquí viene la diferencia importante. No porque la ciencia estudie solamente causas naturales significa que solamente existan causas naturales.
Un detector de metales sirve para encontrar monedas. Si no encuentra madera, eso no demuestra que la madera no exista. Solo demuestra que ese instrumento no fue diseñado para detectarla. ¡Se necesitaría un instrumento diferente para poder encontrar madera!
El método científico es extraordinario para estudiar la naturaleza. Pero no fue diseñado para responder preguntas como:
- ¿Dios existe?
- ¿Cuál es el propósito de la vida?
- ¿Hay milagros?
Cuando alguien dice: “El creacionismo es contrario a la causalidad natural.” Tenemos dos maneras de interpretar esa aseveración:
- La ciencia no puede investigar actos sobrenaturales.
Hasta aquí, seguimos hablando del método científico. Pero el siguiente paso cambia de terreno.
- Como la ciencia no puede descubrir eventos sobrenaturales, Dios nunca ha actuado.
La segunda ya no es ciencia. Es filosofía.
¿Los milagros destruyen la ciencia?
Si el presidente de los Estados Unidos entra inesperadamente a un salón de clases, eso no cambia las reglas normales del horario escolar. Sí, sería un evento extraordinario. Pero el horario de clases no tiene por qué cambiar.
Igualmente, el cristianismo siempre ha enseñado que Dios normalmente gobierna el universo mediante leyes regulares. Precisamente por eso los milagros llaman la atención. Si ocurrieran todos los días dejarían de ser milagros. C.S. Lewis dijo al respecto:
“El arte divino del milagro no consiste en suspender el patrón al que se ajustan los acontecimientos, sino en introducir nuevos sucesos en dicho patrón.”1
Lo que un estudiante cristiano debería responder
Cuando un profesor se expresa en su clase, recuerda que, él o ella es la autoridad. Como cristianos somos llamados a honrar y obedecer a las autoridades siempre que ello no implique desobedecer a Dios. Así que las interacciones tienen que ser amables y respetuosas. No dejamos de representar a Cristo cuando las tengamos. Por lo tanto, si vamos a contestar al profesor, la respuesta no puede ser agresiva. Pero como es un profesor, su rol es enseñar. Por lo que podemos hacerle preguntas.
El estudiante podría decir algo como:
“Profesor, si la biología estudia causas naturales y Dios, por definición, sería un ser sobrenatural, ¿podemos decir que la biología no tiene las herramientas para evaluar esa afirmación?”
Recordemos que la ciencia no tiene la capacidad de demostrar que Dios no existe. Lo que queda demostrado es, que el método científico, tiene un alcance específico que se limita a lo natural. No tiene las herramientas metodológicas para investigar directamente lo sobrenatural.
La bomba teológica de hoy es que las preguntas sobre Dios pertenecen principalmente al campo de la filosofía y la teología. Esas son las herramientas que tenemos disponibles para estudiarle. La ciencia puede examinar las pistas que se encuentran en la naturaleza que apuntan a la necesidad de una explicación sobrenatural, pero para cruzar al otro lado, se necesita otra disciplina apta para la tarea. Como dijo Robert Jastrow:
“Para el científico que ha vivido guiado por su fe en el poder de la razón, la historia termina como una pesadilla. Ha escalado las montañas de la ignorancia y está a punto de conquistar la cima más alta; pero, al superar la última roca, se encuentra con un grupo de teólogos que llevan allí sentados siglos.”2
Conclusión
La ciencia es una herramienta extraordinaria. Pero una herramienta que no responde todas las preguntas. Un microscopio puede decirnos cómo está formada una célula, pero nunca podrá decirnos si Dios ama al ser humano. No porque Dios no exista. Sino porque esa nunca fue la pregunta que el microscopio fue diseñado para responder.
Confundir los límites de una herramienta con los límites de la realidad es un error. La ciencia nos ayuda a comprender cómo funciona el universo; pero las preguntas sobre si existe un Creador requieren otro tipo de investigación.
1- C. S. Lewis, Miracles: A Preliminary Study, capítulo 8, «The Laws of Nature» – traducido al español por Rick Lipsett.
2- Robert Jastrow, God and the Astronomers (New York: W. W. Norton, 1978) capítulo final – traducido al español por Rick Lipsett.



