Hace algunas semanas, en el episodio 216 de nuestro podcast, contestamos la pregunta: “¿Dios puede crear otro Dios?” y en aquella ocasión mostramos que para Dios, crear otro Dios es imposible, pero que lo más cercano que ha hecho ha sido al ser humano. Al hacernos portadores de su imagen somos muy diferentes al resto de lo creado.
Hoy la pregunta es una de seguimiento. Es algo que se escucha mucho. Muchos dicen que fuimos creados perfectos. Quizás lo has escuchado o lo has dicho. Pero, ¿es así?
Imaginemos por un momento que un reino muy lejano fue consumido por una oscuridad absoluta. Esta ciudad era gobernada por un rey cuyo corazón era muy compasivo y apasionado con su pueblo, pero además de eso también era fiel a sus leyes y estatutos. Por otro lado, su hijo, el príncipe, tenía superpoderes. El príncipe, cuya luz interior era increíblemente radiante, tenía la capacidad de disipar las sombras donde quiera que se encontrara.
La oscuridad provocó que los ciudadanos enfermaran, que algunos murieran, y que en consecuencia a su desesperación comenzaran a violentar las leyes del reino revelándose contra el rey al intentar reemplazarlo. En fin, el reino estaba en caos. No quedó ni una sola persona que no hubiera cometido alta traición contra la corona por lo que la paga del pueblo lo era la muerte.
El rey los amaba tanto que decidió que una persona podría ocupar el lugar para la pena de muerte de toda una nación. Sin embargo, el problema de la oscuridad no se resolvía solo así. Así que, con un dolor inimaginable, decidió que el sacrificio de su hijo era la única manera en que ambas situaciones podían ser satisfechas, ya que con la muerte del príncipe toda su luz podría ser esparcida para contrarrestar la oscuridad que consumía la ciudad . Entonces el príncipe, por amor al reino de su padre, aceptó su papel con valentía y se entregó en lugar del pueblo para traer la luz de vuelta a casa.
… pero, ¿cómo adaptamos esta historia a nuestra pregunta?
¿Qué podemos decir si alguien afirma que la parábola de las 10 vírgenes apunta a que Jesús avalaba la poligamia? Recientemente nos abordaron con esta pregunta en el contexto de poder responder a alguien que usa la parábola para justificar su postura, pero es importante que podamos ir a la porción bíblica para verificar si en efecto de eso es que habla.
Si tenemos restos arqueológicos de lo que consideramos mitología y también de objetos que afirman lo que la Biblia dice, ¿debemos afirmar la mitología como cierta, de la misma manera que afirmamos el cristianismo? ¿Cómo respondemos a este reto? El punto es que si solemos argumentar que la arqueología demuestra que, lo que la Biblia presenta es cierto, entonces los hallazgos arqueológicos que sacan a la luz figuras que consideramos mitológicas deberían hacer lo mismo, ¿no?
En el 2022, por ejemplo, se descubrieron las ruinas de un templo a Zeus 1. ¿significa que Zeus era real entonces? O si el Partenón en Grecia era para los adoradores de la diosa Atena, ¿significa que Atena existe o existió?
Cuando hablamos Dios, siempre nos incomoda escuchar que Dios no pueda hacer algo. Nos preguntaron acerca de si Dios puede crear otro Dios y aquí ofrecemos algunas ideas al respecto.
Esta pregunta se parece a otra que muchos ateos hacen, y dice: “¿Dios puede crear una piedra tan pesada que él mismo no la pueda mover?” La respuesta a esa pregunta es que es imposible para Dios hacer algo que sea ilógico y la respuesta a la pregunta de hoy es similar también.
Pero deseo que podamos atender la pregunta desde dos puntos de vista: el bíblico y el lógico.
Hace algunas semanas, estuve dando una charla de apologética y un caballero se me acercó para preguntarme: “¿Si no leo la Biblia entonces no soy Cristiano?” Me informó que fue algo que escuchó de un predicador. Piensa en eso un segundo…
Si para ser cristiano, se necesitara leer la Biblia, ¿qué hacemos con los Cristianos del primer siglo? ¡La Biblia, como la conocemos, ni estaba escrita! Es como decir que Pedro, Pablo, Juan, Santiago, Lucas… los escritores del Nuevo Testamento no eran cristianos, bajo estos términos. Tampoco los miles que escucharon a Pedro predicar por primera vez y reaccionaron afirmativamente a la palabra que se les predicó. Si es necesario leer la Biblia como la conocemos hoy para ser Cristiano, ni siquiera Cristo calificaría.
