¿Pueden salvarse las personas buenas que nunca han oído hablar de Jesús?

Episodio 301 de Verdad y Fe Podcast

Todos conocemos a alguien que, si el cielo se ganara por comportamiento, ya tendría su lugar asegurado. Entonces… ¿qué hace Dios con personas así que nunca oyeron de Jesús? Esta pregunta no es solo teológica; es profundamente emocional. Porque toca nuestra idea de justicia, de bondad… y de Dios mismo.

Esta pregunta carga consigo incomodidades que tanto creyentes como no creyentes dudan o cuestionan. El mensaje bíblico declara que sólo por medio de Jesús y su obra redentora es que las personas tienen la oportunidad de ser salvos. Jesús mismo lo expresó así:

Jesús le contestó: —Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie puede ir al Padre si no es por medio de mí. (Juan 14:6)

Basados en este texto, ya vamos viendo algo clave. Cuando hacemos esta pregunta, el problema no es la falta de información. El problema es el estandarte de justicia.

Es sólo por medio de Cristo que somos declarados justos, lo vemos en Romanos 3:24. Esto elimina la posibilidad de que al llevar vidas moralmente aceptables, podamos disfrutar de la salvación. Hoy quisiéramos poder echarle un vistazo a las incomodidades que esto nos levanta y traer respuesta apologética que defienda la postura bíblica y nos permita comprenderla un poco mejor.

Dios juzga

Aquí es donde la pregunta se vuelve incómoda, porque nadie quiere pensar en un Dios que juzga. Pero, Dios por definición es perfecto. Significa que es el único con la capacidad de emitir juicio correcto pues es perfecto en su moralidad. Como estandarte, puede mirarnos y decidir. El problema está aquí: la moralidad y la justicia tienen dos maneras de verla. Déjame explicarlo de una manera sencilla:

  • De abajo hacia arriba: el estandarte de moralidad somos nosotros
  • De arriba hacia abajo: Dios es el estandarte de moralidad y no nosotros.

La Biblia enseña que Dios es el estandarte de la moralidad porque refleja su carácter. Basta con echarle una mirada a los diez mandamientos, en Éxodo, capítulo 20, y vemos que surgen de cómo Dios es. Por lo tanto, la moralidad divina es el estandarte para el bien. Así que si miramos la moralidad de abajo hacia arriba tendremos siempre una discrepancia pues estaremos tratando de ajustar a Dios a nuestros estándares, cuando en realidad se supone que nosotros nos ajustemos a los suyos. Tememos que Dios juzgue, pero no consideramos que es el más apto para hacerlo. Nosotros tendemos a tirar para nuestro lado, buscando salir beneficiados, pero la verdadera justicia proviene del Imparcial: Dios. Y como el estandarte no es el nuestro, sino el de Dios, Él es quien juzga.

Sólo quien establece el estandarte, tiene la capacidad de mirarnos y decidir si llegamos a la marca o no. Pero aunque juzga, nos ofrece salvación. 

La obra de Jesús en la cruz es una buena noticia para nosotros. Objetivamente, todos tenemos la oportunidad de aceptar la salvación que Dios nos ofrece por gracia. No nos cuesta ninguna obra buena, ni moralidad perfecta que cuadre con el estandarte perfecto de Dios. En Jesús encontramos la solución a nuestros intentos fallidos de ser buenos. Porque sabemos que incluso aquel que pensamos que debe tener el cielo ganado, no es perfecto. Por lo tanto, incluso esa persona necesita a Jesús.

Así que la pregunta no es solo si alguien oyó o no oyó de Jesús, sino si existe algún ser humano que realmente cumpla con el estandarte de justicia de Dios.

¿Es suficiente la bondad humana?

