¿dios Domesticado?

Hace algunos años, estaba con unas personas, caminando en el borde sur de la Isla de Manhattan en Nueva York. Entrábamos a los terminales que dan acceso al Upper Bay, pues daríamos una vuelta alrededor de Liberty Island, para ver la Estatua de Libertad de cerca. Desde que supe que iba a viajar con ellos, tomé en serio el consejo de Pastor Tito y oraba a Dios para que me presentara puertas para entrar y puentes que cruzar y poder hablarles del Evangelio a ellos. Ese día, Dios se lució.
“Oro a mi ángel para que me ayude en mis quehaceres todos los días”, dijo una de las presentes. Vi la puerta abierta de par en par y le respondí: “¿por qué hablar con un ángel si Dios mismo quiere escucharte?” Su confusión ante mi pregunta fue evidente. Nunca se lo había cuestionado. Lo único que se le ocurrió decirme, es lo que guardaba en su corazón: “Dios debe estar demasiado ocupado para mis peticiones pequeñas, ¿para qué molestarlo?”. A esto, le respondí: “Tu concepto de Dios es muy pequeño. A Dios no hay algo que le ocupe demasiado o que no pueda manejar más cosas a la vez, como para atenderte. ¡Él es el Todopoderoso!” Esa puerta abierta, permitió que otro de los presentes, que escuchó la conversación, se acercara luego y habláramos de la soberanía de Dios, mientras admirábamos la Estatua de Libertad. Dios puso el pie en la puerta e incluso cuando regresamos a Puerto Rico, regularmente dialogabamos de temas espirituales. Quería saber más sobre este Dios, quien no era un dios domesticado y que tenía algo que decir sobre su vida. Como nosotros, él también quería lograr la victoria sobre el mundo.

1 Juan 5: 5 NTV
“¿Y quién puede ganar esta batalla contra el mundo? Únicamente los que creen que Jesús es el Hijo de Dios.

Para nosotros los creyentes, es común decir que Todo lo podemos en Cristo, quien nos fortalece. Decimos que con Dios, todo lo podemos. Sabemos que esto es cierto.

Sabemos cómo se ve esa victoria contra el Mundo, al llegar al versículo 12:

_El que tiene al Hijo tiene la vida_; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.” ~ 1 Juan 5: 12

Pero, ¿nos tomamos el tiempo de analizar cómo es Cristo, quien nos hace vencedores en la batalla contra el mundo? ¿Cómo es Ese quien nos da la vida? Pienso que muchas veces nos traemos ese concepto del dios domesticado a nuestra vida en Cristo. Puede que oremos y hagamos todo lo que se espera de un cristiano, pero en el fondo, dudemos de la capacidad de Dios para salvarnos de algún desorden de nuestra vida. Especialmente si obedecemos su Palabra y lo hacemos a su manera. Puede que consideremos que la manera en que lo haríamos nosotros sería mejor y más efectiva. Sentamos a ese dios domesticado en el lugar que le corresponde a DIOS. Ese dios podrá decirnos cosas lindas que queremos escuchar, pero el Dios verdadero nos dirá la verdad sobre nosotros, para luego meter las manos en nuestro corazón y operar santidad en nosotros.

Si queremos obtener esa victoria sobre el mundo, que la Biblia nos habla, necesitamos entronar al Dios verdadero en nuestras vidas. No podemos sentar un dios domesticado ahí y pretender que la victoria sobre el mundo sea nuestra.

Quiero compartirles unos datos bíblicos de Quién y cómo es ese Cristo a quien servimos, para que podamos sacar al dios domesticado de nuestras vidas y darle entrada al verdadero Rey de Gloria al trono de nuestros corazones. Significa que mi intención es que no sólo veamos cualidades de Jesús, de manera académica e intelectual, sino que seamos provocados a adorarle en asombro. ¿Les interesa?

Apocalipsis 1:10-16 NTV

“10 Era el día del Señor, y yo estaba adorando en el Espíritu. De repente, oí detrás de mí una fuerte voz, como un toque de trompeta, 11 que decía: «Escribe en un libro todo lo que veas y envíalo a las siete iglesias que están en las ciudades de Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea».