Mensaje predicado originalmente en la Catacumba 9 de Cayey, Puerto Rico
Es curioso como Dios va entretejiendo convicción en nuestro interior, de manera que cuando decimos libremente que Jesús es nuestro Señor, es porque ya Dios ha hecho un trabajo previo en el interior de quien le confiesa. Esa convicción profunda es la que luego de abrir la boca y confesar que Cristo es el Señor, nos mantiene lejos de nuestra vida previa al pecado. El Espíritu mismo alimenta esa convicción para lograr madurez en el recién adoptado hijo de Dios. El Espíritu provoca en nosotros la convicción que nos permite perseverar. Pablo les habla de esto a los Tesalonicenses y nosotros necesitamos entenderlo si es que vamos a vivir una vida Cristiana en Espíritu, poder y convicción.
Estaré tocando tres puntos que, me parece que saltan del texto que le compartiré en 1 Tesalonicenses 1:1-7
1: El Espíritu produce convicción en nosotros 2: El ejemplo nuestro inspira a otros 3: Dios hace disponible la convicción
1 Tesalonicenses 1:1-7 (NVI) 1 Pablo, Silvano y Timoteo, a la iglesia de los tesalonicenses, unida a Dios el Padre y al Señor Jesucristo: Gracia y paz a ustedes. 2 Siempre damos gracias a Dios por todos ustedes cuando los mencionamos en nuestras oraciones. 3 Los recordamos constantemente delante de nuestro Dios y Padre a causa de la obra realizada por su fe, el trabajo motivado por su amor y la constancia sostenida por su esperanza en nuestro Señor Jesucristo.
4 Hermanos amados de Dios, sabemos que él los ha escogido, 5 porque nuestro evangelio les llegó no solo con palabras, sino también con poder, es decir, con el Espíritu Santo y con profunda convicción. Como bien saben, estuvimos entre ustedes buscando su bien. 6 Ustedes se hicieron imitadores nuestros y del Señor cuando, a pesar de mucho sufrimiento, recibieron el mensaje con la alegría que infunde el Espíritu Santo. 7 De esta manera se constituyeron en ejemplo para todos los creyentes de Macedonia y de Acaya.
Seguramente has escuchado la queja de labios de alguien alguna vez: “¿por qué Dios no salva a todos de una vez y ya?” Pareciera ser una cosa buena que Dios salve a todos y los lleve consigo al cielo. Sin embargo la Biblia no parece que enseña eso. Si vemos 2 Tesalonicenses 2:9-12 (NVI), por ejemplo, nos encontramos lo siguiente:
9 El malvado vendrá, por obra de Satanás, con toda clase de milagros, señales y prodigios falsos. 10 Con toda perversidad engañará a los que se pierden por haberse negado a amar la verdad y así ser salvos. 11 Por eso Dios les envía un poder engañoso, para que crean en la mentira. 12 Así serán condenados todos los que no creyeron en la verdad, sino que se deleitaron en la maldad.
Una de las razones por las que muchas personas abandonan el cristianismo es la decepción o desilusión que experimentan a causa de las imperfecciones que como humanos cargamos. Esto puede ocurrir en las iglesias; ya sea por sus enseñanzas, actitudes de otros cristianos, de sus líderes o la relevancia que la religión pueda tener en general.
Mientras vivamos de este lado de la eternidad no tenemos escapatoria de nuestros propios defectos, y por lo tanto todo lugar en el que nos reunamos para adorar y aprender de nuestro Dios estará lleno de personas que, como yo, necesitan a Cristo para ser salvos.
Independientemente de cuál sea la razón de nuestra decepción, ya sea por desviaciones, exageraciones o mentiras en la doctrina cristiana, es importante que reconozcamos y pongamos en práctica lo siguiente:
En su libro “Nuestra Adoración Importa”, Bob Kauflin menciona que “las divisiones también han protegido a la iglesia.” 1 Esto no le sonó correcto pues es claro que Jesús desea que su iglesia viva en unidad. Después de todo, el propio Jesús oró de esta manera:
Juan 17:21 (PDT) “Padre, te pido que todos los que crean en mí sean uno, así como tú estás en mí y yo estoy en ti. Te pido que ellos sean uno en nosotros para que el mundo crea que tú me enviaste.”
Entonces si Jesús quiso que hubiese unidad en su cuerpo de creyentes, ¿cómo podría ser beneficioso la división dentro de la Iglesia? Pues creo que es necesario poder distinguir entre tipos de divisiones. Pienso que hay dos tipos de divisiones: