Déjate llevar por el Espíritu

Mensaje predicado originalmente en la Iglesia Cristiana Catacumba 9 de Cayey, PR el 30 de julio de 2023.

La epístola paulina a la iglesia en Galacia, es una carta que seguramente confrontó profundamente a los cristianos que la recibieron. Pienso que también puede tener el mismo efecto en nosotros hoy si la analizamos detenidamente. Hoy compartiré con ustedes algunos trazos de lo que Pablo escribe, pero les aseguro que si estudian la carta con detenimiento, le sacarán mucho más provecho que lo que podamos recibir en este tiempo ahora. Vamos a leer de Gálatas 3 y 5. Pero es necesario saber el contexto:

  • Pablo comienza estableciendo que su autoridad proviene de Jesús y del Padre mismo. Lo que va a decir, no es suyo, sino que es Palabra de Dios.
  • Dice que el evangelio que él enseña no puede ser cambiado, ni tan siquiera si un ángel mismo se aparece y dice algo diferente, que el ángel o quien fuere, sea maldito.
  • Explica que él recibió el evangelio de manera sobrenatural del propio Cristo, pero que llegó a confirmar el contenido de su mensaje con quienes eran considerados pilares de la Iglesia: Pedro, Juan y Santiago el hermano de Jesús.
  • Luego relata que Pedro mismo, en un momento quiso cambiar el evangelio por las acciones que tomó cuando vinieron unos judíos a la iglesia y echó a un lado a los gentiles. Pablo lo confrontó en su hipocresía, pues Pedro vivía ya como los gentiles. No guardaba la ley.

De alguna manera la Iglesia de los Gálatas había aceptado una visión que les alejaba del Evangelio. Pablo le llama así:

“¡Esa falsa enseñanza es como un poquito de levadura que impregna toda la masa!”

(Gálatas 5:9 NTV), lo cual hace eco de la enseñanza propia de Jesús de cómo las enseñanzas de los fariseos y saduceos podían ser esa levadura que daña la masa de su enseñanza (Mateo 16:6). El fariseísmo se había colado en la iglesia de los Gálatas.

Hoy quiero resaltar dos porciones de esta epístola. Leeremos Gálatas 3:1-14 y luego Gálatas 5:16-25. Usando estos textos, hablaré de tres puntos importantes, que son los siguientes:

1: La fe es la moneda del Reino de los cielos.
2: Sigue ejerciendo la Fe.
3: Déjate llevar por el Espíritu.

Gálatas 3:1-14 (NTV)

3 ¡Ay gálatas tontos! ¿Quién los ha hechizado? Pues el significado de la muerte de Jesucristo se les explicó con tanta claridad como si lo hubieran visto morir en la cruz. 2 Déjenme hacerles una pregunta: ¿recibieron al Espíritu Santo por obedecer la ley de Moisés? ¡Claro que no! Recibieron al Espíritu porque creyeron el mensaje que escucharon acerca de Cristo. 3 ¿Será posible que sean tan tontos? Después de haber comenzado su nueva vida en el Espíritu, ¿por qué ahora tratan de ser perfectos mediante sus propios esfuerzos? 4 ¿Acaso han pasado por tantas experiencias en vano? ¡No puede ser que no les hayan servido para nada!

5 Vuelvo a preguntarles: ¿acaso Dios les da al Espíritu Santo y hace milagros entre ustedes porque obedecen la ley? ¡Por supuesto que no! Es porque creen (FE) el mensaje que oyeron acerca de Cristo.

6 Del mismo modo, «Abraham le creyó (FE) a Dios, y Dios lo consideró justo debido a su fe». 7 Así que los verdaderos hijos de Abraham son los que ponen su fe en Dios.

8 Es más, las Escrituras previeron este tiempo en el que Dios haría justos a sus ojos a los gentiles por causa de su fe. Dios anunció esa Buena Noticia a Abraham hace tiempo, cuando le dijo: «Todas las naciones serán bendecidas por medio de ti». 9 Así que todos los que ponen su fe en Cristo participan de la misma bendición que recibió Abraham por causa de su fe.

