Independencia en la Dependencia

Recientemente veía un programa de televisión de comida. ¡Me fascinan! En este episodio, el chef ruso a quien le dedicaron el show decía que en un momento de su vida, quiso salirse de la sombra de su Padre. Sentía que el control de su Padre sobre su vida le ahogaba y quería librarse de eso, para él ser su propio hombre. Deseaba su independencia con todo su corazón. Esto le llevó a irse de su casa y mudarse a otro país, donde tuvo que empezar de cero y aprender de numerosos errores, sin la red de seguridad debajo de él, para cuidarle. Se notaba la arrogancia y el orgullo de este hombre e inmediatamente me pude identificar con él.

Hay ocasiones en que también he pensado de esta manera consciente o inconscientemente sobre Dios. Posiblemente te ha ocurrido también. Queremos lanzarnos a lograrlo sin Él. Confiamos en que sabemos hacer las cosas bien y que vamos a agradar a Dios por nuestros propios méritos, porque después de todo, sabemos lo que tenemos que hacer y sabemos portarnos bien.

Se nos olvida que podemos “portarnos bien”, pero sin Dios, no existe el Bien. Necesitamos agarrarnos de Dios si es que vamos a vivir correctamente.

Hoy quiero mostrarles cuán insostenible es esta manera de pensar y qué nos dice la Biblia sobre esto. Quiero tocar tres puntos que salen de Gálatas 3: 10-14:

La Carta a los Gálatas tiene la peculiaridad de tomar la forma de admonición a una Iglesia que había recibido la instrucción de unos que se auto-proclamaban cristianos de procedencia Judía que insistían en que la salvación se obtenía por la obediencia a la ley de manera legalista. Esto es un tema serio, porque no fue escrita a los Gálatas para que se guardaran de pensamientos seculares de afuera de la iglesia, sino que en la misma iglesia se estaba escuchando el discurso de salvación por obras. Entiéndase, cada cual podía alcanzar a Dios por su propios méritos (legalismo).

Para nosotros hoy, quizás este tema del legalismo es muy bien conocido, o quizás no.

Quisiera que hoy cada cual pueda examinarse a sí mismo. Si eres nuestro amigo invitado o si eres nuestro hermano que lleva poco o mucho tiempo aquí con nosotros (presencial o remotamente). Pregúntate: ¿Dónde pongo actualmente mi confianza para asegurarme de ver a Dios al final de mi vida? ¿En mi capacidad de hacer ‘buenas obras’ o en la buena obra de Jesús?

Gálatas 3:10-14 NTV

10 Sin embargo, los que dependen de la ley para hacerse justos ante Dios están bajo la maldición de Dios, porque las Escrituras dicen: «Maldito es todo el que no cumple ni obedece cada uno de los mandatos que están escritos en el libro de la ley de Dios». 11 Queda claro, entonces, que nadie puede hacerse justo ante Dios por tratar de cumplir la ley, ya que las Escrituras dicen: «Es por medio de la fe que el justo tiene vida». 12 El camino de la fe es muy diferente del camino de la ley, que dice: «Es mediante la obediencia a la ley que una persona tiene vida». 13 Pero Cristo nos ha rescatado de la maldición dictada en la ley. Cuando fue colgado en la cruz, cargó sobre sí la maldición de nuestras fechorías. Pues está escrito: «Maldito todo el que es colgado en un madero». 14 Mediante Cristo Jesús, Dios bendijo a los gentiles con la misma bendición que le prometió a Abraham, a fin de que los creyentes pudiéramos recibir por medio de la fe al Espíritu Santo prometido.

1: La ley se cumple toda o se viola

Cuando tenía como 16 años, recuerdo estar en un servicio religioso navideño tempranito en la mañana en mi escuela. Cuando finalizó el mismo, fuimos a un desayuno y le cedí mi turno a una compañera para que se sirviera su jugo. Una de las que atendía el comedor me vio y me dijo: “Ya hiciste la ‘buena obra’ del día.” Esto parecerá bobo, pero a mi me marcó. El resto del día, si cometía un error moral (pecado) decía, “uff, ¡qué bueno que hice esa buena obra en la mañana!”

Hay muchas personas que consideran que así es que se debe vivir. Haciendo la mayor cantidad de ‘buenas obras’ posibles para que nuestra balanza existencial se incline hacia lo moral y así Dios nos reciba y acepte como suyos. En esta visión de vida, Dios lo que hace al final de nuestro caminar en la tierra es contar los buenos actos y los malos actos. Si hay más buenos que malos, ¡excelente!, somos salvos y estaremos en el cielo con él. De hecho, así piensan nuestros amigos musulmanes.

