Josué 19: 47-48 Rescata lo Perdido

¿Has pensado en las bendiciones que Dios te ha dado por medio de las personas que ha puesto cerca de ti? Tu familia, esposa, esposo, hijos, amigos, la iglesia… Los regalos divinos se cuidan, por lo que necesitamos guardar lo que Dios nos ha dado con celo.

Dios hizo pacto con Israel. Cuando Dios promete, siempre cumple. Lo que dice, él hace. Siempre. Por eso, cuando prometió tierras en Canaán a su Pueblo y luego los envió a tomarlas, esas tierras serían suyas. El pueblo debía sacar a la gente que las ocupaba de allí, o si se rehusaban a salir, morían. Esto, pues ya Dios había dado 400 años de oportunidad para el arrepentimiento, pero el pecado del amorreo, para esta generación (en tiempos de Josué), ya había llegado a su límite y a través de Israel, Dios estaba desatando su ira sobre estos pueblos (Génesis 15:16). 

Muchas veces se nos hace complejo leer relatos bíblicos donde los israelitas conquistaron por medio de la espada a otro pueblo. Vemos la violencia y nos perturba. Nuestras sensibilidades modernas se ofenden. Esto es natural, porque estamos muy distanciados de esta cultura semita. No lo entendemos porque nuestra sociedad y marco de referencia es muy diferente. Sin embargo, lo que probablemente sí podemos entender mejor, es que la paga del pecado es la muerte como dice Romanos 6:23. Lo único, que acostumbramos a ver esa muerte como muerte espiritual y distanciamiento eterno de Dios una vez morimos. Sin embargo en tiempos bíblicos, muchas veces el pecado se pagaba con la vida, literalmente. Por eso Israel contaba con la pena capital para muchas de las transgresiones legales. Era la manera de hacer justicia. En el caso de la conquista de las tierras, Israel servía como agentes de la justicia de Dios, con la autoridad divina de ejecutar esta justicia divina absoluta sobre los pueblos que llevaban cientos de años fallando contra Dios en sus prácticas. 

A la vez que las consecuencias por sus acciones venían de manos hebreas, los israelitas debían entender por experiencia, lo que significaba irse en contra de Dios, porque tenían que ejecutar el mandato de Dios de derramar su ira santa sobre sus vecinos. Se suponía que esto fuese una lección práctica. Lamentablemente, sabemos que no lo entendieron. Basta con leer la historia bíblica de Israel para verlo.

Todo esta información es necesaria tenerla cuando vamos a textos como el que estudiaremos hoy:

Josué 19:47-48 (TLA)

47-48 Todas estas ciudades y sus aldeas pertenecían a la tribu de Dan. Más tarde los de Dan perdieron sus tierras, así que fueron al norte y atacaron la ciudad de Lésem. Mataron a toda la gente que allí vivía, y se apoderaron de la ciudad. A la ciudad le cambiaron el nombre y la llamaron Dan, en honor de su antepasado.

Algunas traducciones no incluyen la nota que la TLA incluye aquí: “Más tarde los de Dan perdieron sus tierras”, esto es un comentario que va atado a Jueces 1: 34

Jueces 1:34 (NTV)

“En cuanto a la tribu de Dan, los amorreos los obligaron a retirarse a la zona montañosa y no los dejaban descender a las llanuras.”

El libro de Josué funciona como un puente entre los eventos del Pentateuco y la ruta hacia la monarquía de Israel. Josué es un buen compañero al libro de Jueces y como preámbulo de 1era y 2da de Samuel. Lo que habla Josue, repercute en el libro de Jueces. Entonces, la nota que casi parece al calce en Josué 19: 47-48 que dice que Dan por fin tuvo sus tierras, luego de haberlas perdido, se entiende mejor al leer Jueces. Específicamente los Jueces capítulos 17 y 18 donde sale la conquista de las tierras por la tribu de Dan.

Hay un comentario, tipo descarga de responsabilidad (“disclaimer”) que se repite una y otra vez en el libro de Jueces y que necesitamos tenerlo frente a nosotros hoy también:

“En esos días, Israel no tenía rey; cada uno hacía lo que le parecía correcto según su propio criterio.” Jueces 17:6 (NTV)

Israel cumplió con tomar las tierras, sin embargo no siempre siguieron la dirección de Dios. Hicieron como quisieron y como entendían que era correcto. La posesión de las tierras por Dan es uno de esos ejemplos. ¡Abrazaron la idolatría luego de tener la victoria! En vez de darle gloria a Dios, optaron por decidir a cuál ídolo le darían mérito. Dios había dado estas tierras a ellos pero agradecieron a imágenes fundidas, en vez de al Dios viviente.