12 Cuando me di vuelta para ver quién me hablaba, vi siete candelabros de oro. 13 Y de pie en medio de los candelabros había alguien semejante al Hijo del Hombre. Vestía una túnica larga con una banda de oro que cruzaba el pecho. 14 La cabeza y el cabello eran blancos como la lana, tan blancos como la nieve, y los ojos eran como llamas de fuego. 15 Los pies eran como bronce pulido refinado en un horno, y su voz tronaba como potentes olas del mar. 16 Tenía siete estrellas en la mano derecha, y una espada aguda de doble filo salía de su boca. Y la cara era semejante al sol cuando brilla en todo su esplendor.”

  1. Siete candelabros de oro: Jesús está en medio de los candelabros, que son las iglesias. Está caminando entre ellas, inspeccionándolas. El tiene la autoridad sobre las iglesias–son suyas y está muy atento a cada detalle que ocurre en ellas. Las supervisa para darles lo que necesitan (en este caso, cinco de ellas necesitaban corrección y dos, aliento). El Hijo de Dios está muy involucrado en el proceso local (cada candelabro) y del cuerpo en general (los siete candelabros) de la Iglesia. Su amor, entrega, dirección y autoridad sobre la Iglesia no tiene comparación.
  2. Vestía una túnica larga con una banda de oro: Cristo tiene puesta su ropa real. Él es el Rey. Significa que es el Soberano. La providencia es suya. El organiza y dirige los eventos de la Historia. Es quien está al pendiente de todo lo que ocurre y de manera activa, pues está de pie en medio de los candelabros. No descansa. No necesita descanso, ¡pues es Dios poderoso!
  3. Cabello blanco como la lana: esta no es una señal de decadencia por la vejez, sino de total sabiduría. El Anciano de Días lo sabe todo. Todo lo conoce, todo consejo, dirección, idea, sugerencia y mandato que proviene de Él es perfecto y preciso. Él sabe lo que se tiene que hacer y cómo se tiene que hacer. No hay conocimiento que se le escape. No hay recuerdos que se le olviden. No es Anciano de edad, sino de toda sabiduría.
  4. Sus ojos eran como llamas de fuego: Por si nos equivocábamos pensando que estaba viejo y olvidadizo, aquí Juan deja claro el vigor que hay en Cristo. Si el alma es el reflejo de nuestro espíritu, el de Cristo está encendido en llamas. Arde en amor y justicia. Quema en perdón, misericordia, gracia y santidad, rectitud y pureza. Hay un vigor que no se extingue en el corazón de nuestro Dios. ¡Está listo, dispuesto y es hábil para tomar su rol de Rey, de Novio, de Vengador de las almas, de Redentor!
  5. Los pies eran como bronce pulido refinado en un horno: El bronze, metal sagrado en el templo, servía de base en las cuatro esquinas. Sostenía el lugar de adoración y de sacrificio. Los hermosos pies de Cristo son bronce, que soportan el verdadero templo, el sacrificio, el centro del culto a Dios. No sólo eso, sino que está refinado en el horno, significa que están calentados por fuego. Arden; listos para aplastar al enemigo. La destrucción de su oponente vendrá por los pies de Cristo que le aplastan hasta que ya no será más.
  6. Su voz tronaba como potentes olas del mar: Su voz no tiene comparación. Su autoridad es tal, que opaca y calla cualquier otra autoridad o supuesta autoridad. Como olas del mar que rompen su trayectoria contra la roca de la orilla, ensordeciendo a quien escucha. Sonido potente que no te permite escuchar nada más. Similar a un toque de trompeta que despierta los sentidos y te pone en alerta. Su voz no es tenue, no es débil, no flaquea ni se esconde. Su Palabra es contundente, precisa, exacta y perfecta.
  7. Tenía siete estrellas en la mano derecha: Las estrellas son los siete ángeles de las Iglesias. Su soberanía y control están por encima de las huestes celestes. Por encima de la planificación del Pastor de las iglesias. Están en su mano diestra de poder. No se escapan de su dirección. El está en completo control y dominio. El Dios creador del Universo no ha perdido el poder. Los ángeles le obedecen en adoración profunda, ¡mientras se cubren los ojos en presencia del Rey!
  8. Una espada aguda de doble filo salía de su boca: De su boca sale la Palabra de Dios, pues Él es Dios. La autoridad de las Escrituras provienen de la boca de Él. Es de doble filo, por lo que corta, pero también sana. Corta al malvado para destrucción, pero opera en sus hijos para Salvación. El envía su Palabra a hacer los propósitos exactos para la cual la envió. De regreso, vienen los frutos de esa Palabra, que no regresa vacía a Él.
  9. La cara era semejante al sol: ¿Quién podrá mirar directamente al sol sin perder la vista? El lumbrero más potente y hermoso que tenemos cerca, nos muestra la potencia que es el rostro de nuestro Dios. Ante Cristo, caemos de rodillas a adorarle en sujeción o en terror. No hay luz más potente ni hermosa, que la santidad que irradia su semblante. ¡Cristo es la Luz del Universo y no hay semejante!

