Venciendo el Orgullo

Mensaje predicado originalmente en la Iglesia Cristiana Catacumba 10 de Yabucoa, Puerto Rico

Todos tenemos talentos y capacidades. Los usamos todo el tiempo. De hecho, fueron dados por Dios. Estamos tan acostumbrados a tenerlos, que los usamos muchas veces y en gran medida, sin darnos cuenta que los estamos usando. Sin embargo, aunque fueron dados por Dios, jamás deben reemplazar la dependencia en Dios. Es algo que podemos afirmar, pero no siempre es algo que hacemos, porque como dije, estamos tan acostumbrados a usarlos y nos sale tan natural, que olvidamos lo que creemos y sabemos: nuestra dependencia es en Dios.

Para navidades del 2018, estando a punto de salir de la escuela donde trabajaba para trabajar por mi cuenta desde mi casa, experimenté una ansiedad peculiar que no había sentido antes. Recuerdo esa víspera del día de Reyes de 2019, cuando ya había renunciado a mi posición de maestro y en dos días comenzaría oficialmente a trabajar por mi cuenta; no podía dormir. Seguía pensando una y otra vez sobre cómo sustentaría a mi familia. Tenía ideas y había hecho contactos para poder tener un ingreso, pero la incertidumbre de lo nuevo me tenía inquieto. No podía “ver” con certeza ni podía “sentir” algo concreto. Esto me produjo ansiedad y estaba inseguro si había seguido correctamente la voluntad de Dios. Incluso consideré cómo hablar con mi patrono anterior para que me contratara nuevamente. Me veía inclinado a resolver de acuerdo a mis ideas y conceptos.

Entendía que este lío me lo había buscado yo y por lo tanto tenía la responsabilidad de resolverlo también con mis ideas, fuerzas y capacidades. Pienso que es una reacción muy humana y común, sin embargo puede provenir de rasgos de orgullo en nuestro interior que Dios señala para trabajarlos.

Hoy estaremos leyendo una porción del libro de Jeremías con la intención de ver en la Escritura este patrón pecaminoso que debemos evitar y otro en el que debemos depender. La porción bíblica principal es de Jeremías 38: 14-23, Jeremías 39:4-7 7 Jeremías 52:11b. Con la intención de estudiar los siguientes cuatro puntos:

  1. El Reto de lo impalpable
  2. La advertencia del orgullo
  3. La Consecuencia de la Desobediencia
  4. La fidelidad de Dios

Jeremías 38:14-23 NTV

14 Cierto día, el rey Sedequías mandó llamar a Jeremías e hizo que lo llevaran a la tercera entrada del templo del Señor. —Quiero preguntarte algo—le dijo el rey—. Y no intentes ocultar la verdad. 15 —Si te dijera la verdad, me matarías—contestó Jeremías—. Y si te diera un consejo, igual no me escucharías. 16 Entonces el rey Sedequías le prometió en secreto:

—Tan cierto como que el Señor nuestro Creador vive, no te mataré ni te entregaré en manos de los hombres que desean verte muerto. 17 Entonces Jeremías le dijo a Sedequías: —Esto dice el Señor Dios de los Ejércitos Celestiales, Dios de Israel: Si te rindes a los oficiales babilónicos, tú y toda tu familia vivirán, y la ciudad no será incendiada; 18 pero si rehúsas rendirte, ¡no escaparás! La ciudad será entregada en manos de los babilonios y la incendiarán hasta reducirla a cenizas”. 19 —Pero tengo miedo de rendirme—dijo el rey—, porque los babilonios me pueden entregar a los judíos que desertaron para unirse a ellos. ¡Y quién sabe qué me harán!

20 —Si eliges obedecer al Señor, no serás entregado a ellos—contestó Jeremías—, sino que salvarás tu vida y todo te irá bien; 21 pero si te niegas a rendirte, el Señor me ha revelado lo siguiente: 22 todas las mujeres que queden en el palacio serán sacadas y entregadas a los oficiales del ejército babilónico. Entonces las mujeres se mofarán de ti diciendo:

“¡Qué buenos amigos tienes! Te han traicionado y engañado. ¡Cuando tus pies se hundieron en el barro, te abandonaron a tu suerte!”.

23 Todas tus esposas e hijos serán entregados a los babilonios y tú no escaparás. El rey de Babilonia te apresará, y esta ciudad será incendiada.

Jeremías 39:4-7 NTV

4 Cuando el rey Sedequías de Judá y todos los soldados vieron que los babilonios habían invadido la ciudad, huyeron. Esperaron hasta la caída del sol y entonces se deslizaron por la puerta que está entre las dos murallas detrás del jardín real y se dirigieron al valle del Jordán. 5 Sin embargo, las tropas babilónicas los persiguieron y alcanzaron a Sedequías en las llanuras de Jericó. Lo capturaron y lo llevaron ante el rey Nabucodonosor de Babilonia, que se encontraba en Ribla, en la tierra de Hamat. Allí el rey de Babilonia dictó sentencia contra Sedequías. 6 El rey de Babilonia hizo que Sedequías observara mientras masacraba a sus hijos en Ribla. El rey de Babilonia también masacró a todos los nobles de Judá. 7 Luego le sacó los ojos y lo ató con cadenas de bronce para llevarlo a Babilonia.

Jeremías 52:11b NTV
Sedequías permaneció allí en prisión hasta el día de su muerte.

El Reto de lo impalpable

Empecemos estableciendo que Sedequías no era un buen rey. Dios había enviado palabra de juicio contra su Pueblo por el liderazgo, que desde Salomón, venían desviando al Pueblo del camino correcto. Aunque hubo uno que otro Rey que trataba de regresar a Yahweh, la mayoría hizo lo detestable delante de los ojos del Señor y esto hizo que toda una nación confiara en la manera que su rey ejecutaba su espiritualidad. Lo que los reyes hacían como bueno, el pueblo lo copió también. Aunque la moralidad no es establecida por los gobiernos, al ser lo que la gente ve con sus ojos físicos, suele convertirse en estándar de moralidad para las masas. Esto se ve incluso hoy día.

Luego que el Rey fuese convencido a poner a Jeremías en una cisterna vacía, pero con barro en el fondo, para que muriera de hambre allí, otro grupo de siervos le convenció de sacarlo para que no muriera y el Rey, que se dejaba llevar por los consejos contradictorios de sus consejeros, sacó a Jeremías y quiso que éste le diera Palabra de Dios.

La dificultad está, en que este Rey estaba acostumbrado a resolver los asuntos del reino conforme a sus ideas e intelecto. Pero cuando la sabiduría de Dios le fue presentada, optó por ser necio y seguir su inteligencia. “¡Si vienen a capturarme mejor salgo huyendo!”

Nosotros que estamos leyendo esto de manera impersonal y alejados en tiempo y espacio, puede que simplemente acusemos al malvado Sedequías y continuemos leyendo, pero piénsalo un momento. Sus ojos vieron al enemigo acercarse con violencia. Estos babilónicos estaban arrasando con todo lo que encontraban. Era de esperar que cuando llegaran donde él, también lo harían. Cualquiera hubiera reaccionado igual. ¡A huir!

Ese es el reto de la Palabra de Dios. Es una aseveración invisible e intangible. Si no se tiene una fe activa en el Señor, nos costará mucho obedecer lo que no vemos ni sentimos. El error craso de Sedequías es que no tenía una relación con Yahweh. Cuando Jeremías le dijo que lo que inevitablemente pasaría, según el Señor, Sedequías no tenía marco de referencia para poder interpretarlo y asimilarlo. Lo que conocía, fue lo que hizo… ¡y le costó en grande!

Es por esto, que nosotros necesitamos cultivar una relación íntima con el Señor. Para que podamos estar menos ansiosos ante su dirección. Que aunque no veamos ni sintamos, sabemos que él hará, porque siempre ha sido fiel. Esa es nuestra fe en acción. Fe dada a nosotros por Dios, pero alimentada regularmente por nosotros para que en el día malo, podamos confiar.

