¿La moralidad depende de la creencia en Dios? Esta pregunta surge con frecuencia cuando hablamos sobre la existencia de Dios. Algunos dicen: “Yo no creo en Dios, y aun así intento vivir correctamente”. Entonces, ¿qué respondemos a esa objeción?
Este tema continúa la conversación sobre el comportamiento moral que comenzamos la semana pasada, cuando respondimos: ¿La hipocresía invalida el cristianismo? Dejaré el enlace en la descripción. (https://verdadyfe.com/2026/02/18/la-hipocresia-invalida-el-cristianismo/).
¿Qué es la moralidad?
Para comenzar, necesitamos definir el término.
La moralidad no es simplemente “portarse bien”. Es la convicción de que existen acciones que son verdaderamente correctas o incorrectas, más allá de gustos, culturas o preferencias personales.
Bajo esa definición, sí: un ateo puede comportarse moralmente.
Hace años tuve un compañero de trabajo que invertía su tiempo y dinero en ayudar a estudiantes y familias sin recursos a mejorar sus hogares. Era hábil reparando cosas y lo hacía con genuina compasión. También era ateo.
Un no creyente puede amar y cuidar a sus padres, familia y amigos sin abrir la Biblia ni asistir a la iglesia. Y lo contrario también es cierto: alguien puede leer la Biblia cada semana y comportarse inmoralmente.
La moralidad nos rige a todos, sin importar lo que afirmamos creer.
Nos molestamos cuando nos roban.
Defendemos a nuestros hijos.
Reconocemos la injusticia cuando la vemos.
Eso es interesante.
La ley de gravedad describe lo que ocurre inevitablemente. La ley moral, en cambio, describe lo que debería ocurrir. Y aunque no siempre la obedecemos, todos sentimos que existe.
Cuando hablo de moralidad objetiva, me refiero a que el bien y el mal no dependen de opiniones humanas. No dependen de gobiernos, culturas o mayorías. Son reales y aplican a todos.
C.S. Lewis ilustró esto diciendo que, aunque en la guerra se utilice a un espía traidor, nadie lo admira.1 En el fondo lo consideran despreciable. La traición sigue siendo traición, aunque resulte útil.
Eso revela que reconocemos estándares morales que están por encima de la conveniencia.
¿Qué tiene que ver Dios en esto?
Tanto el creyente como el no creyente pueden actuar moral o inmoralmente.
Pero si la moral es objetiva, entonces necesita un fundamento que también sea objetivo y superior a nosotros.
Las explicaciones biológicas o evolutivas pueden describir por qué tenemos impulsos sociales, pero no explican por qué estamos obligados moralmente. No explican por qué algo es verdaderamente correcto o incorrecto.
La Biblia enseña que Dios escribió su ley en el corazón humano:
Aun los gentiles, quienes no cuentan con la ley escrita de Dios, muestran que conocen esa ley cuando, por instinto, la obedecen aunque nunca la hayan oído. Ellos demuestran que tienen la ley de Dios escrita en el corazón, porque su propia conciencia y sus propios pensamientos o los acusan o bien les indican que están haciendo lo correcto. (Romanos 2:14-15, NTV)
Esto significa que la conciencia no crea la ley moral; la refleja.
Si existe una ley moral objetiva, necesitamos un Legislador moral.
Si existe el bien real, necesitamos una fuente última del bien.
En términos simples: la existencia de la moral objetiva apunta a la existencia de Dios.
La Bomba teológica de hoy es que, no hay que ser creyente para comportarse bien. Pero el bien mismo no tendría fundamento último si Dios no existiera.
Por eso un ateo puede ser moral: porque fue creado a imagen de Dios y vive en un mundo donde la ley moral de Dios está presente, aunque no reconozca su origen.
No hace falta creer en Dios para actuar moralmente.
Pero sí hace falta que Dios exista para que la moral tenga fundamento.
Conclusión
El no cristiano puede ser moral. La moralidad está integrada en lo que nos hace humanos. Dios la puso en nosotros, reflejando su propio carácter bueno.
Sin embargo, la moralidad no salva a nadie.
Si la salvación dependiera de perfección moral, todos estaríamos perdidos.
Pero Dios salva por gracia. No por mérito.
Nos invita a confiar en Cristo.
Por eso, para el creyente, sigue siendo prioridad mostrar el amor de Jesús con palabras y obras. Cristo nos amó y entregó su vida por nosotros. Esa es la buena noticia que anunciamos.
Fuentes:
1- Lewis, C.S., Mere Christianity (New York, Harper Collins, 1952), 18



