¿La Ciencia Eliminará la Necesidad de Dios?

Imagina un detective en una escena de un asesinato. “Ya sé lo que pasó,” declara él, mientras el resto de los policías se acercan con un oído atento. “Al encender una mezcla en polvo – que consiste en los químicos azufre, carbón y salitre – provocó una rápida expansión de los gases que, según las leyes del movimiento de Isaac Newton, obligó un proyectil de plomo por un tubo de metal a una velocidad supersónica. El choque del proyectil contra de algunos de los órganos vitales de la víctima causó una transferencia de energía cinética, que severamente dañó estos órganos, resultando en su muerte.”

Esto es lo que la ciencia hace ante fenómenos naturales. No explica, sino que describe.

Siempre me interesa escuchar las “explicaciones” científicas que a veces proveen. Entre tantas palabras científicas, muchas veces pensamos: “Pues, entonces, eso es. Resuelto.” Sin embargo, ¿verdaderamente fue una explicación o una descripción?

Interesantemente, se intenta de poner a Dios como una oposición al avance científico. La idea general es que, a medida que la ciencia pueda “explicar” todos los fenómenos naturales, Dios desaparecerá del panorama. Como mencioné anteriormente, es un error pensar así.

En el artículo El Dios de los Agujeros: La Guerra Inexistente entre Dios y la Ciencia, se argumenta que este conflicto ficticio comete un error categórico, que es cuando se le atribuyen características a algo que no las tiene o nos las puede tener. Por ejemplo, es un error categórico yo decir: “la mayoría de las fresas son ateas.” ¿Por qué? Porque una fresa no tiene la capacidad de creer.

Por lo tanto, de la misma manera que las fresas no tienen creencias, la ciencia no puede proveer explicaciones completas para fenómenos naturales, sino que depende de descripciones útiles. Por eso es un error categórico declarar que la ciencia explica las cosas sin necesidad de Dios. Edgar Andrews provee ejemplos en su libro ¿Quién hizo a Dios?:

“[…]lejos de explicarlo todo, la ciencia en realidad explica nada. Lo que la ciencia hace es describir el mundo y sus fenómenos a base de sus propios conceptos y modelos especializados – los cuales proveen importante conocimiento, pero se vuelve cada vez menos intuitivo a medida que profundizamos en la naturaleza de la realidad física.”

Y luego:

“[…] La fórmula [que describe la fuerza de gravedad] es la siguiente: la fuerza gravitacional de dos objetos es igual al producto de sus masas multiplicado por la constante gravitacional y dividida entre la distancia entre ellos. Esta ecuación, ¿describe por qué no flotas hacia el techo y te das en la cabeza? En realidad no. Lo que nos dice es que hay una fuerza que nos permite calcular su intencidad en ocasiones particulares – lo cual es muy útil. Pero no nos dices por qué existe esta fuerza, por qué sigue una ley matemática de un cuadrado inverso ni explica por qué la constante gravitacional tiene ese valor constante. La ecuación es una descripción, no una explicación.” [énfasis añadido.]

La ciencia describe los fenómenos naturales en términos de leyes, pero no explica de dónde salieron estas leyes. Tampoco explica qué (o quién) hace cumplir estas leyes. De hecho, ¿por qué razón el universo tiene leyes (en vez de caos)? En otras palabras, las descripciones científicas terminan en las leyes naturales/físicas.

Las personas tienden a olvidarse de que las leyes naturales son descriptivas y predictoras, no causales ni creadoras. En una mesa de billar, las leyes físicas pueden describir qué pasá si la bola blanca choca con otra bola y, dependiendo de la fuerza del choque y el ángulo, puede predecir dónde caerá cada bola después del choque. Lo que las leyes no pueden hacer es explicar porqué las bolas están ahí, ni de dónde salieron. Como mencionó Robert Boyle, el padre de la química moderna:

“La naturaleza de tal o cuál cuerpo no es más que la ley de Dios prescrita a él y, para hablar propiamente, una ley no es más que una regla nocional de actuar de acuerdo a la voluntad declarada de un superior.” [énfasis añadido.]

James Joule, el proponente de la primera ley de Termodinámica y de quién se nombra la unidad térmica del “julio” (joule, en inglés), lo dijo de la siguiente manera:

“Es evidente que un conocimiento de la ley natural no es nada menos que un conocimiento de la mente de Dios expresadas en ellas.”

Edgar Andrews lo compara con jugar ajedrez. Hay reglas que determinan cuáles movidas podemos hacer, pero no las movidas que, de hecho, hacemos. Las leyes no son determinantes – no imponen un resultado particular al juego. Así, las leyes naturales determinan qué es y qué no es físicamente posible, pero no determinan que verdaderamente ocurre dentro de las muchas posibilidades disponibles.

Para empezar, las explicaciones naturalistas son insuficientes para explicar porqué existe un mundo natural para poder explicar. No hay refutación más sencilla que esa.

Por lo tanto, así como la descripción científica del asesinato al principio de esta entrada no provee alguna explicación sobre el asesinato en sí, las descripciones científicas de los fenómenos naturales no proveen explicaciones para esos fenómenos. Describen el “como” pero no explican el “por qué.”

Para que pueda ser una explicación, debe incluir:

  • de dónde salen las leyes naturales
  • qué (o quién) hace que estas leyes se cumplan
  • qué (o quién) es responsable para los aspectos de la naturaleza que no se pueden atribuir a leyes naturales.

Como la ciencia no puede proveer contestaciones a estas preguntas, la sugerencia de que la ciencia es una alternativa a Dios es, simplemente, falsa.

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[Relacionado: “El Dios de los Agujeros: La Guerra Inexistente entre Dios y la Ciencia“]

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Adaptado del artículo por Scott Youngren.

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