Vemos la vida de algunas personas y podríamos decir “Este tiene el cielo ganado.” Podría tratarse de un vecino o un conocido. Una persona que notamos que procura vivir moralmente, siguiendo leyes y comportándose bien. Incluso cuando comete errores, vemos que se disculpa y procura mejorar. Pensamos en este tipo de personas y podríamos creer que como se comportan y viven de esa manera, en contraste con aquellos que claramente provocan daños a otros, como asesinos, pedófilos o extorsionistas, concluimos que tienen que estar bien. Pensamos que automáticamente, nuestra manera de interpretar la justicia debe ser igual a como Dios la interpreta. ¿Cómo sería si procuramos verlo desde el estandarte objetivo que es el carácter de Dios? Entiendo bien que nos incomoda la idea de que a alguien que consideramos bueno, Dios lo vea como inmoral, pero si el estandarte es la perfección de Dios, nadie queda eximido.

Aquí es donde sentimos el choque. Porque una cosa es hablar de justicia en teoría, y otra muy distinta es imaginar a personas que admiramos delante del juicio de Dios.

Pero, nuestros intentos de moralidad no pueden ser suficientes si el estandarte al que estamos expuestos es uno perfecto. Así lo dice el Nuevo Testamento:

Pues el que obedece todas las leyes de Dios menos una es tan culpable como el que las desobedece todas, (Santiago 2:10)

Si desobedecemos uno, desobedecemos todos los mandamientos. Es como si la ley de Dios fuese una sola y no renglones o listas, como acostumbramos verla. La ley es la perfección de Dios. Como es una sola, si fallamos en algún detalle, somos inmorales.

Significa que la bondad humana jamás fue suficiente. Por eso, al preguntarnos si una persona buena que nunca oyó de Jesús puede salvarse, el problema no es la falta de información, sino el estandarte de justicia.

Pero esto no es un dato para la desesperación porque Dios, sabiendo que no podemos llegar a la marca de la perfección moral, ha hecho provisión para nosotros. Jesús en su vida, muerte y resurrección, cumplió con la moralidad perfecta que Dios requiere y la justicia de Jesús es puesta sobre nosotros como un manto. Mira este texto:

¡Me llené de alegría en el Señor mi Dios! Pues él me vistió con ropas de salvación y me envolvió en un manto de justicia. (Isaías 61:10a)

Dios nos cubre con un manto de justicia, que cubre nuestras faltas y pecados. En Cristo, logramos tener la moralidad suficiente para agradar a Dios. Pues, cuando nos mira en Cristo, ve la justicia de su propio Hijo.

Exclusivismo cristiano

Otra objeción es la noción de que la única manera de ser vistos justos por Dios es por medio de Cristo. ¿Por qué no los de las demás religiones? Ya sabemos que bajo el estandarte bíblico, nadie llega a la marca de la perfección moral de Dios. Por lo que nadie, incluyendo los cristianos, tienen manera de ser salvos si no es por medio de Cristo. Esto puede llegar a ofender al no creyente y a poner a dudar al cristiano que quizás conoce personas de otras religiones que son más morales que ellos. Pero el exclusivismo cristiano tiene una razón de ser. No es que Dios sea aleatorio en decidir por una religión por encima de las demás. Lo que sucede es que el Cristianismo es totalmente diferente a las demás religiones, pues se trata de Dios inclinándose para servir a la humanidad en amor. Las demás religiones intentan una manera de abajo hacia arriba como decía al principio. Tratan de llegar a Dios haciendo cosas.

El cristianismo es exclusivo porque es Dios mismo entrando en nuestra historia y haciendo lo que sólo él podía hacer para rescatarnos. Solo un humano perfecto podía intercambiar lugares por un humano imperfecto y sólo si ese humano perfecto es Dios, tiene la valía de pagar por todos los humanos de toda la historia, porque su valor es infinito e incalculable. Solo Dios tiene un valor que no se agota, por eso su sacrificio puede cubrir a muchos. Ese es Jesús: completamente hombre y completamente Dios. Es la única escapatoria a nuestro juicio correcto. Fuera de ser causa de molestia, el exclusivismo cristiano debería ser motivo de alegría y agradecimiento, porque Dios nos dio la salida de nuestro problema existencial, sin tener que hacerlo. Lo hizo por amor. Así lo vemos en la Escritura:

pero Dios mostró el gran amor que nos tiene al enviar a Cristo a morir por nosotros cuando todavía éramos pecadores. (Romanos 5:8)

¡El exclusivismo cristiano es en realidad es una buena noticia. Dios ha abierto la posibilidad de salvación a todos!