10 Sin embargo, los que dependen de la ley para hacerse justos ante Dios están bajo la maldición de Dios, porque las Escrituras dicen: «Maldito es todo el que no cumple ni obedece cada uno de los mandatos que están escritos en el libro de la ley de Dios». 11 Queda claro, entonces, que nadie puede hacerse justo ante Dios por tratar de cumplir la ley, ya que las Escrituras dicen: «Es por medio de la fe que el justo tiene vida». 12 El camino de la fe es muy diferente del camino de la ley, que dice: «Es mediante la obediencia a la ley que una persona tiene vida».

13 Pero Cristo nos ha rescatado de la maldición dictada en la ley. Cuando fue colgado en la cruz, cargó sobre sí la maldición de nuestras fechorías. Pues está escrito: «Maldito todo el que es colgado en un madero». 14 Mediante Cristo Jesús, Dios bendijo a los gentiles con la misma bendición que le prometió a Abraham, a fin de que los creyentes pudiéramos recibir por medio de la fe al Espíritu Santo prometido.

1: La fe es la moneda (currency) del Reino de los cielos.

¿Viste el énfasis en la fe en este texto? La fe es la moneda del Reino de los Cielos, No es el Dólar o el Euro. Por un lado de la moneda, tenemos la confianza nuestra en Dios, su carácter y promesas y por el otro lado, tenemos el milagro contínuo de la persuasión de Dios a nuestro corazón. Medita en eso un momento.

La fe primero es dada por Dios a nosotros cuando escuchamos la Palabra de Dios y todo encaja en su lugar en nuestro interior (Romanos 10:17). Recibimos la moneda y la devolvemos en confianza a Dios y lo que ha dicho. Pero Dios nos la devuelve con su persuasión divina, que nos mueve a obedecer. Esa es la transacción. Pedro lo describe así:

1 Pedro 1:5 (NTV):

“Por la fe que tienen, Dios los protege con su poder hasta que reciban esta salvación, la cual está lista para ser revelada en el día final, a fin de que todos la vean.”

Esa moneda del Reino de los Cielos es el poder de Dios protegiéndonos. La damos y la tomamos de la mano de Dios todo el día, todos los días, hasta que lleguemos a la Eternidad. Lo imagino como si en el portón del frente en los Cielos, hay una abertura para depositar nuestra moneda de fe y los portones se abren.

Entonces aquí tenemos a Pablo una y otra vez explicando y enfrentando a los Gálatas, porque habían dejado a un lado la moneda de la fe, para regresar a sus propios recursos. Lo mismo que Pedro hizo, lo estaban haciendo ellos. Dejaron de depender de la moneda de la fe para depender en cuánto podían obedecer las leyes de Dios. En vez de poner su fe en Cristo, ahora estaban poniendo su fe en su cumplimiento de la ley.

Pero los gálatas, después de iniciar su relación con Dios a través de la gracia de Cristo quién pagó su deuda eterna en la cruz, decidieron regresar a la manera en que hacían las cosas antes. Empezaron a depender de su capacidad de obedecer las leyes de Dios. Empezaron incluso a celebrar las festividades judías para estar bien con Dios. Alguien les había convencido de que debían regresar a la ley.

¿Cuántas veces hacemos esto también? Teniendo la moneda del Reino de los Cielos, volvemos a depender de nuestras fuerzas inútiles. Pero triste es el caso porque como dice el versículo 10:

“Sin embargo, los que dependen de la ley para hacerse justos ante Dios están bajo la maldición de Dios, porque las Escrituras dicen: «Maldito es todo el que no cumple ni obedece cada uno de los mandatos que están escritos en el libro de la ley de Dios».” (Gal 3:10)