Así fueron estos sucesos para los Israelitas. Pero la Palabra de Dios es apta para hablar a nosotros hoy, por lo que usando este contexto histórico y bíblico correcto, podemos ahora ir a los principios que la Palabra nos da a nosotros, aunque estamos distanciados en tiempo y espacio del contexto original. Veamos tres puntos que salen de este relato:

Dios ha otorgado bendición

En Génesis 15:16, Dios le promete a Abraham, que la tierra que estaba pisando sería de sus descendientes. Desde antes que naciera Jacob y su hijo José fuese vendido y enviado a Egipto; antes de Moisés, Aarón y Josué; Dios ya había sido claro que la tierra prometida era de ellos. Dios la había otorgado. Cierto que hubo un proceso largo para llegar a ella, pero no había por qué desesperar, pues era promesa de Dios, por lo que se cumpliría seguramente.

La tribu de Dan, que era reconocida como una de las más fuertes y poderosas sabía que Dios había prometido estas tierras. Esto les daba el incentivo necesario para confiadamente lanzarse a conquistar la tierra. Dios lo había hecho, antes de ellos ir. Era suya.

El día de tu boda, Dios te otorgó una esposa, un esposo y te añadió a una familia. Te otorgó una vida junto a esa persona, para crecer juntos. Los puso juntos para trabajar en sus corazones y pulir el carácter de cada uno. Juntos para afrontar los días duros que vendrían. Su compañía para sostenerse el uno al otro en medio del quebranto. Juntos para celebrar con gran alegría los logros de cada uno y los que lograron juntos.

El día en que te redimió (salvó), Dios te incluyó en su cuerpo. Puso hermanos y hermanas a tu alrededor. El que no tenía familia, ahora tiene. El que no tenía amigos, ahora tiene. En Cristo, Dios provee a tus necesidades espirituales, pero también físicas y tangibles. Puso una iglesia para que crecieras, maduraras, celebraras y sobre todo, le conocieras de cerca a él.

Lo que tienes, es porque Dios te lo otorgó. Vió tu necesidad y decidió suplirla. Vio tus deseos alineados a los suyos y te complació. Dios, apercibido de la necesidad de otros y la tuya, los ubicó en el mismo lugar para bendecirlos. Fue a propósito que naciste de tus padres, a propósito que fuiste a la escuela que fuiste, a propósito la formación que recibiste, a propósito te trajo hoy aquí para que reflexionaras sobre su mano dadivosa, que ha extendido para ti.

Lo que Dios ha otorgado como regalo, debe ser atesorado y  guardado con celo por nosotros. Incluso si ya no están con nosotros, hay personas que Dios puso en nuestra vida por un tiempo para que fuéramos bendecidos por ellos. Tenemos que atesorar y gozarnos en ese regalo que Dios nos dio, aunque ya no esté. Incluso atesoramos lo que sembraron amigos que ya no están. Desiree Monserratt, en su podcast  “Filosofando con Dessy” llamaba a esto. “amigos de temporada”. Me gustó algo que dijo:

“Hay amigos que llegan para una temporada y eso está bien.”

El punto es que Dios ha otorgado a nuestra vida y debemos ser agradecidos y cuidar el regalo de Dios.

Rescata lo perdido

La Escritura dice que los amorreos les privaron de una porción a la tribu de Dan y en efecto la perdieron. Esto se debe a que la conquista se dio fuera del designio de Dios. Cada vez que en la Palabra vemos que el Pueblo de Dios se lanzó a hacer algo y fallaron, es porque Dios así lo quiso. Fuese para llamar su atención y que entendieran algo, o porque literalmente Israel se había lanzado a algo sin consultar a Dios. Aquí Dan sufre un fracaso y no puede obtener la tierra. Sin embargo, como sabían que era promesa de Dios, la frustración no les impidió tratar de otra manera y en otro momento hasta obtener la tierra. Ellos fueron a rescatar lo que habían perdido y lo obtuvieron.

Nosotros, muchas veces, por descuido, por orgullo, soberbia o amargura dejamos perder un obsequio de Dios. Una discusión sin resolver levanta nuestro orgullo y preferimos dejar de hablar con hijos, hermanos, padres, suegros, amigos, etc… en vez de pisotear nuestro orgullo y darnos cuenta que el corazón del otro es más importante que nuestro ego.

El cristiano no espera por que el otro se de cuenta de su error y venga a pedir perdón. El cristiano (y esta es una palabra dura de recibir), es aquel que aunque no sea su culpa va y pide perdón para enmendar la relación.

Mateo 5:23-24 (TLA)

“23 »Por eso, si llevas al altar del templo una ofrenda para Dios, y allí te acuerdas de que alguien está enojado contigo, 24 deja la ofrenda delante del altar, ve de inmediato a reconciliarte con esa persona, y después de eso regresa a presentar tu ofrenda a Dios.”

Romanos 12:18 (NTV)

“Hagan todo lo posible por vivir en paz con todos.”

Rescatar lo perdido es algo que Cristo hizo con nosotros. Romanos 5: 8 claramente nos enseña que cuando nosotros estábamos mal, Dios hizo lo indecible para rescatarnos. Jesús cargó nuestra culpa y ahora gozamos de una relación con Dios, si hemos aceptado la oferta de salvación de Cristo.

Dios fue a los extremos para rescatar lo perdido y ese es el ejemplo que nos dejó para que hagamos lo mismo. Incluso nos da el privilegio de ir y alcanzar al perdido para que puedan tener una relación restaurada con Dios.