Es con este concepto correcto en mente que podemos preparar el trono de nuestros corazones para que el Rey de Gloria se siente en Él y comande nuestras vidas. Si entendemos correctamente Quién fue que nos salvó, Quién es que nos limpia, Quién es que nos ama…

    1. La sujeción a Él debería ser más sencilla. Podemos dar las riendas de nuestros planes ante el Dios que camina entre los candelabros.
    2. Podemos confiar nuestras situaciones a Él cuyos pies aplastan al enemigo.
    3. Descansamos en su clara visión y sabiduría ante nuestro caos, porque Él es el Anciano de Días, cuya mirada es de llamas de fuego.
    4. Sabemos que su Palabra es certera y aunque nos incomode la cortadura que hace en nuestro corazón, lo que hace es sacar lo que no quiere allí, para que trabajemos con ello.

      Hebreos 4:12 NTV
      12 Pues la palabra de Dios es viva y poderosa. Es más cortante que cualquier espada de dos filos; penetra entre el alma y el espíritu, entre la articulación y la médula del hueso. Deja al descubierto nuestros pensamientos y deseos más íntimos.

  • Ante la frialdad de nuestros miedos y temores, podemos contar con su rostro que brinda calor y sostén. Traerá luz a nuestra vida, sacará fuera toda tiniebla y oscuridad.

Sólo ante estas convicciones, podremos confiar lo suficiente como para poder ganarle la batalla al mundo.

1 Juan 5: 5 NTV
“¿Y quién puede ganar esta batalla contra el mundo? Únicamente los que creen que Jesús es el Hijo de Dios.

Ese “creen” que Juan pone aquí es “Pisteuó”, que significa “poner la fe en…” y no es meramente asentir intelectualmente a una verdad. Conlleva una acción. Poner la fe en ese Cristo que Juan mismo nos describe en Apocalipsis.

Recordemos que Santiago nos enseñó en Santiago 2:14 que no sólo se confía intelectualmente en los mandatos y voluntad de Dios, sino que se pone por obra –hacemos– sus enseñanzas. Vivimos como Cristo vivió. Le imitamos y así producimos frutos. Esos frutos de nuestra fe nos darán la victoria que anhelamos contra el mundo.

El confiar en lo que me dice la Palabra lo suficiente como para ponerla en práctica, aunque y especialmente cuando no quiero. Cuando recordamos que Cristo ya venció al mundo (Juan 16:33) y ponemos en vigor su voluntad sobre nuestra vida, estaremos participando de esa victoria contra el mundo que ya Él ganó. Pero lo hacemos desde nuestra clara convicción de quién es Cristo.

Hoy quiero invitarte a vivir una vida de adoración al único Hijo de Dios: todopoderoso y suficiente. No hay sustitutos ni comparaciones.

Nuestro Dios no es un dios domesticado que sólo nos dice lo lindo que somos, sino que nuestro Dios nos dará la victoria sobre el mundo porque trabajará en nuestro carácter. Le dará forma correcta a nuestra naturaleza y nos dará unas vestimentas nuevas que nos identificarán con Él. Pero para eso, primero le recibimos tal como es: El Rey de Gloria.

Le obedecemos porque le creemos.

El mundo huirá del terror ante el Dios descrito en la Biblia. Pero nosotros a quienes Dios ha adoptado como hijos, le abrazamos con gozo tal como Él es. Ese es el Dios que queremos gobernando nuestras vidas. Es su presencia la que anhelamos en todas las áreas de nuestra vida.

Acerca de Rick Lipsett

Seguidor de Jesús, esposo, padre, pastor, escritor y conferenciante. Buscándole la 5ta pata al gato y luego cuestionando el "¿por qué?".
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