El que depende de la ley para su salvación, tiene que ser perfecto. Tiene que obedecer todos los mandamientos al pie de la letra. Desde que nace hasta que muere tiene que cumplirlos sin desviarse tan siquiera un poco. Si cuando eras adolescente mentiste una vez, o de adulto envidiaste el sueldo de tu compañero, ya estás condenado. No hay escapatoria ni salvación para el que depende del cumplimiento de la ley perfecta de Dios, porque el cumplimiento tiene que ser al 100%. No es como en el Islam, que los musulmanes creen que al final cuando mueran, Alá va a pesar sus buenas obras y sus malas obras, y si son más las buenas, entran al paraíso. Eso no funciona porque Dios dejaría de ser justo. Pero Dios es perfectamente justo y da a cada cual según merece. Si no cumplimos la ley por completo, merecemos el castigo eterno del infierno porque somos unos criminales sucios delante de la santidad de Dios. Y el infierno no es un chiste. El tormento allí será tal, que una persona que haya llorado todo un océano literal luego de 100 años de rechinar sus dientes, no habrá ni tan siquiera comenzado su estadía eterna allí. En el infierno no habrá descanso, solo sufrimiento, porque Dios no está allí. Hermanos, la santidad de Dios es cosa seria.

¡El único que puede cumplir con el estándar perfecto de la ley es el mismo Dios! Eso es lo que Pablo explica en el versículo 13:

“Pero Cristo nos ha rescatado de la maldición dictada en la ley. Cuando fue colgado en la cruz, cargó sobre sí la maldición de nuestras fechorías. Pues está escrito: «Maldito todo el que es colgado en un madero».” (Gal 3: 13)

La buena noticia del evangelio es que no dependemos de nosotros para agradar a Dios. Dios tomó la iniciativa para regalarnos su amistad. Cuando tomamos esta moneda de sus manos, se agrada de nosotros. Nos llama hijos y nosotros, por su Espíritu Santo, le llamamos Abba, Padre (Gal 4: 5-7). No hay otra manera de lograr esto. La única obra que tenemos que hacer es extender nuestras manos y recibir la salvación.

¿Estás dependiendo de tu capacidad de obedecer a Dios o estás dependiendo de Dios?

2: Sigue ejerciendo la Fe

La insistencia de Pablo a los Gálatas es la insistencia que nos provee este texto a nosotros hoy. ¡Sigue ejerciendo la fe, no dependas de tus obras!

Mientras me preparaba para enseñar esto, me llamó mucho la atención la insistencia de Pablo en la utilización de la palabra Fe. Confieso que sabía que Pístis significa confianza, pero no fue hasta que busqué nuevamente el diccionario griego, que me percaté de la etimología de esta palabra. Tengan paciencia conmigo, pienso que es importante:

πίστις / pístis – fe

Definición: fe, fidelidad
Uso: fe, creencia, confianza; fidelidad.
Origen etimológico: peithô, Persuadir, ser persuadido, persuasión (llegar a confiar por ser persuadido)

Me electrificó el comentario sobre la definición. Siempre la había brincado y sólo leía la definición y su uso. Obviaba el origen etimológico y la explicación más amplia. Pero allí encontré lo siguiente:

“Pístis («fe») para el creyente es «la persuasión divina de Dios» y, por lo tanto, distinta de la creencia humana (confianza), aunque la involucra. El Señor continuamente hace nacer la fe en el creyente rendido para que pueda saber lo que Él prefiere, es decir, la persuasión de Su voluntad (1 Juan 5:4).” 1

¡Por eso el énfasis de Pablo! Cuando ejercemos nuestra fe, no sólo estamos confiando en Dios, sino que él está persuadiendo nuestro corazón. Dios está activamente obrando de manera sobrenatural en nosotros cuando escuchamos su persuasión en nuestras conciencias y confiamos lo suficiente en él como para obedecer. Esa es la fe. Mira cómo Pablo apunta a esto:

Gálatas 5:7-8 (LBLA): “7 Vosotros corríais bien, ¿quién os impidió obedecer a la verdad? 8 Esta persuasión no vino de aquel que os llama.”

Hay una persuasión que sí es de Dios y que no nos estorba, sino que nos impulsa a obedecer la verdad.

Definitivamente un concepto totalmente diferente a lo que el mundo enseña que es fe. No se trata de creer a pesar de la falta de evidencia. Se trata de que Dios está persuadiendo movimiento en nosotros y nosotros confiamos en su persuasión al movernos en su dirección.

