¿Los Apóstoles inventaron el Nuevo Testamento?

Episodio #160 de nuestro podcast.

Esta es una de esas preguntas que dicen muchos no Cristianos. Ellos entienden que el Nuevo Testamento no es válido pues fue creado como cualquier otra obra ficticia. A veces añaden que la razón por la cual lo hicieron fue con el propósito de engañar y controlar a la gente con sus mitos. ¿Qué podemos decir al respecto? Aquí algunas ideas para pensar en ellas.

Esta pregunta presume que los apóstoles tuvieron éxito en su cometido de controlar u obtener éxito al engañar a la gente. Pero desde un punto de vista natural, sabemos históricamente que los primeros cristianos fueron perseguidos, castigados y ejecutados por su mensaje y por vivir lo que predicaban. Era una afrenta directa al politeísmo romano y lo veían como algo que había que exterminar. Basta con examinar la historia del emperador Nerón, con sus persecuciones y torturas a los primeros cristianos.

En su libro, “Cold Case Christianity” el autor, ex policía y ex ateo J. Warner Wallace hace alusión a las tres razones que las personas tienen para cometer una fechoría. En este caso, engañar a la gente con mentiras. Estas tres razones son:

  • Poder
  • Dinero
  • Sexo

Cuando examinamos de cerca la historia de los apóstoles y los primeros cristianos, vemos que ninguna de las tres fueron logradas por contar y redactar estas historias de Jesús de Nazaret. De hecho, todo lo contrario. Lo que provocó la predicación de su mensaje fue violencia y muerte. Una persona que sabe que lo que dice es mentira, no estará dispuesta a enfrentar la tortura y la muerte por lo que dice.

Realmente hace sentido que lo que los apóstoles dejaron por escrito fue lo que realmente ellos aprendieron y experimentaron de Jesús de Nazaret. Es lógico que cuando se cuenta algo verdadero, incluso cuando la opresión se acerca, no hay manera de cambiar el relato, pues los hechos están de acuerdo con lo que dices.

Esta noción de que el mensaje fue inventado proviene de personas que están distantes en tiempo y espacio de los eventos originales. Sólo así, podemos descartar toda la evidencia circunstancial que daba validez a lo que los apóstoles dejaron por escrito.

Por lo tanto, la persecución y asesinatos de los primeros cristianos aboga a favor de la veracidad del mensaje que llevaban y no al revés. La historia apunta a que ellos realmente creían lo que afirmaban. No estaban mintiendo con sus testimonios. Su martirio es poderosa evidencia de su palabra. Diferente a si pasara hoy día, pues nosotros no somos testigos oculares de los eventos. Ellos sí habían estado allí y se rodeaban de personas que también vieron (y podían desmentir) los eventos.

Esta pregunta tiene, además, otro reclamo escondido: La Palabra de Dios fue escrita por seres humanos (los apóstoles y sus seguidores). Pero esto también no quita vigor al caso. Cualquier tipo de libro o escritura que tengamos fue escrita por seres humanos. Esto no significa que descartamos su contenido por eso. Si fuese así, ¡no tendríamos libros de ninguna materia!

El Nuevo Testamento es fiable porque cuenta los sucesos sin maquillar las acciones incorrectas de sus “héroes” como la negación de Pedro, las disputas entre los primeros líderes cristianos, como Pablo y Bernabé o la incredulidad de los apóstoles, como Tomás. Esto se suma a la cantidad de detalles específicos de la sociedad y cómo funcionaba, los nombres de lugares y de personas… todo un sinnúmero de detalles que han sido verificados a través de los años por el estudio de la arqueología y la historia. Además que en lo espiritual, podemos ver todas las vidas que han sido transformadas por el mensaje de Jesús.

Por lo tanto, tenemos buenísimas razones para aceptar y creer lo que conocemos como El Nuevo Testamento, reconociendo que contiene un testimonio fidedigno de hechos corroborados histórica y arqueológicamente.

Acerca de Rick Lipsett

(@ricklipsett) director y portavoz de verdadyfe.com. Ha escrito numerosos de artículos relacionados a la apologética Cristiana. Sirve como pastor en la Iglesia Cristiana Catacumba 9 de Cayey, Puerto Rico.
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