Como Cristianos, estamos constantemente en batalla interna por permanecer siendo santificados. Dios va obrando la imagen de Jesús en nosotros. Pero ¿esta batalla interna es normal para todo el mundo? Vayamos al texto bíblico a ver lo que encontramos:
Romanos 7:14-17 (NTV)
“14 Por lo tanto, el problema no es con la ley, porque la ley es buena y espiritual. El problema está en mí, porque soy demasiado humano, un esclavo del pecado. 15 Realmente no me entiendo a mí mismo, porque quiero hacer lo que es correcto pero no lo hago. En cambio, hago lo que odio. 16 Pero si yo sé que lo que hago está mal, eso demuestra que estoy de acuerdo con que la ley es buena. 17 Entonces no soy yo el que hace lo que está mal, sino el pecado que vive en mí.”
Pienso que existen tres tipos de personas a las cuales tenemos que preguntarnos si este texto les aplica:
- Los Cristianos
- Los que tienen temor de Dios pero no son Cristianos
- Los que están lejos de Dios por completo
Los Cristianos
Al leer el texto, vemos que Pablo es quién lo dice de sí mismo. En este punto de la historia del apóstol, Pablo era cristiano. Significa que está hablando de él mismo como creyente. Además, se lo está escribiendo a la iglesia en Roma que iban a sentirse identificados con Pablo porque ellos también eran Cristianos. Por lo tanto, ya sabiendo la audiencia a la que se le escribió el texto, podemos contestar que el texto de Romanos 7: 14-17 le aplica a Cristianos.
Los que tienen temor de Dios pero no son Cristianos
Existen otras personas que aún no se han convertido a Cristo. No son regenerados, por lo que no han experimentado la nueva vida en Cristo, pero desde pequeños, a lo mejor les han enseñado que hay un Dios, les han hablado de los mandamientos o de Jesús. Quizás van los domingos a la iglesia y se reúnen en las casas en las reuniones cristianas para estudiar la Biblia y todo, pero no le han entregado su vida a Cristo. Estas personas, por motivos del temor a Dios que les han enseñado, van a querer obedecer, pero encuentran que lo intentan y lo intentan, pero si son honestos, su pecaminosidad sigue teniéndoles de esclavos. La razón es que no se han rendido ante el Señor. No le han dado su vida. La batalla que tienen es diferente a la de Pablo pues están muertos espiritualmente y desde su muerte espiritual tratan de agradar a Dios, quién aún no les ha adoptado por causa de su rebeldía, entiéndase, no le han rendido sus vidas a Dios. Este, de los tres tipos de personas, pienso que es el más peligroso. Porque la persona podría pensar que está en Cristo, pero no está salvo. La salvación no se obtiene por ser bueno y estas personas tratan y tratan de ser buenos para ganarse la salvación. Pero Dios regala la salvación, lo que necesitan es rendirse y aceptar a Jesús como Salvador y Señor. Si lo hacen, cambian de categoría y el proceso de santificación que Pablo estaba experimentando ahora comienza en ellos también.
Este grupo de personas deberían meditar en lo que dice Romanos 10:9-11 (NTV)
“9 Si declaras abiertamente que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo levantó de los muertos, serás salvo. 10 Pues es por creer en tu corazón que eres hecho justo a los ojos de Dios y es por declarar abiertamente tu fe que eres salvo. 11 Como nos dicen las Escrituras: «Todo el que confíe en él jamás será avergonzado».”
Los que están lejos de Dios por completo
En tercer lugar, tenemos a los no-convertidos o aquellos que no quieren nada con el Dios de la Biblia. La persona que se encuentra fuera de una relación cercana con Dios no tiene esta situación. La razón es que han sido destituidos de la gloria de Dios, lo cual para el creyente es accesible por la gracia de Dios y lo que hizo por nosotros en Cristo Jesús. Pero aquel que aún no recibe el regalo gratis de Dios, sigue estando muerto espiritualmente. Así lo expresa Romanos 3: 23 (NTV)
“Pues todos hemos pecado; nadie puede alcanzar la meta gloriosa establecida por Dios.”
La persona que no se relaciona con Jesús se mide por la ley de Dios. Desde su nacimiento lleva pecando y por lo tanto ya es culpable y se encuentra sin manera de borrar su cuenta para entrar en un proceso de santidad. La santificación sólo es posible cuando recibimos a Cristo y entramos en ese proceso.
Por lo tanto, este grupo de personas vivirá conforme a lo que piensa que es correcto y ni cuenta se dará de su situación, a menos que alguien le predique.
Aquí el texto que nosotros debemos recordar y accionar, es Romanos 10:13-14 (NTV):
“13 Pues «todo el que invoque el nombre del Señor será salvo». 14 ¿Pero cómo pueden ellos invocarlo para que los salve si no creen en él? ¿Y cómo pueden creer en él si nunca han oído de él? ¿Y cómo pueden oír de él a menos que alguien se lo diga?
Esta es la gran importancia de poder llevar a otros el evangelio de Jesús. No queremos que nadie se pierda de la oportunidad gloriosa que, por gracia de Dios, tenemos los Cristianos. Dios está cerca y disponible. ¡Quiere una relación con ellos!
El creyente tiene la oportunidad de decirle que no al pecado que mora en nosotros pues hemos sido comprados por el sacrificio de Jesús. En fe, podemos vivir en el Espíritu Santo que ahora vive en nosotros como nos manda Gálatas 5:16.
Dios sacó al Cristiano de la situación espiritual en la que estaba. Ahora realmente somos libres para obedecer a Dios. Es ahora que notamos esta batalla campal en nuestro interior entre los deseos pecaminosos de nuestra carne y la nueva vida espiritual que Cristo nos dio cuando nos salvó.