Por eso es que necesitamos fe, si vamos a agradar a Dios. Es la única manera, pues es evidencia de su involucración por medio de su Espíritu en nosotros y de nuestra rendición a su voluntad porque él es el Señor. La transacción de la fe es nuestra adoración contínua hacia Dios mientras que de su parte, es su obra milagrosa constante en nosotros. Ahora hace mayor sentido lo que enseña Hebreos 11:6 (NTV):

“De hecho, sin fe es imposible agradar a Dios. Todo el que desee acercarse a Dios debe creer (fe) que él existe y que él recompensa a los que lo buscan con sinceridad.”

Jamás podremos agradar a Dios tratando de portarnos bien y de obedecer su ley si no tenemos esta fe salvífica en nosotros. Esta fe se recibe de Dios, no se produce por nosotros.

¿Ya has recibido esta fe?

3: Déjate llevar por el Espíritu

Hace unas semanas, estaba reflexionando y orando pues me estaba encontrando incapaz de madurar en mi carácter en Cristo. Mientras oraba, Dios me llevó a Gálatas 5. Creo que a veces leemos este texto y lo entendemos de manera muy abstracta. Pero esta vez, pude ver lo práctico que es lo que Pablo quería que los gálatas entendieran y que venía insistiendo desde que los saludó al principio de la carta.

Gálatas 5:16-25 (NTV)

16 Por eso les digo: dejen que el Espíritu Santo los guíe en la vida (Vivan por el Espíritu, en la NVI). Entonces no se dejarán llevar por los impulsos de la naturaleza pecaminosa. 17 La naturaleza pecaminosa desea hacer el mal, que es precisamente lo contrario de lo que quiere el Espíritu. Y el Espíritu nos da deseos que se oponen a lo que desea la naturaleza pecaminosa. Estas dos fuerzas luchan constantemente entre sí, entonces ustedes no son libres para llevar a cabo sus buenas intenciones, 18 pero cuando el Espíritu los guía (la persuasión divina), ya no están obligados a cumplir la ley de Moisés.

19 Cuando ustedes siguen los deseos de la naturaleza pecaminosa, los resultados son más que claros: inmoralidad sexual, impureza, pasiones sensuales, 20 idolatría, hechicería, hostilidad, peleas, celos, arrebatos de furia, ambición egoísta, discordias, divisiones, 21 envidia, borracheras, fiestas desenfrenadas y otros pecados parecidos. Permítanme repetirles lo que les dije antes: cualquiera que lleve esa clase de vida no heredará el reino de Dios.

22 En cambio, la clase de fruto que el Espíritu Santo produce en nuestra vida es: amor, alegría, paz, paciencia, gentileza, bondad, fidelidad, 23 humildad y control propio. ¡No existen leyes contra esas cosas!

24 Los que pertenecen a Cristo Jesús han clavado en la cruz las pasiones y los deseos de la naturaleza pecaminosa y los han crucificado allí. 25 Ya que vivimos por el Espíritu, sigamos la guía del Espíritu en cada aspecto de nuestra vida.

Yo solía leer esto, suspirar y decir lo lindo que sonaba. Pero esa no es la intención de Pablo. Él no estaba escribiendo una poesía a la iglesia. Esta es una carta con dirección y consejos prácticos. Entonces dejarme llevar por el Espíritu no es un concepto abstracto, sino algo que lo podemos experimentar de manera práctica.

Ya que les hice el trasfondo de lo que significa la fe, pienso que estamos listos para entenderlo, si antes no lo entendías.

Se vive en el Espíritu por fe. Entiéndase, confiamos que al rendir nuestra voluntad porque confiamos que lo que Dios quiere es mejor, podemos obedecer porque confiamos que es lo que quiere, pero a esto hay que añadirle la otra parte de la transacción. Podemos vivir en el Espíritu porque Dios está persuadiendo nuestros corazones a obedecer. Cuando Dios nos persuade, si nosotros nos rendimos y confiamos que lo que él desea es mejor que lo que nuestra carne desea, lograremos vencer nuestra predisposición carnal y observaremos el fruto del Espíritu en nuestra vida. Veámoslo de manera desmenuzada en tres pasos:

  • Dios nos persuade (fe) a obedecer
  • Confiamos (fe) que su voluntad es mejor que nuestros deseos
  • Vemos el fruto del Espíritu

Esta es la manera de vivir según el Espíritu.
Es lo que Dios hace en nosotros porque somos suyos.
Es diametralmente diferente a tratar de seguir la ley al pie de la letra.

Ahora, porque sea un consejo práctico, no significa que va a ser fácil. Pablo mismo dijo que era una batalla campal en Romanos 7:21-25 (NTV):

“21 He descubierto el siguiente principio de vida: que cuando quiero hacer lo que es correcto, no puedo evitar hacer lo que está mal. 22 Amo la ley de Dios con todo mi corazón, 23 pero hay otro poder dentro de mí que está en guerra con mi mente. Ese poder me esclaviza al pecado que todavía está dentro de mí. 24 ¡Soy un pobre desgraciado! ¿Quién me libertará de esta vida dominada por el pecado y la muerte? 25 ¡Gracias a Dios! La respuesta está en Jesucristo nuestro Señor. Así que ya ven: en mi mente de verdad quiero obedecer la ley de Dios, pero a causa de mi naturaleza pecaminosa, soy esclavo del pecado.”

Aplicación:

Cuando Cristo me convenció a seguirle, yo tenía temor de Dios. Buscaba obedecer a Dios por mis capacidades y fracasé. No tenía al Espíritu Santo en mi, porque no había rendido mi vida a Jesús. Pero ahora en Cristo, a veces también tengo la tentación de regresar a hacer las cosas como las hacía antes: depender de mis fuerzas para obedecer a Dios. La frustración es muy grande cuando no se logra.

La razón es que nunca se suponía que tratara de hacerlo por mi cuenta. Cuando Pablo escribe: ”¡Ay gálatas tontos! (Gal3:1)” en verdad yo leo, ¡Ay Rick tonto! ¿Cómo es que regresé a donde Cristo llegó y me rescató?

Entiende que él persuade tu corazón para que confíes en él y dejes que su Espíritu te guíe. Ahora mismo, puedes dejar a un lado tus esfuerzos de obedecer y dejarte llevar por el Espíritu Santo a la obediencia, por medio de su dirección, de su persuasión divina.

¿Por qué Dios lo hace de esta manera?

Juan 16:14 (NTV) presenta a Jesús hablando de la obra que hará el Espíritu Santo:

“Me glorificará porque les contará todo lo que reciba de mí.”

Dios une la obra del Espíritu Santo en nosotros con nuestra confianza en Cristo, sus promesas y su Palabra para que su nombre sea exaltado. Él se lleva toda la gloria en este asunto. 2 Estamos usando la moneda del Reino de los Cielos que el propio Dios nos dio.

Cuando nos dejamos llevar por el Espíritu, le damos gloria a Dios. ¡Yo quiero participar de eso!

¡Cuán grande es el amor de Dios! Él no arriesga nuestra santificación a nuestras voluntades rotas. Incluso nuestro propio andar en el Espíritu, es liderado por Él. ¡Dios tiene el control! Esto es un motivo más para adorarle.


Fuentes:
1: Definición de pístis, Biblehub.com https://biblehub.com/greek/4102.htm
2: Piper, John “How do we walk by the Spirit” Desiringgod.com 14 de octubre de 2013, según leído el 25 de julio de 2023, https://www.desiringgod.org/interviews/how-do-we-walk-by-the-spirit

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About Rick Lipsett

(@ricklipsett) director y portavoz de verdadyfe.com. Ha escrito numerosos artículos relacionados a la apologética Cristiana. Sirve como pastor en la Iglesia Cristiana Catacumba 9 de Cayey, Puerto Rico. Actualmente cursa una maestría en Teología de Southern Baptist Theological Seminary (SBTS).
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