Temor a las implicaciones misioneras

Habiendo entendido que el exclusivismo cristiano es en realidad algo bueno, al cristiano le pone una seriedad especial en el tema de las misiones. Porque lo que venimos diciendo apunta a que la labor misionera de la Iglesia y evangelizar al mundo entero es una tarea seria. La gente necesita escuchar la buena noticia de salvación con urgencia. El peso emocional y moral es enorme. Pero tampoco debe ser motivo de desesperación para el creyente. Me explico, cuando Jesús envió a sus discípulos a enseñarles todo lo que él les había enseñado a todas las etnias, lo hizo con cuatro ingredientes de gran peso e importancia. Veamos el texto:

Una vez más les dijo: «La paz sea con ustedes. Como el Padre me envió a mí, así yo los envío a ustedes». Entonces sopló sobre ellos y les dijo: «Reciban al Espíritu Santo. Si ustedes perdonan los pecados de alguien, esos pecados son perdonados; si ustedes no los perdonan, esos pecados no son perdonados». (Juan 20:21-23)

  • Fuimos enviados por Dios
  • Nos envió en Su autoridad
  • Nos dio el Espíritu Santo
  • El Espíritu en nosotros, nos lleva a reconciliar a las personas con Dios. (No porque tengamos poder propio para perdonar, sino porque anunciamos el perdón que Dios ofrece en Cristo.)

Por lo tanto, la orden de ir y predicar el evangelio, haciendo discípulos de Jesús a todas las etnias del mundo, es una labor que debe movernos a gozo y agradecimiento, pues es un privilegio enorme que se nos ha dado. El llamado es serio, pero es desde el amor de Dios por las personas que no le conocen y con la invitación a la restauración con él, que somos enviados. ¡Llevamos buenas noticias! Noticias que vienen con la autoridad absoluta de Dios mismo, que nos envía, y con Su Espíritu que nos lleva.

La Bomba teológica de hoy es que, si logramos comprender la moralidad desde el punto de vista de Dios, o sea: de arriba hacia abajo, la salvación o la buena noticia nos hará mayor sentido porque nuestro estandarte de moralidad no es el apropiado, sino el mismo carácter de Dios. Pero si entendemos la oferta de salvación, entonces deberíamos llenarnos de alegría porque Dios abrió puerta para que escapemos del justo juicio que merecemos, pues su Hijo Jesús ya pagó por el.

Conclusión

La Biblia no nos dice que las personas se pierden por no haber oído de Jesús, sino porque, habiendo fallado al estandarte de Dios, necesitan al único Salvador que puede rescatarlas.

Hoy, hemos visto cuatro incomodidades que nos surgen al pensar en el exclusivismo cristiano. Confío en que si hacemos el cambio de perspectiva necesario, podremos ver que el evangelio es necesario, atractivo y definitivamente bueno. Todos sabemos en nuestro interior que no hemos cumplido con la moralidad de manera perfecta. A menos que sea sólo yo que me examino a mí mismo y llego a esa conclusión.

La buena noticia no es que Dios pase por alto el pecado, sino que decidió cargarlo Él mismo. Dios espera con brazos abiertos a todos los que desean aceptar su oferta de salvación. Si aún no la aceptas, ¿por qué esperar más?

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About Rick Lipsett

(@ricklipsett) director y portavoz de verdadyfe.com. Ha escrito numerosos artículos relacionados a la apologética Cristiana. Sirve como pastor en la Iglesia Cristiana Catacumba 9 de Cayey, Puerto Rico. Actualmente cursa una maestría en Teología de Southern Baptist Theological Seminary (SBTS).
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