La advertencia del orgullo

Para Sedequías, el reto era enorme. La Palabra de Dios por medio de Jeremías, le estaba diciendo que dejara de confiar en sus talentos y capacidades.

Pero ante la falta de una relación con Dios, en lo único que Sedequías podía descansar era en él mismo. Por eso, su orgullo fue su propia destrucción. En él se cumplió el proverbio de Salomón:

“El orgullo va delante de la destrucción, y la arrogancia antes de la caída.” Proverbios 16:18

Dios estaba señalándole al rey su ineptitud y bancarrota para que aprendiera a depender de él. Si se dejaba tomar en cautiverio, viviría él y su familia. Dios estaba extendiéndole misericordia, por amor a David y a Su Nombre. Siendo de la línea davídica, era de la simiente de la mujer que vencería la simiente de la serpiente, según profetizado por Dios en Génesis 3:15. Pero su incapacidad de vencer su orgullo y comenzar a depender de Dios, impidió que la línea davídica siguiera por él.

  • La incapacidad de pisotear su orgullo a última instancia, impidió que Sedequías estuviese en la genealogía de Jesús.
  • Se perdió de poder salvar a su familia, su vida y su lineaje. Por causa de su orgullo.
  • Su orgullo le llevó a vivir sus últimos días en absoluta desesperación, por lo que había causado y que fue lo último que vio.

“El orgullo es ofensivo para Yahweh porque nos atribuimos el mérito que sólo a él le corresponde, y por eso, él jura por sí mismo humillar a a los que se exaltan.” 1 ~James M. Hamilton

Al momento presente, resolver según nuestros talentos y capacidades siempre se ve como lo único que se puede hacer. Pero Dios, en su Palabra nos establece que su manera de resolver es mejor. Lo que corresponde hacer es obedecer y depender. ¿Nos esforzaremos? ¡Claro! Pero será en la gracia (2 Tim 2:1) y dirección de Dios. Por lo tanto, aunque nos esforzamos, estaremos obrando en las fuerzas de Dios, quien nos sostiene.

La Consecuencia de la Desobediencia

El pecado de Sedequías al desobedecer, produjo en el pueblo que aún estaba presente y que le seguía, que también huyeron al ver las tropas babilónicas y a su vez, muertes innecesarias. No sólo eso, sino que la familia de Sedequías fue asesinada frente a sus ojos. Inmediatamente después le sacaron los ojos para que no pudiese ver nada más. La última imagen que sus ojos captaron, fue el asesinato innecesario de su familia.

La obediencia a Dios siempre produce gozo en el corazón del Padre y por lo tanto nos fortalece a nosotros. Sin embargo, la constante desobediencia lo que produce es destrucción. Lo vemos claramente a través de la vida del Rey Sedequías, según el libro de Jeremías lo presenta, lo cual culmina y concluye en este relato.

Es cierto que Babilonia no se acerca a los límites de nuestra ciudad y nuestra circunstancia no es como la de Sedequías, así en extremo. Pero la Palabra de Dios nos ha dado los parámetros de vida que debemos tener. Para muchos de nosotros, Dios lleva muchos años dirigiéndonos. Quizás diciéndonos lo que debemos hacer, no solo por su Palabra sino por lo que ha estado sucediendo a nuestro alrededor. ¿Hemos dependido de Dios y su dirección? o ¿hemos sido orgullosos y desobedientes como Sedequías?

La fidelidad de Dios

Alguien en quién posiblemente no pensamos al leer este relato, es en Jeremías. Ya el profeta había visto cómo las profecías de su compañero profeta Isaías, se estaban cumpliendo frente a sus ojos. Ya sabía por experiencia, que cuando Dios dice que va a hacer, Dios hace lo que dijo. Pero, también sabía que el Rey no obedecería. Por experiencia previa, sabía que hasta matarle procuraría (El rey fue quien lo mandó para la cisterna a morir).

Jeremías debió sentirse impotente al extremo. Les decía al pueblo y ellos lo ignoraban. Una y otra vez.

