¿Juan 1:31 contradice a Mateo 3:13?

Episodio 252 de Verdad y Fe Podcast

Mi esposa, mi hijo y yo recientemente estábamos teniendo un tiempo devocional y leíamos Juan, capítulo 1. Cuando llegamos a la parte donde Juan el Bautista habla de Jesús, mi hijo me preguntó: ¿Eso no es una contradicción? En mi escuela, en la clase de Biblia, Pastor Abdiel nos hablaba de Mateo 3 cuando Juan bautiza a Jesús y nos decía que Juan no se atrevía tan siquiera bautizar a Jesús… Un cálido saludo al Pastor Abdiel. Amado hermano, gracias por invertir en nuestros hijos allí en el salón de clases.

Me fascinó que mi hijo estuviera pensando en las Escrituras con seriedad. Mientras le contestaba, pensé que quizás alguno de ustedes también ha tenido esta inquietud antes, por lo que les comparto lo que dialogamos en mi casa. Pongamos los textos frente a nosotros:

Juan 1:29-31 (NTV) “29 Al día siguiente, Juan vio que Jesús se le acercaba y dijo: «¡Miren! ¡El Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo! 30 A él me refería cuando yo decía: “Después de mí, vendrá un hombre que es superior a mí porque existe desde mucho antes que yo”. 31 No lo reconocí como el Mesías, aunque estuve bautizando con agua para que él fuera revelado a Israel».”

Mateo 3:13-17 (NTV) “13 Luego Jesús fue de Galilea al río Jordán para que Juan lo bautizara, 14 pero Juan intentó convencerlo de que no lo hiciera. —Yo soy el que necesita que tú me bautices—dijo Juan—, entonces, ¿por qué vienes tú a mí? 15 Pero Jesús le dijo: —Así debe hacerse, porque tenemos que cumplir con todo lo que Dios exige. Entonces Juan aceptó bautizarlo. 16 Después del bautismo, mientras Jesús salía del agua, los cielos se abrieron y vio al Espíritu de Dios que descendía sobre él como una paloma. 17 Y una voz dijo desde el cielo: «Este es mi Hijo muy amado, quien me da gran gozo».”

Fíjense que en Mateo 3, Juan no está diciendo que Jesús es o no es el Mesías. La razón por la que no se atrevía a bautizar a Jesús para arrepentimiento era porque Jesús era más justo que Juan. Este conocimiento previo sobre el carácter de Jesús seguramente provenía de que eran familia. Juan y Jesús se conocían bien. Sabemos que eran familia por lo que leemos en Lucas 1:36 (NTV):

“36 Además, tu parienta Elisabet, ¡quedó embarazada en su vejez! Antes la gente decía que ella era estéril, pero ha concebido un hijo y ya está en su sexto mes de embarazo.”

Jesús y Juan eran primos. Se conocían de toda la vida. Juan, aunque algunos meses mayor que Jesús, tuvo que haber compartido con Jesús, comer con él, jugar con él, quedarse en su casa o viceversa… Sin embargo, había una pieza del rompecabezas que Juan aún no tenía y no fue hasta que Jesús fue sumergido en las aguas, que Dios mismo se lo reveló. Su primo no era solamente más justo que él, sino que era el mismísimo hijo único de Dios. Jesús era el Cristo, el ungido… el Mesías.

Entonces, el evangelio de Juan está relatando el testimonio de Juan según lo dio. Cuando contamos algo, muchas veces movemos el orden cronológico con la intención de hacer énfasis en algo. Precisamente eso es lo que tenemos aquí. Juan está viendo a Jesús pasar y anuncia que es el Cordero de Dios, quien quita los pecados del mundo. Luego añade como con un toque de vergüenza: “No lo reconocí como el Mesías, aunque estuve bautizando con agua para que él fuera revelado a Israel.”

Esto es lo tremendo de los evangelios. Nos dan cuatro puntos de vista de la misma historia. Cada punto de vista añade información a la historia y nos da una visión más completa de los sucesos. Entonces no se trata de una contradicción, sino de información adicional que debemos organizar para entender la historia de Jesús adecuadamente.

La Bomba Teológica de hoy es que el contexto siempre es importante para entender la Biblia. Si sólo sacamos un versículo de aquí y otro de allá, nos confundiremos o lograremos que la Biblia diga lo que queramos. Pero la lectura de libros tiene sus reglas y la Biblia no es la excepción. Hay que considerar el contexto siempre. Cuando lo hacemos, la objeción desvanece y nos damos cuenta de que lo que tenemos es una historia más robusta, ahora que conocemos más detalles de ella.

Aprovecho para ponerme el sombrero de pastor por un momento. Quiero exhortarlos a que si tienen familias, tomen el tiempo de estudiar las Escrituras juntos. Si Jesús es tu Señor, tráele a la intimidad de tu hogar. Nuestros hijos necesitan encontrarse con Jesús. Juntos en familia, podemos crecer en madurez espiritual. Esa es la tarea de los padres, ¡hagámoslo! En mi casa ese tiempo de lectura y estudio juntos ha sido el trampolín a numerosas conversaciones importantes que nos mueven a crecer en el Señor. Pongámoslo en práctica. El discipulado familiar es un mandato de Dios.

Deuteronomio 6:6-7 (NTV): “6 Debes comprometerte con todo tu ser a cumplir cada uno de estos mandatos que hoy te entrego. 7 Repíteselos a tus hijos una y otra vez. Habla de ellos en tus conversaciones cuando estés en tu casa y cuando vayas por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes.”

Necesitamos invertir en el crecimiento espiritual de nuestros hijos. La iglesia ayuda, pero no carga la responsabilidad primaria de la educación espiritual de tus hijos. En las iglesias hacemos equipo con las familias para instruir al niño en su camino, pero son los padres quienes tienen la responsabilidad. La iglesia apoya.

Ponlo en práctica y te prometo que será un tiempo muy especial en intimidad con el Señor y tu familia.

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About Rick Lipsett

(@ricklipsett) director y portavoz de verdadyfe.com. Ha escrito numerosos artículos relacionados a la apologética Cristiana. Sirve como pastor en la Iglesia Cristiana Catacumba 9 de Cayey, Puerto Rico. Posee una maestría en Teología de Southern Baptist Theological Seminary (SBTS).
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