Pero este sistema trae grandes problemas, pues nunca sabríamos con ningún tipo de certeza si nuestro balance está en positivo o en negativo con Dios. Simplemente no sabemos cuántas veces hemos fallado y cuántas veces lo hemos logrado. No sabemos ese número, por lo que la ansiedad sobre el paradero de nuestra eternidad sería demasiado pesada para nuestros hombros.

Hay otros que piensan que nos portamos bien para contrarrestar las veces que nos hemos portado mal. (No como si fuese una balanza, sino un estado de cuenta en negativo). Comúnmente se le llama “karma” a esto, pero esa cosmovisión proveniente del Hinduismo y el Budismo) es aún peor, pues en esa creencia, el Karma se acumula a través de tus pasadas vidas, esta y las futuras –pues creen en la reencarnación. Pero eso sería peor aún, pues necesitas llegar a un punto de iluminación donde te das cuenta de que la cuenta de tu karma está en negativo y necesitas hacer buenas obras para lograr, no solo llevar la cuenta a cero, sino a un número en alto positivo y así lograr el máximo nivel espiritual posible. De lo contrario, esa persona continuará reencarnando para que lo logre. Pero, ¿lo podrá lograr? Cada vida que reencarna no es una nueva oportunidad con el balance en cero. Vienes cargando el balance de tu vida anterior. Esto debe provocar aún mayor peso sobre los hombros. Mayor ansiedad por tu paradero existencial.

Ambas posturas fallan ante las Escrituras.

En el texto que leímos, Pablo hace una declaración que debería detenernos y sacudirnos si pensamos de alguna de esas maneras:

“«Maldito es todo el que no cumple ni obedece cada uno de los mandatos que están escritos en el libro de la ley de Dios».”

Pero no fue solo Pablo, inspirado por el Espíritu que dijo esto:

Deuteronomio 6:25 NTV

“ 25 Pues cuando obedezcamos todos los mandatos que el Señor nuestro Dios nos ha dado, entonces se nos considerará justos”.

Santiago 2:10 NTV

“ 10 Pues el que obedece todas las leyes de Dios menos una es tan culpable como el que las desobedece todas,”

Esto significa que para poder “portarnos bien” tenemos la obligación y deber moral de cumplir con todos los mandatos de Dios. No hacerlo es lo mismo que violarlos a todos. En esto, no hay términos medios. O eres santo o no lo eres. A vuelo de pájaro, cuando nos examinamos en esta área, seguramente nos daremos cuenta que no somos santos. No hemos cumplido. Así, no veremos a Dios jamás.

La ley de Dios no son 10 ítems que podemos escoger seguir. Quizás es beneficioso para nosotros ver los mandatos de Dios como números organizados y listas para poder estudiarlos, entenderlos y aprenderlos. Pero cada componente de la ley de Dios me muestra un aspecto del carácter de Dios, y Dios no se puede dividir en secciones. Seguir algunos aspectos del carácter de Dios y otros no, es algo absurdo.

Similarmente con la ley. La ley es un bloque completo. La aprendemos en secciones pero es una sola, como Dios es uno solo. Al entender esto, comprendemos el lío existencial en el que estamos metidos sin Cristo.

2: Nos conviene la dependencia de Dios

Dios es conocido como la causa no causada. No depende de nadie ni nada para existir. Él es el único ser incontingente. Esto significa que todo lo demás, todo lo creado es contingente y depende de algo para existir. Primordialmente, depende del propio Dios.

La semana pasada, Pastor Juanma hablaba de lo importante de mostrarle a nuestros hijos lo dependientes que somos de Dios, para que ellos sepan a dónde acudir para dirección de sus vidas. Esto conlleva una vida abrazados de Dios para cada decisión, paso, o movimiento. En lo pequeño y también en lo grande.

O como lo dijo el propio Jesús:

Juan 15:5 NTV

“ 5 »Ciertamente, yo soy la vid; ustedes son las ramas. Los que permanecen en mí y yo en ellos producirán mucho fruto porque, separados de mí, no pueden hacer nada.

Entonces, ya vimos que quien depende de sus obras para ser salvo, tiene que cumplir toda la ley a la perfección. De no hacerlo, la ley le condena por violarla. A esto, Pablo le llama la “maldición”. Es una maldición porque es imposible para todo ser humano el ser salvo por sus obras. Pero la idea de Dios no fue que fuésemos independientes de Él. Su deseo es que permanezcamos conectados a Él, como las ramas que están conectadas al árbol.

