¿Qué es el ayuno? ¿Cómo se ayuna?

Una de las prácticas importantes de la vida Cristiana es el ayuno. Tal vez muchos saben algunas cosas que se hacen (o se dejan de hacer), pero no necesariamente es evidente el por qué se hace o cómo.

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¿Qué es Ayuno?

Esta es la forma más sencilla de definir el ayuno: una disciplina espiritual.

Ayunar, en el sentido clásico, es dejar de comer y utilizar el tiempo que tardarías en preparar y/o comer una comida en oración y lectura bíblica – no sólo acercándote más a Dios y pasando tiempo con Él, sino dejando que Dios moldee tu corazón y tu carácter al Suyo.

Los dolores del hambre que llegan deben ser recordatorios de nuestra necesidad de conocer más a Jesús y de que “la gente no vive sólo de pan, sino de cada palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4:4).

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¿Cuál es el propósito de ayunar?

Bíblicamente, los propósitos del ayuno son:

      • Ser como Jesús (Mateo 4:1–17; Lucas 4:1–13)
      • Aumentar la fe (Mateo 17:20–21)
      • Para adquirir pureza espiritual (Isaías 58:5–7)
      • Arrepentimiento de pecados (Jonás 3:8; Nehemías 1:4, 9:1–3; 1 Samuel 14:24)
      • Pedir ayuda de Dios en tiempos de crisis (Esdras 8:21–23Nehemías 1:4–11)
      • Fortalecer la oración (Marcos 9:17–29; Hechos 10:30; 1 Corintios 7:5)
      • Para unirse a la tristeza de alguien que tuvo un ser querido que falleció (1 Sam. 31:13; 2 Sam. 1:12)

Adicional a éstos, el autor Donald S. Whitney menciona algunas buenas razones adicionales para ayunar:

      • Buscar dirección de Dios
      • Ministrar a la necesidades de los demás
      • Sobrellevar la tentación y separarte para Dios
      • Para expresar amor, gratitud y adoración a Dios

Nota que ninguno de estos propósitos o peticiones del ayuno tienen que ver con manipular a Dios para conseguir lo que queremos. Ayunar por una pareja, un carro nuevo o un millón de dólares es inútil. Ayunamos como acto de humildad. Al negar nuestras necesidades físicas temporeramente, provocamos que dependamos más de Dios.

No se trata de cambiar a Dios – es para que Él nos cambie a nosotros.

Es importante entender que ayunar no impresiona a Dios para que nos conteste de una forma mejor y más rápida. Entender la diferencia entre alinear nuestro corazón a la voluntad de Dios y acercarnos a Dios es crucial:

Acercarnos a Dios lo hacemos con nuestras oraciones y lecturas bíblicas diarias. En el ayuno, buscamos eso y más: que nuestros corazones sean más parecidos al de Él.

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¿Cómo se ayuna?

La realidad es que no hay una fórmula mágica de ayunar – es algo personal. Recuerda que el ayuno es sacrificar el tiempo de otra cosa (por lo general, comida y comer) para que Dios tenga el tiempo de afinar tu corazón al Suyo. Hay quienes ayunan medio día, 24 horas, varios días, un mes o más.

No obstante, el cómo ayunas, cuánto tiempo ayunas y de qué ayunas no es tan importante como el por qué detrás del ayuno.

Dicho esto, el ayuno más común es el de la comida. Hay varios tipos de ayuno en la Biblia. El de Daniel, por ejemplo, fue un ayuno parcial – donde sólo comió legumbres y agua y se abstuvo de las mejores comidas (Daniel 1:8-16). Otro ejemplo es Pablo, que ayunó absolutamente (sin NADA de comida ni agua) por tres días (Hechos 9:9). Por lo general, los ayunos de comida sólo incluyen agua y/o jugo 100% natural (cafeína y azúcar tienen un efecto más dramático en un cuerpo sin comida sólida).

Es una excelente idea que consultes a tu médico antes de ayunar. Hay quienes tienen condiciones de salud que no les permiten ayunar de comida (por ejemplo, diabetes, anemia, et cétera; también mujeres embarazadas, et cétera). Lo bueno es que, como el propósito del ayuno es sacrificar el tiempo que le dedicas a otra cosa para que Dios vaya transformando tu corazón, puedes escoger alguna otra actividad de la cual ayunar. Hay quiénes escogen tecnología o algún deporte. Un ayuno de las redes sociales nunca es una mala idea (y se puede incluir con muchos otros tipos de ayuno, como el de comida…)

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Algunos consejos prácticos

Planifica de antemano

No es una buena idea comer todo lo que te encanta hasta saciarte antes de un ayuno. Varios días antes del ayuno, ve comiendo menos porciones y con menos frecuencia. Así mismo, el día que termines el ayuno, empieza con porciones pequeñas y bajas en grasa. Entra y sal del ayuno lentamente.

Separa tu tiempo

El propósito del ayuno es darle tiempo a que Dios moldee tu corazón y tu carácter. Por lo tanto, se sabio/a escogiendo un momento para ayunar. Por ejemplo, si es un día que tienes muchos quehaceres, orar mientras guías tu auto no es tan efectivo para el ayuno; o ayunar durante la época navideña, que hay comida por todas partes y personas que quieren compartir su mesa contigo. No sería muy productivo (ni amoroso) sentarte a la mesa con cara triste por no poder comer. Así que, escoge un día en el que puedas sacar tiempos para estar con Dios y trabajar uno de los propósitos antes mencionados.

Presenta tu ayuno delante de Dios

Cuando llegue el día, saca un tiempo para presentarte delante de Dios y presentar el por qué del ayuno. Pídele a Dios que te de fuerzas para completar el periodo de ayuno, que sea un tiempo de crecimiento espiritual para tí y que sea un tiempo de agrado para Él. Disfruta de Su presencia y permite que Dios te transforme.

Ve poco a poco

Si nunca has ayunado o has ayunado muy pocas veces, empieza con algo sencillo. Intenta un ayuno de medio día, sólo de agua y 100% jugo. Empieza por la mañana y termina tu ayuno con una leve cena, utilizando el tiempo de desayuno y almuerzo para Dios. Recuerda, Dios no se va a impresionar si el ayuno es más difícil – no ganamos el favor de Dios a través de nuestra miseria. ¡Ya ganamos el favor de Dios a través de la obra redentora de Jesús!

Misión secreta

Dejemos que Jesús explique esta:

“Pero tú, cuando ayunes, lávate la cara y péinate. Así, nadie se dará cuenta de que estás ayunando, excepto tu Padre, quien sabe lo que haces en privado; y tu Padre, quien todo lo ve, te recompensará.” (Mateo 6:17-18)

Entrega tu ayuno con gratitud

Antes de terminar tu ayuno, separa un último tiempo para agradecerle a Dios la oportunidad de crecer en Él y ser moldeado por Él. Pídele que te recuerde siempre lo que aprendiste durante este tiempo y que te ayude a no deshacer lo que Él hizo en ti. Luego, ¡come y deléitate en la provisión física de Dios!

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El ayuno no es una carga ni un castigo, es una disciplina espiritual que nos ayuda a conocer y ser más como nuestro Padre Celestial. El dolor de estar sin comida es un recordatorio que nuestra necesidad más básica va más allá de lo físico, y una vez esa necesidad se sacie primero, todo lo demás encontrará su prioridad correcta en cada aspecto de nuestras vidas.

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