¿Es la verdad relativa?

 

Una modalidad común en nuestra sociedad y cultura es que se ve la moralidad como “relativa.”

En otras palabras, lo que es moralmente cierto para mí, no necesariamente es moralmente cierto para tí – y vice versa.

El relativismo moral es muy attractivo y práctico porque, como humanos, deseamos tener cierta autonomía moral. ¿Quién quiere que otro le diga lo que debe hacer o no hacer? ¡Nadie! Sin embargo, para lo que sirve esta modalidad intelectual en nuestra cultura es para darle peso al dicho que dice: “Lo correcto no siempre es lo que está de moda y lo que está de moda no siempre es lo correcto.”

Si analizamos el tema de relativismo moral de manera filosófica, inmediatamente encontramos problemas. La frase titular del relativismo moral es sencilla:

“Toda verdad es relativa.”

No se necesita un gran pensador para ver que la aseveración es contradictoria. Es decir, si toda la verdad es relativa, entonces la verdad detrás de la aseveración es relativa también. La única alternativa para que no se contradiga, es que la aseveración sea una verdad absoluta – pero el concepto de la relatividad moral no permite tal cosa.

Entonces, ¿por qué esta creencia absurda y contradictoria es tan prevalente en nuestra sociedad?

La respuesta es sencilla.

El relativismo moral provee una manera muy atractiva para deshacerse de onerosas restricciones morales. Es un error humano común dejar que nuestras percepciones sean moldeadas por nuestros deseos…

Como – por ejemplo – el deseo de ser libre de restricciones morales.

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Me imagino que habrán oppositores en este punto, diciendo: “No es correcto que alguien imponga su moralidad en los demás. ¿Cómo puedes decir que tu moralidad es correcta y la mía no?”

Interessantemente, esto también es contradictorio.

El sociólogo Peter Berger (en su libro A Rumor of Angels) dice:

“Si analizamos el acondicionamiento social de creer que ‘ninguna creencia se puede tomar como universalmente cierta para todos,’ encontramos que eso mismo es una reclamación exhaustiva de que todos son el producto de condiciones sociales – por lo cual no puede ser cierto en su propio mérito.”

(Hay un análisis más profundo en el libro de Tim Keller The Reason For God.)

En palabras más sencillas: decir que “está mal que una persona impoga su moralidad sobre otra” significa que la persona que lo está diciendo está imponiendo ESA moralidad sobre la persona a quién se lo dice. Específicamente, estaría imponiendo la moralidad contradictoria de la relativida moral sobre el otro.

Sin embargo, esta no es el único camino para descubrir la existencia de absolutos morales. Probablemente, el mejor lugar para encontrarlos es dentro de nuestras propias mentes.

¿Qué?

Dejaré que C.S. Lewis lo explique:

“Todos hemos escuchado a dos personas argumentando. Dicen cosas como: ‘¿Te gustaría que alguien te hiciera lo mismo a tí?’ o ‘¡Déjalo en paz! No te está haciendo ningún mal.” o “¡Me lo prometiste!”

Lo que me interesa de estos dichos es que la persona que los dice no sólo está diciendo que la conducta del otro es desagradable, sino que está apelando a algún tipo de estándar de conducta, sobre la cual espera que el otro conozca. La otra persona generalmente no contesta: ‘Al diablo con tu estándar,” sino que casi siempre intenta justificarse, abogando que sus acciones no van en contra de ese estándar. Es casi como si ambos tuviesen en sus mentes algún tipo de Ley o Regla de Justicia o moralidad, sobre la cual ambos están de acuerdo.” (Del libro “Mere Christianity”)

En otras palabras, si no hubiese una ley universal moral, yo pudiese ir a tu casa, romperte los dedos de la mano con un martillo y luego afirmar que mis acciones están dentro de mi moralidad personal cuando expreses tu enojo ante lo que hice.

No existe y nunca existirá una cultura a la cual esta acción (o cualquier conducta inmoral) se considere aceptable. De hecho, siendo experto sobre la antigüedad, C.S. Lewis estaba perfectamente cualificado para observar que

“Si alguien se toma la molestia de comparar las enseñanzas morales de, digamos, los egipcions, babilónicos, hindúes, chinos, griegos y romanos, lo que le asombraría es lo similares que son entre sí y a las nuestras.”

Lewis correctamente reconoció esto como un poderoso argumento a favor de la existencia de Dios. Después de todo, para que pueda haber una ley moral universal, tiene que haber Alguien que la haya establecido. El filósofo existencialista francés Jean-Paul Sartre también se dio cuenta de esto:

“Todo es permitido si Dios no existe.”

De hecho, la existencia de las leyes físicas, las leyes de termodinámica, et cétera, también apuntan a un Dador de Ley. ¿Por qué la materia y la energía obedecen unas leyes fundamentales fijas? (NOTA: esta no es una pregúnta científica, sino ontológica.)

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Hay quienes piensan que la moralidad llegó a la existencia a través de la evolución. Sin embargo, los argumentos que apoyan esta premisa son sumamente débiles. Por ejemplo, ¿cómo fue que evolucionó la tendencia de hacer donaciones caritativas anónimas y/o discretas? ¿Cómo eso le dió a un individuo ventaja en la supervivencia?

¿Qué tal la tendencia (en la mayoría, por no decir todas) de cuidar a aquellos que son envejecientes y no pueden cuidarse por sí mismos? Según la teoría Darwiniana, hacer esto sería contraproducente en la supervivencia de nuestra especie humana. Es desventajoso comprometer comida y otros recursos limitados a aquellos que están más allá de sus años reproductorios, ya que le quita recursos a aquellos que todavía pueden reproducirse y pasar su genética.

O, ¿qué de la tendencia a cuidar de aquellos que tienen discapacidades genéticas, haciendo que sean dependientes de otros? Si la moralidad evolucionó, lógicamente nos llevaría a dejar que estas personas mueran porque no traen ningún beneficio a la genética de la sociedad.

Éstas son preguntas que la persona comprometida a una visión materialista y ateísta del mundo no puede contestar de manera satisfactoria.

[Artículo Original por Scott Youngren, traducido por J.R. Morales. Utilizado con permiso.]

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