Pero el profeta fue también testigo de cómo a través del juicio, Dios traería salvación para un remanente que guardaba para él mismo.

Quizás nosotros podemos sentirnos como Jeremías en algún momento. Abrimos nuestras bocas y pregonamos lo que Dios ha establecido en su Palabra a nuestras familias y amigos, pero pareciera como si la Palabra cayera en oídos sordos. Tomemos el ejemplo de Jeremías y sigamos haciendo lo que Dios ha pedido de nosotros, aunque nuestros ojos no vean el resultado de inmediato.

Jeremías no pudo ver el fruto de la Palabra de Dios que profetizó al Pueblo de Dios en esta temporada. No fue hasta Esdras/Nehemías, que ese remanente pudo experimentar la salvación a través del juicio que Jeremías veía.

Nuestros esfuerzos puede que no produzcan frutos inmediatos, pero nuestra obediencia a la dirección de Dios debe permanecer. Ese es nuestro ejercicio de fe. Procuremos que sea como el de Jeremías y no el de Sedequías. El profeta persistió hasta el fin, mientras que el rey pereció al fin.

Aplicación:

Pablo escribió a los Corintios y encomendó a estudiar los sucesos del Pueblo de Israel en el desierto, luego de salir de Egipto para que fuera de instrucción a sus vidas:

1 Corintios 10:11 NTV

11 Esas cosas les sucedieron a ellos como ejemplo para nosotros. Se pusieron por escrito para que nos sirvieran de advertencia a los que vivimos en el fin de los tiempos.

Aquella víspera de Reyes del 2019, Dios habló a mi corazón, en medio de mi batalla por dormir. Me trajo a memoria todas las veces anteriores donde hubo ciertas inseguridades financieras y cómo de todas me había sacado él, porque quien suplió a mi casa fue él y no yo.

En efecto, por año y medio pude trabajar por mi cuenta y nunca nos faltó nada. Vino la pandemia y mis clientes se fueron, lo cual provocó que la fea cara de la ansiedad quisiera asomarse nuevamente, pero Dios me recordó lo que había hecho antes y no pequé de incredulidad. Un nuevo trabajo surgió y allí hago su voluntad aún, con gran compromiso.

El relato de Sedequías en tiempo de Jeremías, no está ahí para que lo veamos y simplemente pasemos juicio a las acciones de este malvado rey. La Palabra de Dios es un espejo para que nos veamos y examinemos.

Hoy es un buen día para ver si hemos estado viviendo en nuestro orgullo, sin permitirnos la bendición de descansar en Dios y su Palabra mejor. Quizás nos asuste depender de lo que no vemos, pero ese es el ejercicio de fe que Dios quiere para nosotros. 

Necesitamos recordar la fidelidad de Dios en el pasado, para volver a depender de él hoy y en el futuro. Dios no ha cambiado. El mismo Dios que extendió misericordia a este rey malvado, quiere darnos la oportunidad y la bendición de dirigirnos a través del buen camino que ha puesto frente a todos aquellos que hemos nacido de nuevo gracias a la muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo.

Hoy, Dios nos da, por medio de esta Palabra, el alivio de la respuesta a la pregunta: ¿Cómo vencer mi orgullo, mi dependencia de mis limitados recursos? – obedeciendo su Palabra.

El beneficio de la comprensión en retrospectiva nos regala la oportunidad de mirar este relato horrible, y poder sacar elementos aplicables a nuestras vidas, para vivir arraigados a la dirección de Dios para nuestras vidas. Para cada uno de nosotros será una manera diferente, pero la solución será la misma: depender de la Palabra de Dios.


Fuentes:
1. James M. Hamilton, La Gloria De Dios En La Salvación a Través Del Juicio: Una Teología Bíblica: Volumen I Antiguo Testamento. Monte Alto Editorial, 2021.

Acerca de Rick Lipsett

(@ricklipsett) director y portavoz de verdadyfe.com. Ha escrito numerosos de artículos relacionados a la apologética Cristiana. Sirve como pastor en la Iglesia Cristiana Catacumba 9 de Cayey, Puerto Rico.
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