Esta es una pregunta muy curiosa que nos hicieron. Recuerda que tú también puedes enviarnos tus preguntas a preguntas@verdadyfe.com. Es una pregunta importante pues la Biblia enseña que no hay distinción de pecados: todos te llevan lejos de Dios. Todos. Entonces, ¿a qué se refería el apóstol Juan aquí?
Vamos al texto en cuestión para poder luego pensar en él:
1 Juan 5:16-17 (NTV)
“16 Si alguno de ustedes ve que otro creyente comete un pecado que no lleva a la muerte, debe orar por él, y Dios le dará vida a esa persona. Pero hay un pecado que lleva a la muerte, y no digo que se ore por quienes lo cometen. 17 Todas las malas acciones son pecado, pero no todos los pecados llevan a la muerte.”
Varias cosas a notar aquí:
- Juan está hablando de creyentes – redimidos. No es una regla general para todas las personas, sino para cristianos, lo cual debe llamarnos más la atención.
- El énfasis de Juan es la oración por los creyentes y sus luchas con los pecados.
- Si el pecado no es de muerte, se debe orar por el creyente para que salga de ese pecado.
- Si el pecado es de muerte, la oración no ayudará. Está perdido. No es salvo, Dios ya lo desechó.
Hay dos tipos de respuestas con relación a qué son estos pecados que no llevan a muerte o que sí llevan a muerte. Voy a hablar de las dos, y diré cuál es la que pienso que es la opción correcta.
Algunos estudiosos afirman que aunque Juan no hace un listado de los pecados que son de muerte, existen pecados (dicen estos estudiosos) que al cometerlos, la persona muere físicamente. Dan como ejemplo a Ananías y Safira en Hechos 5: 1-11 y lo que Pablo menciona sobre los que participan de la Cena del Señor de manera indigna y que han enfermado e incluso muerto como dice 1 Corintios 11:27-30.
Sin embargo, pienso que estos dos ejemplos no son buenos pues seguramente hoy día ocurren estos pecados en nuestras congregaciones, pero la gente no cae muerta literalmente. A veces creemos que Dios aplicará su justicia de igual manera a todos en todo momento, pero esto no es lo que necesariamente pasa. Dios trabaja con nosotros en nuestra situación y contexto. Por eso no tenemos ejemplos como Ananías y Safira en nuestras iglesias.
Hay que entender el contexto de las muertes de Ananías y Safira, en Hechos 5. Ellos fueron muertos por el Espíritu Santo por mentir con relación a su ofrenda pues Dios estaba levantando un pueblo santo con el inicio de la Iglesia. Jesucristo quería santidad y la muerte de estas dos personas dejó claro sus intenciones. Hoy día, es misericordia y gracia extendida para con nosotros, cuando alguien miente similarmente y no le pasa nada. No significa que no haya consecuencia para la persona, pero históricamente, ya se sabe que quien le pertenece a Cristo debe procurar la santidad. El caso de Ananías y Safira lo dejó claro en la historia de la Iglesia emergente.
Por eso, yo pienso que los pecados que no llevan a la muerte, es una clasificación mucho más sencilla de explicar. Se refiere a aquellos pecados de los que podemos arrepentirnos. El otro lado de la moneda sería que hay pecados por los que no nos arrepentimos o no tienen la posibilidad de arrepentimiento, y esos sí llevan a la muerte. Pero la muerte aquí es espiritual, refiriéndose a una eternidad lejos de Dios. La persona no es salva, habrá perdido su salvación (recordemos que Juan le está hablando a creyentes, con relación a otros creyentes).
John Piper comenta:
“Por un lado, no sigues pecando si naces de nuevo. Por otro lado, nunca dejas de pecar en este mundo. En otras palabras, Juan está tratando de lograr un equilibrio entre la absoluta necesidad del nuevo nacimiento, lo que necesariamente da una medida significativa de victoria sobre el pecado. Ese es un lado. Por otro lado, está la realidad de que, como cristianos, cometemos pecados y podemos encontrar perdón al confesarlos.” 1
Entonces, el énfasis de Juan, para el creyente que recibió su carta originalmente era: “Asegúrate de no vivir en pecado y cuando peques, arrepentirte.” Por eso dijo también en el segundo capítulo de su epístola (antes de los versos en cuestión) lo siguiente:
1 Juan 2:1 (NTV)
“1 Mis queridos hijos, les escribo estas cosas, para que no pequen; pero si alguno peca, tenemos un abogado que defiende nuestro caso ante el Padre. Es Jesucristo, el que es verdaderamente justo.”
Juan desea que los creyentes se arrepientan cuando pequen y les dice las consecuencias de no vivir en arrepentimiento.
Hay un ejemplo en la Biblia de este tipo de pecado que es de muerte, porque la persona no puede arrepentirse. Lo vemos en Hebreos 12:16-17 (NTV):
“16 Asegúrense de que ninguno sea inmoral ni profano como Esaú, que cambió sus derechos de primer hijo varón por un simple plato de comida. 17 Ustedes saben que después, cuando quiso recibir la bendición de su padre, fue rechazado. Ya era demasiado tarde para arrepentirse, a pesar de que suplicó con lágrimas amargas.”
Al momento en que Esaú buscó restaurar lo que había hecho, Isaac había bendecido a Jacob con la bendición que le correspondía a él. No había vuelta atrás. Aunque se sintiera culpable y le doliera la situación, no se podía cambiar. Ese es el problema de pecar, pensando que tendremos un momento de arrepentirnos, como si Dios fuese un juguete que usamos para nuestro beneficio. Dios es Santo y no puede ser burlado (Gálatas 6:7). Es que el arrepentimiento bíblico no es un mero sentido de culpabilidad. La metanoia, que es la palabra en griego, se refiere a un cambio de dirección. Si no se cambió el rumbo y sólo se sintió mal por lo hecho, no hay arrepentimiento.
La Bomba teológica de hoy es que el arrepentimiento no estará disponible para siempre. No debemos procurar endurecer nuestro corazón pecado y viviendo en pecado, pues Dios extiende su misericordia y gracia, pero no hasta siempre. Va a llegar el momento donde como con el arca de Noé, Dios mismo cerrará la puerta del arca y la oportunidad de arrepentimiento se habrá acabado. Dios habrá desechado al que no quiso arrepentirse, como nos muestra en Romanos 1:20-32 – que lo dejo para que lo examinen como asignación. Ese es el el pecado que lleva a la muerte.
Por lo tanto, el pecado que no lleva a la muerte es aquel que todavía el creyente tiene la oportunidad para arrepentirse. Entonces la idea importante que nos debemos llevar de esto es que vivamos vidas en arrepentimiento. No dejemos que nuestro corazón endurezca. Cuando seamos confrontados con nuestro pecado, sea por la Palabra de Dios o por un hermano que nos estorba para decirnos nuestra falla, busquemos restaurar con Dios y con las personas afectadas rápidamente. No lo dejemos para después. Endurecer nuestro corazón es muy peligroso. Acuérdate del ejemplo del Faraón en Éxodo 14.
Fuentes:
1- Piper, John, “What Is the ‘Sin Not Leading to Death’ in 1 John 5?” (DesiringGod.org, 11 de diciembre de 2017) https://www.desiringgod.org/interviews/what-is-the-sin-not-leading-to-death-in-1-john-5#:~:text=There%20is%20sin%20that%20leads,is%20doing%20in%20this%20letter