Cristo fue y será el único que cumplió la ley a la perfección, para que con su muerte y resurrección, fuésemos rescatados de nuestra imposibilidad moral. Si podemos estar conectados al árbol, es porque la obra de Cristo en la cruz hizo provisión para eso.

Si seguimos leyendo en Gálatas 3: 11, Pablo también nos dice dónde debería estar nuestra dependencia:

Gálatas 3:11 NTV

“ 11 Queda claro, entonces, que nadie puede hacerse justo ante Dios por tratar de cumplir la ley, ya que las Escrituras dicen: «Es por medio de la fe que el justo tiene vida».”

La única manera que podemos agradar a Dios, no es a través de la obediencia de su ley por lo “buenos” que somos. La obediencia tiene que nacer de la confianza de que fuimos rescatados por Él. Es Dios quien nos salva, porque como vimos, Nadie puede cumplir la ley a la perfección para lograr alcanzar a Dios.

Para muchos de nosotros esa fue la puerta que Dios abrió un día y aquí estamos, con el título de Hijos de Dios pues nos adoptó al salvarnos. Pero esa puerta permanece abierta para nosotros para la santificación que Dios va obrando en nuestras vidas. Es un proyecto de vida. Es un proceso que termina cuando así Dios lo decide y vamos a estar con él. Es un proceso en el cual perseveramos.

Pero es importante recordar que sólo Jesús pudo cumplir con las exigencias de la ley. Obedeció cada letra y la cumplió a la perfección. 33 años sobre la tierra en santidad y luego se entregó a la cruz para derramar su sangre como rescate por nosotros y ahora el Cristo resucitado nos otorga su victoria a cada uno que acepta su obra redentora como eficaz para el/ella. Ahora que Jesús es nuestro Señor y Salvador es que verdaderamente puedo depender de Dios pues finalmente estoy en amistad con el Señor. Algo que sin Cristo es imposible tener. Pero nuevamente, mejor que lo diga la propia Escritura:

Gálatas 3:12-14 NTV

12 El camino de la fe es muy diferente del camino de la ley, que dice: «Es mediante la obediencia a la ley que una persona tiene vida».

13 Pero Cristo nos ha rescatado de la maldición dictada en la ley. Cuando fue colgado en la cruz, cargó sobre sí la maldición de nuestras fechorías. Pues está escrito: «Maldito todo el que es colgado en un madero». 14 Mediante Cristo Jesús, Dios bendijo a los gentiles con la misma bendición que le prometió a Abraham, a fin de que los creyentes pudiéramos recibir por medio de la fe al Espíritu Santo prometido.

3: En Dios hay verdadera independencia del pecado

Muchos anhelamos la independencia. Ser independientes y valernos por nosotros mismos, es algo que nos llena de orgullo. Sin embargo, en nuestra condición espiritual no nos conviene tratar de ser independientes. Pero cuando recibimos el regalo del Espíritu Santo viviendo en nosotros, ¡obtenemos la verdadera independencia! ¡La que verdaderamente necesitamos!

El Espíritu nos da la seguridad de que somos salvos (Efesios 1:14). Eso quita toda ansiedad ante la posibilidad de que nuestras ‘buenas acciones’ no sean suficientes. Si el tratar de ser salvos por la ley, Pablo le llama “maldición” (v.10) aquí vemos lo opuesto. La “bendición” (v.14) de Dios para nosotros es su Espíritu Santo morando en nosotros. Es ahí que tenemos seguridad de que veremos a Dios, si su Espíritu Santo vive en nosotros. Esa es la verdadera independencia. ¿Por qué?

El Espíritu nos liberta de la esclavitud al pecado. La independencia que necesitamos,viene gracias a nuestra dependencia de Dios.

Sin el Espíritu de Dios en nosotros, el pecado es nuestro amo y nosotros le obedecemos. En efecto, vivimos en esclavitud y no tenemos escapatoria. Podemos hacer todas las supuestas ‘buenas obras’ que queramos, y aún así no son obras que agradan a Dios, pues las hacemos desde nuestra vida bajo el yugo opresor de nuestro pecado. Mira como lo expresa Romanos:

Romanos 8:5-6 NTV

“ 5 Los que están dominados por la naturaleza pecaminosa piensan en

cosas pecaminosas, pero los que son controlados por el Espíritu Santo piensan en las cosas que agradan al Espíritu. 6 Por lo tanto, permitir que la naturaleza pecaminosa les controle la mente lleva a la muerte. Pero permitir que el Espíritu les controle la mente lleva a la vida y a la paz.

