Si la salvación es solo por medio de Cristo, ¿qué pasa con quienes no pueden creer en Él? ¿Qué hace Dios con los bebés y con las personas que no pueden ejercer fe consciente?
Hace dos semanas publicamos ¿Pueden salvarse las personas buenas que nunca han oído hablar de Jesús? Ese tema provocó la pregunta de hoy.
Vayamos por parte y tratemos de descifrar tres incomodidades que hay detrás de esta pregunta, para atenderlas con inferencias teológicas razonables, pero también con corazón pastoral.
La justicia de Dios
Entre líneas, la pregunta cuestiona la justicia y bondad de Dios con relación a personas que no pueden creer conscientemente. La Biblia describe a Dios como justo. Es una de sus cualidades de su carácter. Por ejemplo, leemos:
Él es la Roca; sus obras son perfectas. Todo lo que hace es justo e imparcial. Él es Dios fiel; nunca actúa mal. ¡Qué justo y recto es él! (Deuteronomio 32:4)
Las cualidades que el texto nos da sobre el carácter de Dios son:
- Estable (roca)
- Perfecto moralmente
- Justo
- Imparcial
- Fiel
- Bueno
- Recto
Ser justo implica juzgar con verdad, tomando en cuenta todos los hechos y sin arbitrariedad. Esto es precisamente lo que nos muestra la Biblia en este texto. Dios nunca actúa fuera de su bondad. Siempre es bueno y fiel.
Este verso, aplicado a la vida cotidiana, nos lleva a algo importante: Dios no me juzga a mí de la misma manera que te juzga a ti. Cuando Dios me ve, conoce a la perfección todas mis acciones, pensamientos, deseos, conocimiento, etc… por lo que al emitir juicio sobre mí, será correcto siempre.
Dios, por definición, es el Ser máximo y perfecto que está por encima de todo. Si pensamos en las cualidades del carácter de un ser así, debe poseer toda buena cualidad a la perfección y sin tener cualidades malas o de un corazón malvado, pues por ser perfecto, no puede haber maldad en él.
Si confiamos en un Dios de ese calibre, nuestro temor debe calmarse. Dios no actuará con injusticia ante una persona que no es capaz de creer o confiar como otros. Se sale de cómo tiene que ser su carácter.
Los bebés aún no han tomado decisiones conscientes en contra de Dios. No han actuado con conciencia moral ni responsabilidad deliberada ante Dios, de modo que confiamos en que Dios los juzga de acuerdo con su situación específica y con su carácter justo. Por eso vemos en la Biblia textos como este:
—Ayuné y lloré—respondió David—mientras el niño vivía porque me dije: “Tal vez el Señor sea compasivo conmigo y permita que el niño viva”. 23 Pero ¿qué motivo tengo para ayunar ahora que ha muerto? ¿Puedo traerlo de nuevo a la vida? Un día yo iré a él, pero él no puede regresar a mí. (2 Samuel 12:22-23)
David había entregado su vida a Dios, por eso su convicción era que moriría y estaría con su Señor. Entonces sus palabras en este texto revelan su creencia con relación a su bebé que murió: le vería nuevamente. David estaba convencido de la bondad y justicia de Dios (2 Samuel 24:14). Reconoció que Dios era bueno y perfecto. Así serán sus juicios.
Responsabilidad vs. capacidad real
Otra incomodidad es poner la responsabilidad de conversión o de tener un estándar espiritual a personas que simplemente no pueden alcanzarlo. Como si deseáramos que fuesen igual que nosotros o de los demás cristianos. Pero estas personas no son de esa manera. Aquí el problema es que la salvación que la Biblia presenta como disponible para nosotros no está basada en méritos humanos. Dios no llega a la vida de aquellos que con su capacidad mental logran conectar con él. Los humanos no somos los que llegamos a Dios, sino que Dios fue quien se movió a rescatarnos a nosotros. Escucha este texto:
Pues Dios amó tanto al mundo que dio a su único Hijo, para que todo el que crea en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. (Juan 3:16)
Este versículo, que es probablemente el más famoso de toda la Escritura deja claro que Dios amó al mundo y envió a Jesús a salvarlo. No hace distinciones por capacidad, condición o desarrollo. Habla del mundo (entero). Las personas que se les imposibilita creer como otros, forman parte del mundo. Así que Jesús vino por ellos también. No depende de su capacidad intelectual o cognitiva, sino de la iniciativa soberana y misericordiosa de Dios. Similarmente, un bebé no puede escoger conscientemente a Jesús como Señor y Salvador, porque no se ha desarrollado como para hacerlo, por eso no es correcto que impongamos una responsabilidad donde Dios no lo haría jamás, porque es justo, como vimos en el punto anterior. De hecho, la Biblia enseña que hay un tiempo donde los niños y niñas no pueden escoger hacer lo malo:
Cuando ese hijo tenga edad suficiente para escoger lo correcto y rechazar lo malo, estará comiendo yogur y miel. (Isaías 7:15, NTV)
De eso podemos argumentar bíblicamente que Dios no pone el peso de la responsabilidad sobre los hombros de los bebés.