Colosenses 2:14 (NTV)
Él anuló el acta con los cargos que había contra nosotros y la eliminó clavándola en la cruz.”

Pero, si llevas años en que no sabes nada de tus padres, llámalos o visítalos. Si hay un hijo que no está en relación contigo, búscale en el nombre de Jesús. Si perdiste un amigo por tu pecado, consíguelo y pídele perdón. Si la relación que tenías con tu congregación se ha afectado y preferiste mantener distancia, rompe con eso. Si fue aquí en nuestra congregación, ¡ven! Deseamos abrazarte.

¿Hay procesos por enfrentar? Puede que sí, pero afróntalos con valor. Dan tuvo que regresar por sus tierras a pesar de que las perdieron originalmente. Hay procesos que son dolorosos y nos vemos vulnerables al enfrentarlos, pero siguen siendo necesarios. Hay algunas heridas que se necesitan visitar para poder exponerlas al sol y cierren. Al otro lado del proceso hay sanidad y restauración.

Necesitamos ser gente que rescate al perdido, porque es lo que Jesús hizo.

Tengamos un corazón correcto

Cuando examinamos Jueces capítulo 17 y 18, vemos que Dan buscó sus tierras para rescatarlas, pero al lograrlo, se sumergieron en idolatría, en vez de agradecer la mano que les dio la victoria. Lamentablemente, esto es más común de lo que pensamos en nuestra vida.

Para nosotros eso puede significar que, luego de rescatar una relación, vayamos a pensar que es un logro de nuestras capacidades increíbles de persuadir a otros a regresar a una relación con nosotros. Quizás lleguemos a querer felicitarnos a nosotros mismos por el logro, sin embargo es Dios quien pone la capacidad de hacer paz con los demás. Es cuando le imitamos, que mostramos su carácter y logramos lo imposible para el hombre, pues hemos puesto a un lado nuestra naturaleza y dejamos que el Espíritu nos guíe a lograr su voluntad. Entonces, ¿por qué creernos la mentira que fuimos nosotros mismos quienes logramos la restauración? Jesús nos dirige a la reconciliación, solo obedecemos.

  • Cuidado de traer de regreso viejos argumentos que ya fueron solucionados y perdonados a una relación restaurada. Lo que quedó atrás, no debe formar parte de lo que tienes en la actualidad.
  • Si debes abordar la ofensa, ora para que seas honesto y amable con tu amigo, familiar, cónyuge, etc. sobre la forma en que te lastimaron, y para que la persona responda con humildad.

Si te arreglaste ya con alguien, no participes de aquello que producirá división nuevamente. Asegúrate de aprender de la situación.

La unidad es algo que se trabaja, porque no viene por naturaleza. Nuestro pecado impide que sea algo que surge normal. Lo vemos al hacer iglesia todo el tiempo, pero no se ve sólo en ese contexto. También en nuestras relaciones fuera de las cuatro paredes del templo. Por lo tanto, necesitaremos ayuda sobrenatural para mantener la unidad y debemos guardarla con gran alegría y agradecimiento a Dios quien nos bendijo nuevamente con lo que habíamos perdido. Ese debe ser nuestro corazón.

Honremos a Dios al cuidar de lo que nos ha dado: padres, familia, esposa, hijos, amigos… los regalos de Dios se cuidan con gran celo. Nuestro corazón mira al dador de bendiciones y en adoración y agradecimiento cuidamos el tesoro que se nos confió – no por el tesoro en sí, sino para honrar a Dios, su dador. Un corazón enfocado siempre en Cristo.

Conclusión:

Una vez Jesús resucitó, dice las Escrituras, que Cristo se reunió múltiples veces con sus discípulos. Comió con ellos y hasta les hizo desayuno. Lo que había sucedido entre ellos, cuando lo abandonaron en medio de su juicio injusto quedó atrás. No fue motivo de discusión o de malos ratos. Jesús estuvo dispuesto a ofrecer gracia y misericordia a sus íntimos, para poder recuperarlos. El ofendido tomó la iniciativa contra los ofensores, por la relación que tenían. Incluso con Tomás, se mostró paciente y le extendió más gracia y misericordia para restaurarlo. Igualmente con Pedro.

Jesús dejó su trono atrás para venir a rescatarnos a nosotros. Le pareció importante restaurar la relación con nosotros, aunque ciertamente merecíamos su justa ira. Lo perdido lo vino a buscar y su actitud ante toda la trama de la salvación fue la gracia, humildad y amor. Incluso en las confrontaciones, procuró siempre el voltear los corazones hacia sí mismo.

La tribu de Dan estaba clara que Dios les había dado un regalo y aunque a primera lo perdió, lo buscaron con gran intención de ver cumplida la promesa de Dios.

¿A quién debes salir a buscar hoy?

Acerca de Rick Lipsett

(@ricklipsett) director y portavoz de verdadyfe.com. Ha escrito numerosos de artículos relacionados a la apologética Cristiana. Sirve como pastor en la Iglesia Cristiana Catacumba 9 de Cayey, Puerto Rico.
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