Así que aquellos de nosotros que hemos recibido la oferta gratuita (para nosotros) de Salvación en Jesús. Que hemos rendido nuestras vidas a Jesús como nuestro Señor y Salvador, tenemos una buena noticia:

Jesús nos ofrece la verdadera independencia, cuando dependemos de Él.

No sólo eso, sino que nos da lo que necesitamos para poder vivir en esta nueva vida. El Espíritu Santo que ahora vive en cada creyente, nos fortalece y empodera para vivir una vida en santidad, aprovechando nuestra nueva libertad. Mira como lo dice

2da Timoteo:

2 Timoteo 1:7 NTV

“ 7 Pues Dios no nos ha dado un espíritu de temor y timidez sino de poder, amor y autodisciplina.”

Yo necesito esta buena noticia. Dios produce en nosotros el dominio propio / autodisciplina. Es su regalo para nosotros.

Cuando examino mi caminar en Cristo, veo que aún le fallo y peco. Si dependiera de la ley, no tendría manera de regresar a mi Jesús. Yo necesito la gracia de Dios, la cual me cubre y me rescata cada vez que peco. Por la gracia de Cristo es que puedo levantarme nuevamente, proseguir en la carrera e ir dominando mis patrones que me llevan a pecar. Puedo volver a entrar en las buenas obras que preparó de antemano para mi, si me arrepiento de corazón y vuelvo a abrazarle. Sin autodisciplina, no podría dominarme a mí mismo ni romper con esos patrones que me llevan a pecar y me alejan de los brazos de Dios. Esta es la obra del Espíritu en mí.

La única manera de gozar de la independencia del pecado es depender del Espíritu Santo y la gracia de Jesús sobre mi vida.

¡Esto sí que son buenas noticias!

Conclusión:

Efesios 2:8-9 (NTV) nos enseña lo siguiente:

“ 8 Dios los salvó por su gracia cuando creyeron. Ustedes no tienen ningún mérito en eso; es un regalo de Dios. 9 La salvación no es un premio por las cosas buenas que hayamos hecho, así que ninguno de nosotros puede jactarse de ser salvo.”

Este es uno de esos versículos que solemos repetir. Pero hoy quisiera presentarlo con el propósito de identificar el lugar correcto de nuestras ‘buenas obras’.

Sólo alguien que ha recibido el perdón de pecados y que tiene el Espíritu Santo morando en ellos, puede hacer verdaderas buenas obras.

Nosotros necesitamos obedecer la ley, pero no para ganarnos nada. Obedecemos la ley porque así estaremos siguiendo la dirección del carácter de Dios sobre nuestras vidas, quién es nuestro Padre. Nos “portamos bien” por así llamarlo, porque ya fuimos salvos y es así que a Papá le agrada que nos comportemos. Entonces es un comportamiento que proviene de:

  • Adoración
  • Agradecimiento
  • Convencimiento (de que la voluntad de Dios es buena realmente)

No obedecemos para ganar algo, sino que porque ya el regalo se nos dio en Cristo Jesús. Esa es la manera sana de ver la ley de Dios. Nosotros necesitamos amar la ley, pero desde la perspectiva correcta. Como dijo Jen Wilkins: “Yo amo la ley porque Jesús ama la ley y yo amo a Jesús.”1

La maldición de la dependencia de la ley, es porque esa supuesta obediencia, realmente proviene de nuestra arrogancia y orgullo de atrevernos a pensar que podemos llegar a ver a Dios por nuestros propios esfuerzos, siendo nosotros todos pecadores. Nosotros necesitamos obedecer los mandatos de Dios, pero no para demostrar nuestro mollero espiritual y capacidades de ser “buenos” pues no lo somos. (Marcos 10:18)

Dependemos en Jesús y le obedecemos porque es lo correcto y porque así demostramos nuestra dependencia y amor a Él, quien nos salvó.

Hoy, necesitamos entender que la manera legalista de ver la ley y obedecerla para llegar a Dios falla, porque la Ley de Dios se tiene que cumplir toda, o la estamos violando. Por lo que nos conviene la dependencia de la obra redentora de Cristo. Entendiendo que sólo a través del Espíritu Santo en nosotros es que podemos agradar a Dios. Sólo en Cristo hay verdadera independencia del pecado


1 “Does Grace Oppose Hard Work?” conversación entre Jen Wilkins y Michael Krueger en el TGC 2021: https://ondemand.tgc21.thegospelcoalition.org/

Acerca de Rick Lipsett

(@ricklipsett) director y portavoz de verdadyfe.com. Ha escrito numerosos de artículos relacionados a la apologética Cristiana. Sirve como pastor en la Iglesia Cristiana Catacumba 9 de Cayey, Puerto Rico.
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