La coherencia del evangelio
La Biblia establece que la salvación es por fe en Cristo únicamente. Por eso, otra incomodidad es cómo encaja ese mensaje con quienes no pueden ejercer esa fe. Pero pienso que la dificultad que presenta esta inquietud se debe a que no estamos reflexionando sobre la persona de Dios, sino que simplemente queremos aplicar un texto a todos los casos, como si fuese una misma vara para todo. No digo que Dios haga diferenciación de personas, sino que por su justicia y bondad, debemos ver cómo él podría aplicar la obra de Cristo a aquellos que no pueden decidir a favor de él. La Biblia no responde esta pregunta con un versículo directo, pero sí nos da principios suficientes para reflexionar con confianza.
Mira cómo Dios aplicó la salvación de Cristo a aquellos que murieron antes de que Jesús tuviese su ministerio público hace poco más de dos mil años:
Así, por medio de Jesucristo, entramos en un nuevo pacto con Dios. Porque Jesucristo murió para que Dios nos perdonara todo lo malo que hicimos cuando servíamos al primer pacto. Y por medio de su muerte, también los que hemos sido elegidos por Dios recibiremos la salvación eterna que él nos ha prometido. (Hebreos 9:15, TLA)
Aquellos que confiaron en Dios para sus vidas fueron cubiertos por el sacrificio futuro de Jesús.
De manera similar, confiando en la bondad y la justicia perfecta de Dios, podemos creer que Él aplica la obra redentora de Cristo también a aquellos que no pueden elegirle libremente, como los bebés y las personas que no pueden ejercer fe consciente.
Siempre por medio de Cristo, y conforme a la manera en que Dios soberanamente obra en cada caso.
La base de esta confianza es el amor y la misericordia de Dios.
En una ocasión, cuando Jesús sanó a un ciego de nacimiento, dijo unas palabras que movieron a los fariseos a entender que les hablaba a ellos. Pero en ese momento, Jesús dijo unas palabras importantes para nuestra pregunta de hoy:
—Si fueran ciegos, no serían culpables—contestó Jesús—, pero siguen siendo culpables porque afirman que pueden ver. (Juan 9:41, NTV)
Un bebé o una persona incapaz de creer no tiene manera de afirmar que puede ver (espiritualmente), como hacían los fariseos. La implicación es que la culpabilidad está ligada a la conciencia y la responsabilidad moral, algo que estas personas no poseen.
La imagen bíblica de Dios alimenta nuestra confianza en Él.
Podemos confiar en Dios
La Biblia presenta un Dios que es absoluta y perfectamente bueno, amoroso, misericordioso y lleno de gracia.
Un Dios que obra a favor de nosotros y que antes de que pudiésemos hacer algo a su favor, dio la vida en la cruz para salvarnos, en la persona de su Hijo. La Biblia nos habla de la severidad que Dios tiene, pero no es en maldad ni por capricho:
Fíjate en que Dios es bondadoso pero también es severo. Es severo con los que desobedecen, pero será bondadoso contigo si sigues confiando en su bondad. En cambio, si dejas de confiar, tú también serás arrancado por completo. (Romanos 11:22, NTV)
Quienes no tienen manera de creer, tampoco procuran desobedecer pues no saben lo que es. Podemos confiar en el carácter de Dios y concluir que estas personas serán cubiertas y no desechadas por Dios.
Tenemos obligación de evangelizar
Aquellos que han probado la dulzura de la salvación que Cristo ofrece, definitivamente de la abundante gracia que hay en sus corazones, abrirán sus bocas para proclamar al Dios de su salvación. Somos llamados a evangelizar y eso no cambia si nuestra circunstancia cambia, pero evangelizamos porque la gracia de Dios ha sobrecogido nuestras vidas y hablamos de lo que hemos atesorado en el corazón. Con esto quiero decir que debemos hablar sin miedo a todos sobre las grandezas de Dios, incluyendo a personas que no pueden creer por alguna circunstancia o por su corta edad. Evangelizar no siempre significa explicar conceptos, sino reflejar el amor, la verdad y la presencia de Cristo.
Es una obligación porque es un mandato directo de Jesús para sus discípulos. Pero para el creyente cautivado por el amor de Dios, evangelizar es un privilegio y un placer. Contar las maravillas de Dios nos llena de gozo y queremos hacerlo lo más seguido posible.
La Bomba teológica de hoy es que, la perfección en el carácter de Dios nos permite confiar en Él.
Especialmente cuando se trata de personas que no tienen la capacidad de escoger por sí mismas. Si nuestra fe está puesta sobre el Dios de la Biblia, entonces sus cualidades tienen la capacidad de movernos del miedo a Dios, hacia estar maravillados por su amor y su misericordia. El creyente que reflexiona sobre la gracia de Dios puede llegar a confiar que incluso cuando ante nuestro entendimiento, alguien no tendrá manera de ser salvo, Dios puede encontrar cómo hacerlo.
Palabras finales
Este tema es, además de una duda frecuente y común, un tema difícil para padres y madres que han tenido un hijo o hija que califican en la pregunta de hoy y que ya no están aquí con ellos. Pero de la misma manera en que podemos contar con el corazón abundante en amor de Dios para con nuestros hijos, también podemos depender de Él para nosotros mismos. Dice la Palabra que Dios sana a los quebrantados de corazón, y venda sus heridas. (Salmos 147:3) El aliento y abrazo de Dios está disponible para aquellos que se duelen ante la pérdida. Mi oración hoy, es que Dios les fortalezca y muestre su amor inagotable para que puedan tener paz, aún en medio de la pérdida.



